Revista Cultura y Ocio

Alejandro Llano sobre el sentido de la Universidad: "volvamos a las personas, origen y meta de toda innovación"

Publicado el 31 octubre 2011 por Noblejas

A_llano

He tenido ocasión de felicitar a Alejandro Llano por haber recibido la Medalla de Oro de la Universidad de Navarra, y por las palabras pronunciadas en esta ocasión (descargar su discurso .pdf).

También he tenido oportunidad de volver a hablar con él acerca de la Universidad en general, de la situación en que hoy se encuentra en Europa (los "planes Bolonia", etc.) y en otros lugares, y también de los asuntos que conviene recordar como razón de ser de la existencia de esta institución y por tanto de su reforma.

Hace unos meses, Alejandro fue invitado a elaborar una razonada conferencia (La Universidad y el tiempo) sobre el estado de esta cuestión, en la que -a mi entender- sobre todo insiste en recordar que lo relevante para la Universidad es tener presente qué tipo de personas importa que salgan de sus aulas. Bien pudiera ser ésta la razón, dicha con sus palabras:

  ... Sólo las personas son capaces de generar novedades, cuya fuente es siempre la vida del espíritu. De ahí que el esquema organizativo de las Universidades deba estar al servicio de las personas, y no a la inversa. Las estructuras y los procedimientos son costes que se debe tratar de minimizar, para poder invertir más en recursos encaminados a la docencia y a la investigación.

  Volvamos a las personas, de donde toda innovación surge y a donde toda innovación retorna. Procuremos facilitarles sosiego, tiempo, motivación y medios, para que se pongan a pensar, para que se paren a pensar, para que no se atengan cansinamente a las cosas tal como les vienen dadas, para que no se agosten en la banalidad de los estereotipos, sino que consideren otros mundos posibles y miren la realidad desde perspectivas inéditas...

Como se ve, el título de esta nota no recoge las palabras literales de Alejandro Llano, aunque sí su sentido. Otro modo de abundar en lo mismo:

... El ser humano es el protagonista de la innovación. Y la principal capacidad humana de inauguración no se refiere a productos ajenos a él. La creatividad de la persona apunta a la persona misma, a su proyecto de ser, que es para Heidegger más propiamente humano que el ser que ya se es. La mujer y el hombre utilizan su potencialidad de innovación para recrear su propio ser. El acto creativo se refiera primordialmente al propio y personal proyecto de ser.

  El futuro no se puede diseñar de antemano: hay que vislumbrarlo y, en cierto modo, inventarlo. No queramos reducir la vida de una Universidad a sus registros, actas, documentos, evaluaciones, presupuestos, o comunicaciones internas y externas. Una de las grandes rémoras de muchas Universidades actuales es el gigantismo de su burocracia y el desbordado protagonismo de los gestores y administradores, frente a la marginación de los profesores y el forzado infantilismo de los estudiantes.

  La vinculación de la Universidad con lo nuevo no es un lugar común de la retórica de la innovación, que constituye un conglomerado de tópicos del mercado empresarial, tecnológico y político de nuestros días. Se trata de una especie de “relación trascendental”, de una referencia que se sigue de la esencia misma de los Estudios Superiores.

  Porque la razón de ser y el núcleo más íntimo de la Universidad es la adquisición y transmisión del conocimiento teórico y práctico. Pues bien, si algo ha dejado establecido la mejor filosofía clásica y contemporánea es que el saber no consiste en un simple cambio sino en una novedad pura. Llegar a conocer no es un movimiento ni una producción: no es kínesis ni poíesis: es operación neta, acción perfecta, praxis teleia. El conocer no es resultado. Es emergencia pura. No es un final. En sí mismo se encuentra el fin[1]. El saber constituye un valor añadido neto. Es escueto crecimiento. Representa un avance, pero no hacia alguna cosa distinta de quien conoce, sino hacia el propio cognoscente[2]...

 A la Universidad le sobra organización, le falta vida:

... Ahora bien,  a la Universidad actual lo que le sobra es organización. Lo que le falta es vida. Lo decisivo no es el modelo académico, ni el contexto político, ni siquiera los recursos económicos de que disponga.

  No hemos de cuestionarnos qué Universidad queremos, sino qué –o, mejor, quién- es el ser humano que en ella hemos de desarrollar y perfeccionar. Este planteamiento, centrado en la persona, presenta una mayor radicalidad que poner la atención en los planes de estudio, en las nuevas carreras, o en los sistemas para regular la vida académica. Porque el concepto que se tenga de la persona humana es el factor decisivo de toda reforma universitaria...

 Reformar la Universidad:

Reformar la Universidad es renovar aquello que Karl Jaspers llamó esa fuerza espiritual básica, sin la cual serían inútiles –perjudiciales incluso- todas las posibles reformas de la Universidad.

   El olvido de esta vitalidad espiritual está en buena parte motivado por el creciente abandono de las humanidades en todos los niveles de la educación, y especialmente en la Universidad. Como ha dicho Martha Nussbaum en su reciente libro Sin fines de lucro[3], “estamos en medio de una crisis de proporciones gigantescas y de enorme gravedad a nivel mundial. No me refiero a la crisis económica que comenzó a principios del año 2008. (…) En realidad me refiero a una crisis que pasa prácticamente inadvertida, como un cáncer. Me refiero a una crisis que, con el tiempo, puede llegar a ser mucho más perjudicial para el futuro (…): la crisis mundial en materia de educación (…).

  En casi todas las naciones del mundo se están erradicando las materias y las carreras relacionadas con el arte y las humanidades, tanto a nivel primario y secundario, como a nivel (...) universitario. Concebidas como ornamentos inútiles por quienes definen las políticas estatales en un momento en el que las naciones deben eliminar todo lo que no tenga utilidad para ser competitivas en el mercado global, estas materias y carreras pierden terreno a gran velocidad, tanto en los programas curriculares como en la mente y en el corazón de padres e hijos”.

 La desgracia de las universidades:

El profesor estadounidense Anthony Grafton ha escrito hace poco acerca de La desgracia de las universidades británicas, en términos como éstos: “La búsqueda de la rentabilidad inmediata, la adopción de un lenguaje a medio camino del marketing y la autoayuda, y un cierto desdén por las humanidades, han puesto en la cuerda floja una de las grandes instituciones culturales del mundo: las universidades del Reino Unido”.

Interdisciplinariedad y trabajo en equipo:

... La interdisciplinariedad es hoy el camino que se abre hacia lo nuevo. Atrincherarse frente a ella equivale a resistirse al cambio, alegando por ejemplo la solera de una asignatura o la importancia de un departamento. Argumentos que se vuelven contra quien los formula, porque denuncian un largo inmovilismo con el que ya es hora de acabar. Como la historia de la ciencia muestra claramente, lo único que se logra con esas actitudes cazurras es retrasar unos planteamientos renovados que acaban imponiéndose por su propio peso...

... En las organizaciones conviene, no que unos dirijan y otros operen, sino que todos dirijan y operen a su nivel, como propuso Carlos Llano. En la sociedad dialógica ni la formación ni la indagación quedan encerradas en un coto inaccesible. Todos han de aprender constantemente, y todos investigan en su propio lugar y a su nivel. Lo que la Universidad aporta a este panorama de la difusión del conocimiento es justamente la función de síntesis, la posibilidad de unificar lo disperso...

... El trabajo en equipo es la mejor terapia contra el egoísmo, que constituye un obstáculo imponente contra el progreso. La persona sola no se desarrolla, por altas que sean las metas que consiga (y no serán muy altas si las consigue sola). El trabajo solidario siempre ha sido –y hoy más que nunca- condición imprescindible para conseguir los objetivos docentes e investigadores que la Universidad se propone.

Colaboración vs. competitividad; solidaridad global; fecundidad:

... La actitud básica de una buena Escuela Superior no es la de la competitividad, ni siquiera en la forma infantil de “competir” con otras Universidades, buscando encontrar en los rankings nacionales o internacionales el reflejo de una calidad que, en rigor, no se puede cuantificar. Más que la competitividad, lo que debería primar en la relación entre Universidades es la actitud de colaboración, ya que el propósito de todas ellas ha de ser el servicio a la sociedad, y especialmente en aquellos sectores a los que no alcanzan los intereses del poder y del dinero que rigen las transacciones del Estado y del mercado...

... A los universitarios –sobre todo si trabajamos en una institución inspirada por el cristianismo- no nos está permitido observar pasivamente cómo las ventajas que lleva consigo la globalización quedan reservadas a menos de una quinta parte de la población mundial, mientras que el resto permanece estancado en niveles de vida muy bajos, al tiempo que se amplía la distancia entre los más pobres y los poderosos de la tierra. La actual crisis económica ha puesto de relieve la incapacidad y la insolidaridad de quienes se consideran a sí mismos como los más sabios y eficaces para proponer soluciones a unos problemas que ellos mismos han contribuido a crear...

... La apuesta incondicionada por la eficacia genera una espantosa esterilidad. La apuesta por la fecundidad, en cambio, presupone un suelo fértil, una cultura, un cuidado, un cultivo del espíritu, como condición imprescindible para la generación y el crecimiento.

  Por eso, la mentira primordial del pragmatismo materialista, hoy hegemónico, consiste en orientar la esperanza –decaída a superficial optimismo- en la línea de la eficacia y desarraigarla de los enclaves de la fecundidad.

  En cambio, el fomento del amor a la sabiduría, la primacía del factor humano –del humanismo incluso- en las organizaciones, y la promoción de una imagen digna y libre del hombre, constituyen hoy lo que podríamos llamar preámbulos de la esperanza....

Son éstas unas notas a mi entender relevantes del texto de Alejandro Llano. Quienes deseen leerlo en su integridad, conscientes de que lo que aquí se publica es una redacción inicial -disponible gracias a la generosidad de su autor- pueden descargarlo aquí en .pdf


[1] ARISTÓTELES: Metafísica, IX, 6, 1048 b 18-35; cfr. Ética a Nicómaco, VI, 2. 1139 b 3-4. Vid. ACKRILL, J. L.: “Arstotle’s Distinction between Enérgeia and Kínesis”. En: Essays on Plato and Aristotle. Oxford, Clarendon, 1997, pp. 142-144.

[2] ARISTÓTELES, Acerca del alma, II, 417 b 6-8.

[3] NUSSBAUM, M. C.: Sin fines de lucro. Madrid, Katz, 2010, pp. 20-21.


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