
Dominaba el Barça, que también padecía ante el único jugador con permiso del Chelsea para estar fuera de su área, Drogba, que exigía lo máximo a los centrales y que se desesperó ante el gol inicial de Busquets a centro desde la izquierda de Cuenca. Un tanto que puso muy nervioso a Terry, que un par de minutos después se autoexpulsaría dándole un rodillazo a la altura de las lumbares a Alexis, que fue quien inició la jugada que selló Iniesta con un toque delicioso: 2-0 en el 42. Un resultado que metía al Barça en la final de Múnich.
Pero en una contra bien buscada por Lampard Ramires superó de vaselina a Valdés a los 47 segundos del descuento y antes del descanso el Barça estaba de nuevo obligado a marcar otro gol ante un rival que le iba a esperar con uñas, garras y dientes desde su portería. Messi acabó encontrando la jugada que no requería de combinaciones de billar entre tantos defensas: un penalti, el que cometió Drogba sobre Cesc. Al argentino le faltó la puntería y tanto a él como a su equipo les costó asumir esa tragedia, mientras el Chelsea, cómodo, todavía pudo marcar por medio del propio Drogba, que lo intentó desde el medio campo, cuando ya ejercía de lateral derecho. Todo un ejemplo de competitividad a sus 34 años. El Barça supo volver a crear oportunidades en el tramo final, cuando le sucedió de todo: remate alto de Busquets, gol anulado a Alexis por fuera de juego e incluso otro palo de Messi en un tiro lejano. Incluso Mascherano se animó a lanzar sin suerte. No había manera y cuando se cumplían 49 segundos del descuento Fernando Torres recogió una asistencia lejana para recortar a Valdés. Marcar y abrir los brazos de tranquilidad y felicidad. El Chelsea marcaba su tercer gol de la eliminatoria en su cuarta ocasión de verdad ante un Barça conmovido por la suerte de Messi, que continúa sin poder marcarle ni un gol al conjunto inglés. Un rival al que Guardiola nunca ha conseguido ganar como entrenador. Pero el legado del técnico y del equipo va mucho más allá de esta decepción: el Camp Nou aplaudió a los suyos como si hubiesen ganado. Cambiar la dinámica de un estadio también es un éxito y también es una apuesta por un futuro que parece seguir vinculado a Guardiola, que confirmó que la reunión sobre su renovación es inminente.
