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Alfonso Reyes. La experiencia literaria

Publicado el 13 enero 2010 por Santosdominguez
Alfonso Reyes. La experiencia literaria
Alfonso Reyes.
La experiencia literaria y otros ensayos.
Selección y prólogo de Jordi Gracia.
Fundación Banco de Santander.
Colección Obra Fundamental. Madrid, 2009.
Este año que termina se cumplen cincuenta años de la muerte de Alfonso Reyes (México, 1889-1959). Borges, que mantuvo con él una relación contradictoria, lo llamó ser absurdo, pero también lo consideraba el mejor prosista de la lengua española, sin excluir a los clásicos.
Probablemente exageraba las dos veces, pero es innegable la importancia de Alfonso Reyes en la modernización literaria y cultural de Hispanoamérica. Y a poner en primer plano su figura y su obra se destina la edición que ha preparado Jordi Gracia de La experiencia literaria y otros ensayos en la colección Obra Fundamental de la Fundación Banco de Santander.
Escribió una obra ingente que, sin su epistolario ni su diario, abarca más de doscientos libros recopilados en veintiséis volúmenes de Obras completas. Naturalmente, no todo es mayor en una obra tan amplia que trata de todo, se desenvuelve en todos los géneros y habla con la misma cercanía de la Grecia clásica, de la América precolombina o del Madrid novecentista. Una obra que va de la narrativa a la poesía y pasa por la crítica literaria con una nota común que es la naturalidad. Ese era el rasgo que destacaba José Emilio Pacheco cuando hablaba de la prosa en movimiento de Alfonso Reyes.
Una prosa que alcanzaba una cima asombrosa en 1915 con su Visión de Anáhuac, una síntesis de ensayo y poesía, de capacidad visionaria y descriptiva encauzada en un estilo que puso a la lengua española en uno de sus momentos más altos.
De ese libro tomó el título de La región más transparente Carlos Fuentes, que explicaba que una de las aportaciones fundamentales de la obra de Alfonso Reyes consistía en demostrar “que la tradición intelectual del mundo entero era nuestra por derecho propio y que la literatura mexicana era importante por ser literatura y no por ser mexicana.”
De la génesis y la recepción de su obra habla en el prólogo Jordi Gracia, que propone en este volumen una selección representativa de la fuerza estilística de Reyes y de su potencia intelectual: cartas, fragmentos de memorias, muestras de libros descriptivos y evocadores como Cartones de Madrid, algunos de los relatos vanguardistas de Huelga y Calendario o una selección de La experiencia literaria y El deslinde, un texto en que Reyes desarrolla por primera vez en un autor de lengua española una filosofía de la literatura.
Alfonso Reyes se convierte en estos textos en cronista de la vida literaria de los años veinte en Madrid, con retratos de escritores (Juan Ramón, Azorín, Valle, Ortega, Gómez de la Serna) o una evocación de la Residencia de Estudiantes en unas páginas en que conviven Virgilio, el Arcipreste y Mallarmé con Garcilaso y con el espléndido análisis de las jitanjáforas, que desde su publicación se ha convertido en un texto de referencia.
Está aquí la doble lección del optimista y del humanista, la experiencia del lector feliz que fue Alfonso Reyes, que entendió el pensamiento no como una tarea solitaria, sino como una actividad que compartir con sus lectores.
Esa es una de las grandes aportaciones de Alfonso Reyes a la teoría y la práctica literarias. La otra afecta a la prosa hispánica y equivale a lo que hizo Rubén Darío con el verso: fundir tradición y modernidad, clasicismo y vanguardia en una literatura nueva, de altísima calidad y de sólido rigor intelectual.
Este volumen ejemplar es una prueba irrefutable de ello.
Santos Domínguez

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