Revista Cine

Akira - 1988

Publicado el 16 noviembre 2019 por Jimmy Fdz
Akira - 1988
Director: Katsuhiro Otomo
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Muy buen, damas y caballeros, los políticos llegaron a un acuerdo, ya podemos soltar las calles y olvidarnos de todo, así la efervescencia se va, todo vuelve a ser como antes y flor de país: ideal. Mientras los políticos se abrazaban felices y sonreían para la foto, sin embargo, esa población de la que les hablé continúa estando prácticamente sitiada por los asesinos vestidos de verde, personas siguen perdiendo ojos, siendo golpeadas. Un joven asmático murió en Plaza Dignidad (la misma en donde, en la mañana, cierta gente fue a poner lienzos blancos con la palabra, ejem, "paz") porque los asesinos de verde lanzaban y lanzaban lacrimógenas (que están más tóxicas que nunca) e incluso atacaban a los paramédicos y a las ambulancias que llegaban a atenderlo (lo cual está definido como un crimen de guerra, pero a esas bestias no les importa... Radu Jude hizo hace poco una película titulada "I Do Not Care If We Go Down in History as Barbarians", título que refleja a la perfección la conducta de esos seres sin pizca de alma ni humanidad, esos tipos de verdad piensan que pueden hacer lo que quieran a pesar de todos los medios que registran, en primera línea, cómo violan y violan Derechos Humanos), impidiendo su recuperación, así las cosas, provocando su muerte, otra más. Claro que nos vamos a calmar, claro que vamos a soltar las calles.
Supongo que no es casualidad que el Cine Arte Normandie haya programado "Akira" (película que iban a dar el martes en la noche, en cuyo caso no habría ido, porque no es cosa de encontrarte con unos pacos criminales y ser arrestado y golpeado y hasta mutilado por, digamos, caminar, respirar, usar zapatillas o jeans), película curiosamente situada en un año 2019, en la ciudad de Neo Tokyo, ciudad de protestas y manifestaciones, de policías y militares reprimiendo, de políticos fraguando estupideces dentro de sus cuatro paredes. A todo esto, ya había visto "Akira", pero recordaba muy poco: recordaba que no me había gustado tanto, considerando el culto que tiene; recordaba algunas imágenes, los niños viejos, pero sobre todo el festival de explosiones del tramo final, festival que me hizo pensar "a lo mejor por eso los gringos quieren hacer un remake" (el cual sigue en nada). Pues bien, la he vuelto a ver, en una pantalla grande. La sensación es más o menos similar a la que tuve tanto años atrás (casi diez años, vaya vaya), pero me he ido más satisfecho, seguramente gracias a la potente y soberbia animación, que brilla tanto en las secuencias más alocadas y estilizadas como en otras, algo más quietas y serenas, de improbable aunque cierto halo poético. No he entendido mucho qué o quién demonios era el tal Akira, y todo este componente místico o trascendental del argumento la verdad es que bien poco me interesaba, pero la película se logra sostener, aunque sea raro que lo venga a decir yo, por su poderío visual, por ese festival de explosiones (porque escuchar a la muchacha hablar sobre la energía de las amebas, estoy seguro, nos dejó a todos en la sala con la misma cara de "esta mierda no tiene ningún puto sentido" que pone Kaneda, el protagonista de la historia, el protagonista que no se llama Akira). Listo, está dicho. Lo que sí, "Akira" es mucho, mucho mejor película en su primer tramo, cuando es algo más realista, con todo el asunto del caos social, de la guerra de pandillas, de ese clima como de nihilismo o salvajismo vital (¿ah?), de los bares inmundos, del peligro a flor de piel, de esas hermosas panorámicas de una ciudad que sobrevive al borde del colapso, de una ciudad teñida de luces y cubierta de polvo, de basura, de vidrios rotos. Luego, claro, está el rollo militar, los secretos confidenciales, los poderes mentales, el boom boom a diestra y siniestra y metafísica cósmica (o lo que sea) de cuarta, que seguramente dejó gran impacto en el Luc Besson que luego dirigiría "Lucy".
Con todo, disfruté de este espectáculo de inicio a fin, como un muchachito, y salí con la sensación, constante y rotunda, de "pero qué tremenda película". Y por ahora diremos que es más importante el cómo uno se siente durante y al finalizar la película, cuando estás verdaderamente "ahí", que cualquier tipo de sensación que surja, digamos, horas después sentado en frente a mi computador. Desde luego, hay películas de las que sigues pensando "pero qué tremenda película" horas, días, semanas y hasta años después, pero eso es otra historia y por ahora no seremos exigentes (la exigencia la destinaremos a determinadas sabandijas y cucarachas). Porque sólo en animación uno puede creerse que un adolescente haga, bueno, todo lo que hace Kaneda, ¿o no?
Akira - 1988

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