Revista Baloncesto

Al Barça le conmueve la suerte de Messi

Publicado el 24 abril 2012 por Toni_delgado @ToniDelgadoG

Al Barça le conmueve la suerte de Messi


Ivanovic, pillo, entendiendo que iba a ser el momento clave del partido y de la eliminatoria, se dirigió  al punto de penalti y removió el césped con los tacos cuanto pudo. El central del Chelsea se ganó la amarilla, pero logró su propósito: alargar el lanzamiento y el sufrimiento de quien iba a lanzarlo. Messi quiso lanzarlo tan ajustado arriba que el balón rebotó en el travesaño y el argentino, que ya había fallado otros dos durante el curso, se quedó sin respuesta a su suerte, mientras que a su Barça le conmovió ver con esa cara a su estrella. Messi es como un niño y el equipo lo acoge con un instinto paternal. Resultó una decepción familiar en una noche en la que todos acabaron encogidos, 78 horas después de despedirse de la Liga en el Bernabéu. 24 después de la diada Sant Jordi en el Camp Nou se escenificó una novela con un desarrollo previsible –un Chelsea con espíritu de fontanero que se protegía atrás– y un final cruel para el actual de la Champions, que de ponerse 2-0 tras la expulsión de Terry pasó a ver cómo su rival le empataba a dos en el descuento de la primera y de la segunda parte, como ya le había sucedido en Stamford Bridge como el gol de Drogba. Los azulgrana se despidieron desconsolados, pero orgullosos de no perder su esencia, de la final de Múnich.

El partido parecía una balanza. Las circunstancias se compensaban en un lado y en otro. Si  Cahill, omnipresente en la ida en Londres, tuvo que retirarse al banquillo por problemas físicos, Piqué tuvo que irse al hospital tras un golpazo con Valdés y fue sustituido por Alves. 

Dominaba el Barça, que también padecía ante el único jugador con permiso del Chelsea para estar fuera de su área, Drogba, que exigía lo máximo a los centrales y que se desesperó ante el gol inicial de Busquets a centro desde la izquierda de Cuenca. Un tanto que puso muy nervioso a Terry, que un par de minutos después se autoexpulsaría dándole un rodillazo a la altura de las lumbares a Alexis, que fue quien inició la jugada que selló Iniesta con un toque delicioso: 2-0 en el 42. Un resultado que metía al Barça en la final de Múnich.

Pero en una contra bien buscada por Lampard Ramires superó de vaselina a Valdés a los 47 segundos del descuento y antes del descanso el Barça estaba de nuevo obligado a marcar otro gol ante un rival que le iba a esperar con uñas, garras y dientes desde su portería. Messi acabó encontrando la jugada que no requería de combinaciones de billar entre tantos defensas: un penalti, el que cometió Drogba sobre Cesc. Al argentino le faltó la puntería y tanto a él como a su equipo les costó asumir esa tragedia, mientras el Chelsea, cómodo, todavía pudo marcar por medio del propio Drogba, que lo intentó desde el medio campo, cuando ya ejercía de lateral derecho. Todo un ejemplo de competitividad a sus 34 años. El Barça supo volver a crear oportunidades en el tramo final, cuando le sucedió de todo: remate alto de Busquets, gol anulado a Alexis por fuera de juego e incluso otro palo de Messi en un tiro lejano. Incluso Mascherano se animó a lanzar sin suerte. No había manera y cuando se cumplían 49 segundos del descuento Fernando Torres recogió una asistencia lejana para recortar a Valdés. Marcar y abrir los brazos de tranquilidad y felicidad. El Chelsea marcaba su tercer gol de la eliminatoria en su cuarta ocasión de verdad ante un Barça conmovido por la suerte de Messi, que continúa sin poder marcarle ni un gol al conjunto inglés. Un rival al que Guardiola nunca ha conseguido ganar como entrenador. Pero el legado del técnico y del equipo va mucho más allá de esta decepción: el Camp Nou aplaudió a los suyos como si hubiesen ganado. Cambiar la dinámica de un estadio también es un éxito y también es una apuesta por un futuro que parece seguir vinculado a Guardiola, que confirmó que la reunión sobre su renovación es inminente.    

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