Revista Psicología

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Por Maje

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Adict@s al Sufrimiento
OSHO
: "…es muy feo el desear la simpatía de la gente; te convierte en un mendigo. Y recuerda, simpatía no es amor; para ellos es una obligación, están cumpliendo una clase de deber; eso no es amor".

Nuestro cuerpo físico tiene una correlación con nuestras emociones y pensamientos. Es como el hardware al software de las computadoras. Procesa y expresa todo (por eso es tan rápido y simple hacer una terapia que involucre lo corporal además de las otras instancias). Entonces, a cada emoción y pensamiento les corresponden ciertos neuropéptidos. Desde el comienzo de nuestra vida, hemos llevado a cabo una determinada “preferencia” por algunos, debido a las condiciones imperantes durante nuestro nacimiento y posterior desarrollo. Padres poco contenedores o entornos traumáticos han disparado ciertas conductas reforzadas por la constante liberación de ciertos neutrotransmisores asociados al miedo, la inseguridad, el dolor, la ansiedad, el desaliento, etc.
De esta manera, hemos conformado nuestra vida, creyendo que así somos. ¿Por qué seguimos introduciéndonos en las mismas clases de relaciones, teniendo las mismas clases de discusiones, encontrando las mismas clases de jefes? Según el neurobiólogo Candace Pert, cuando los sitios del receptor son repetidamente bombardeados con péptidos, se ponen menos sensitivos y requieren que más péptidos sean estimulados. Los receptores realmente comienzan a desear ardientemente los neuropéptidos que son diseñados para recibir. En este sentido, nuestros cuerpos son muy adictos a los estados emocionales. Cuando nosotros hemos repetido experiencias que generan la misma respuesta emocional, nuestros cuerpos desarrollarán un apetito para estos tipos de experiencias. Como los adictos, extraeremos experiencias hacia nosotros que nos dan eso que requerimos.
¿Cuál es la buena noticia? Podemos cambiar porque los nodos en una red de nervios son intrínsecamente flexibles y regenerativos, así que es posible hacerlo introduciendo otros “apetitos”. ¿Cuáles? Así como nos alimentamos de pensar (y luego, por supuesto, crear) ambientes y situaciones estresantes, sufridos, complicados, incluso catastróficos, tenemos que comenzar a imaginar actitudes, personas, circunstancias que nos gratifiquen y saquen lo mejor de nosotros.
¿Sirven los “pensamientos positivos”? Hasta ahí. Tener una enorme bola de mentalidad y emociones negativas y dolorosas y querer taparlas con un barniz de positividad no soluciona nada. Lo oculto siempre explotará en algún momento. Es necesario tener una conciencia continua de lo que nos sucede para darnos cuenta de adónde se encuentra lo que nos hace daño, comprenderlo, aceptarlo y liberarlo para fundar, en su lugar, otra actitud que nos genere plenitud y alegría.
Tristemente, como humanidad, hemos hecho un culto del sufrimiento y somos todos adictos a él. Hasta ahora, hemos necesitado caer al pozo más profundo o tener experiencias muy traumáticas para finalmente “despertar” a las múltiples posibilidades que tenemos como seres humanos divinos. Mientras tanto, seguimos cayendo una y otra vez en los caminos conocidos del ego, consolidados por nuestra química cerebral.
Si piensas que ya estás harto de sufrir, ¡adelante! Usa el inmenso potencial que traes, sacude tu cuerpo, invita a otros neuropéptidos a la fiesta y comienza a disfrutar de este hermoso planeta y de todos los dones que te han sido dados.
  • El universo llama nuestra atención con ligeros codazos. Si los pasamos por alto, entonces utilizará un martillo.
  • El crecimiento es más doloroso cuando nos resistimos a crecer.
  • Todo aquello en lo que te concentras... crece. Así que, ¡piensa en lo que quieres!
  • Para que el mundo te trate bien, tú debes tratarte bien. ¿Cómo podrías sentirte dueño del mundo si tus zapatos tienen agujeros?

Fuente: ABRAZAR la VIDA
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Te has preguntado alguna vez... ¿que me pasa que me siento tan bien?... sucede que culturalmente no hay nada mas descepcionante que una sucesion de dias hermosos. Jamas he llegado a una reunion y me he encontrado a las personas discutiendo quien está más alegre...al contrario, cuando alguien manifiesta una pena, cada quien intenta expresar una pena aun mas grande.
"Para merecer hay que sufrir" al menos eso piensan quienes sufren la vida en vez de vivirla. Aunque el sufrimiento es inherente al ser humano ante las perdidas, las enfermedades o los conflictos emocionales, experimentarlo es distinto a hacer de él un modo de vida.
El sufrimiento es la manera en que una persona enfrenta el dolor fisico o emocional, pero la adiccion al mismo es sufrir por sufrir, es la única forma de vida que el adicto conoce.
La adiccion al dolor surge de diferentes maneras, en la familia, en la enfermedad, por el entorno, el aprendizaje social, la ciudad en que se vive o incluso en la época de la vida que se atraviesa.
El aspecto familiar es determinante, aprendemos a vivir el dolor de determinada manera por imitacion y por ideologia tambien. Deberiamos poder valorar a alguien por que vivió algo, no por que lo tuvo que sufrir.
La cultura judeocristiana valora mucho el sufrimiento, todos los personajes de la biblia sufren persecuciones, sacrificios y penurias.
... el sufrido desea ser humillado para expirar sus culpas, se autocastiga por la necesidad que se tiene de ser aceptado y por la creencia patologica de que solamente se puede merecer sufriendo, lo que es un error...
Tambien se ve que a traves del sufrimiento se consiguen ganancias, no nesesariamente las personas lo hacen consientemente, por que ya es una costumbre, abusan de su enfermedad, de su condicion laboral, familiar, viven a través del sufrimiento, incluso tienen un lenguaje verbal y no verbal que los delata.
UN ADICTO AL SUFRIMIENTO SE CONDUCE DE FORMA ENFERMIZA Y NEGATIVA, LO QUE LO LIMITA TODA SU VIDA.
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ADICCIÓN al SUFRIMIENTO


Adict@s al Sufrimiento

Aunque parezca difícil de creer, muchas personas son adictas al sufrimiento. Es decir, eligen al sufrimiento como forma de vida y lo hacen un hábito al que no pueden controlar. Lo han experimentado desde la infancia o por muchos años y están tan acostumbradas que a veces no se dan cuenta que tienen alternativas diferentes en sus vidas. Cuando aparecen oportunidades de felicidad, hacen cosas consciente o inconscientemente para boicotearse, para que las cosas no salgan bien. Viven resignadas, convencidas que el sufrimiento es la única forma de vivir sus vidas y lo eligen en vez de elegir paz interior y bienestar general cuando aparece la oportunidad.
Quizás tú conozcas a alguien con estas características. Un familiar, un amigo, un vecino, o un colega. Quizás te estés dando cuenta que tú también eres adicto al sufrimiento y no te habías dado cuenta hasta ahora. La buena noticia es que hay formas de salirse de la adicción al sufrimiento. El primer paso, como en toda adicción, consiste en que la persona lo reconozca y quiera hacer algo al respecto. Si la persona no quiere o no puede aceptar que en realidad está eligiendo el sufrimiento como forma de vida, es muy difícil que sea posible una transformación. La cotidiana elección termina por hacerla transparente, como el agua para el pez. Así, la persona que ha integrado el sufrimiento como parte rutinaria de su vida, ya no la ve, ya no elige, este sentir ha pasado a ser su “agua”, el medio ambiente natural en el que vive y se desplaza. Lo experimentan pero no lo ven como una elección.
Y si bien es verdad que hay muchas cosas que no podemos cambiar, hay cosas que sí. Hay variables que no están bajo nuestro control. El pasado no lo podemos cambiar, que cierta gente actúe de determinada manera o tenga ciertas creencias quizás no pueda cambiarse, pero nuestras elecciones son nuestras. Una cosa es sufrir como resultado de una pérdida reciente y otra cosa es vivir sufriendo por años. Dentro de todo lo que nos pasa siempre hay un umbral de elección. Una vez que la persona acepta que es adicta al sufrimiento, que puede elegir vivir de una manera diferente y está dispuesta a tomar acción, el segundo paso es buscar ayuda. Puede ser de un amigo, un profesional, grupos de apoyo en agencias, talleres, libros de autoayuda, lecturas del Internet. Lugares dónde pueda recibir orientación y clarificar qué le llevó a elegir el sufrimiento y le permitan desarrollar estrategias apropiadas para dejarlo atrás.
Es muy difícil hacer este proceso solo, sin ayuda. Como todas las adicciones, es necesario una fuente de apoyo exterior que le recuerde a la persona que es valiosa y le aliente cuando se sienta desalentado o frustrado. Las estrategias para lidiar con el excesivo apego al sufrimiento pueden tener diferentes formas, pero el diálogo interno es una de las más importantes. Poder reconocer cómo nosotros somos nuestros peores enemigos y detener pensamientos negativos y autodestructivos puede ser clave en este proceso. Explorar alternativas con otras personas y descubrir nuevas posibilidades opuestas al sufrimiento que permitan alcanzar paz interior, mayor amor a sí mismo y a los demás y bienestar general podrían hacer una gran diferencia en este proceso.
Por Damián Goldvarg, Ph.D.

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