Revista Cultura y Ocio

Alicia Pérez Gil: Barro

Publicado el 30 septiembre 2017 por Libros Prohibidos @Librosprohibi2
Alicia Pérez Gil: Barro

Título completo: Barro. Post scriptum 1 Año: 2017
Editorial: Cerbero
Género: Novela corta
Valoración: Está bien

Sueños hechos de barro

Con esta reseña damos por cerrada la sección oficial de los Premios Guillermo de Baskerville 2017. A partir de ahora, nuestro equipo deliberará para escoger a los nominados que competirán ante los jueces por hacerse con los diferentes premios, dependiendo de las categorías en que queden encuadrados. Lo veremos la semana que viene con sorpresas. Estad atentos.

Vamos ahora con Barro, de Alicia Pérez Gil. Alicia -no la autora, sino la protagonista de la historia- es una joven de 22 años de vida despreocupada y trágica, como corresponde a la intensidad de alguien de su edad. Un día, en contra de la opinión de sus padres, decide ir a visitar a su hermana gemela, encerrada desde la adolescencia en un centro psiquiátrico. Ello les sirve de despedida, ya que Lucía, la hermana ingresada, muere al poco tiempo. Esto desembocará en un viaje alucinante de Alicia en su intento por recuperar las pocas pertenencias de su gemela.

Con un planteamiento que bien podría ser el de una historia de terror o un relato de juventud a lo El cuerpo (Cuenta conmigo) de Stephen King, Barro nos sumerge en las profundidades de la fantasía más onírica de un modo que nunca antes había visto. Con un truco propio de la más hábil de las prestidigitadoras, Alicia Pérez Gil entretiene al lector con un enternecedor grupo de alocados jóvenes para, de repente, cambiar de dimensión. Todavía no sé cómo lo ha hecho, pero hay un momento en el que ambos mundos, el nuestro y el del otro, el fantástico e inescrutable -muy a lo upside down de Stranger Things -, se solapan sin que la narración se resienta. Es más brutal aún cuando el narrador pasa de estar en primera persona a tercera y que no se note. Lo mejor es que luego lo vuelve a hacer para desandar el camino andado. Esto es de ovación.

Sin duda, estas transiciones tan complejas no podrían ser posibles sin el asombroso estilo embaucador y zalamero de la autora. Ella no se entretiene con complicadas figuras ni con imágenes demasiado complejas, sino que prefiere centrar la atención en ciertos momentos sin permitir que el ritmo se detenga. Hay pasajes de Barro que se disfrutan como un viaje en tren por los Alpes, mirando por la ventanilla sin decir nada.

Nos fuimos rápido, muy rápido. En lugar de seguir el camino de entrada nos internamos en el pinar. No demasiado, solo lo justo para que no se nos viese desde la carretera. Lo único que teníamos que hacer era llegar a la verja y seguirla hasta los arcos de entrada. Había algo de libro de aventuras en el modo en el que nos movíamos sobre el suelo mullido.

Alicia Pérez Gil: BarroDemasiado rato pataleando el vacío

¿Qué pega le encuentro yo a este viaje alucinante? Pues, por momentos, se vuelve demasiado críptico durante demasiado tiempo. El objetivo de la autora es jugar con la percepción del lector, tenerlo atento a sus sentidos mientras trata de comprender, en vano, qué está pasando en realidad. No se supone que tenga que estar claro lo que ocurre, pero como recurso se me ha hecho excesivo. Creo que la parte onírica tiene demasiada importancia y me da la sensación de que con bastante menos hubiera logrado el mismo efecto alucinante en el lector. No era necesario estar tanto rato dando palos de ciego ni pataleando en el vacío.

También es cierto que la autora se sirve del simbolismo para todo este trayecto. Podemos interpretar el viaje de Alicia como el mero efecto de alguna droga o como una alegoría del paso de la vida a la muerte -basándonos en esa leyenda urbana que dice que los gemelos son capaces de sentir lo que siente su hermano-. También hay menciones a los juguetes que las gemelas compartían de pequeñas y la alusión a la posibilidad de que una y otra se hubieran intercambiado de alguna forma o, más tenebroso todavía, que fueran la misma persona. Todo esto que aquí cuento son reflexiones a las que he llegado inspirado por la narración. A decir verdad, y no sin cierta vergüenza, he de reconocer que no tengo ni idea de lo que ocurre en ese lapso.

Dejó que las manos la trasladasen hasta un carruaje que, si bien nunca había visto, le resultaba de alguna manera familiar. Carecía de ruedas. El cubículo de color escarlata con los accesos ribeteados en oro flotaba varios centímetros por encima del suelo y delante de él la realidad parecía ondularse, como si una gran hoguera ardiese y el calor doblase y desdoblase el aire. Pero no había allí hoguera alguna.

Por todos estos motivos animo a los lectores a acercarse a Barro, a investigarlo y a dejarse mecer por la amorosa lírica de Alicia Pérez Gil. Me da a mí que no todo el mundo hará este viaje del mismo modo.

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