Revista Cultura y Ocio

Almas grises, de Philippe Claudel

Publicado el 19 octubre 2012 por Goizeder Lamariano Martín

Almas grises, de Philippe Claudel Título: Almas grises Autor: Philippe Claudel Editorial: Salamandra Año de publicación: 2005 Páginas: 222 ISBN: 8478889329 He leído este libro gracias a la reseña que Vero hizo en su blog La Entropía de Vero. Y de verdad que tengo que darle las gracias. Por haberme descubierto una obra intensa, entrañable, triste, deliciosa. Una obra que lo tiene todo y un autor con el que seguro repetiré pronto. Porque Philippe Claudel no escribe. No narra. No cuenta. Philippe Claudel recuerda, evoca, susurra. Nos envuelve con las palabras, nos hace sentir, reír, llorar, estremecernos, emocionarnos. Nos remueve la conciencia, la piel, el alma. El narrador de esta historia es un polícia que lleva veinte años obsesionado con una historia. O quizá sería mejor decir con varias historias. Las historias que ocurrieron en P., un pequeño pueblo de Francia en 1917, en plena I Guerra Mundial. Historias de guerra, de muerte, de dolor, de sufrimiento, de tristeza. Pero también historias de cariño, de amor, de pasión, de obsesión.
Una noche heladora del invierno de 1917 un “Caso” conmocionó a todo el pueblo y cambió para siempre la vida de muchas personas. Belle, una niña de diez años, la hija del propietario de un conocido restaurante de V., el pueblo de al lado, apareció muerta, estrangulada, en el canal. A partir de este suceso conoceros al juez Mierck y a su ayudante, el coronel Matziev. Dos hombres sin escrúpulos, repugnantes, odiosos. Ellos serán los encargados de encontrar al asesino con la ayuda del fiscal Destinat, un hombre viudo desde hace muchos años, solitario, silencioso, que vive en el Palacio junto a dos criados con los que apenas habla. Nadie sabe qué hace, qué piensa, qué siente. Sin embargo, aunque con este inicio pueda parecerlo, Almas grises no es una novela negra. Porque este suceso tan solo es el pretexto, la excusa, para que el autor nos hable de los personajes. De sus miedos, sus recuerdos, sus fantasmas, sus dudas. Para que los conozcamos a través de un retrato descarnado.  Porque nadie se libra de las dudas. Nadie sabe a ciencia cierta quién o quiénes son los culpables. Pero eso no impedirá a Mierck y Matziev señalar como culpables a dos desertores. ¿Qué ocurrió realmente? ¿Cuál es la verdad? ¿Cómo saber lo que pasó hace veinte años? Estas y otras muchas preguntas atormentarán al policía que nos narra la historia. Porque su vida también cambió para siempre aquella noche. Con emoción, con pudor, con tristeza, con melancolía, con rabia, con odio, con pasión, con dolor, con miedo. Así nos habla este narrador al mismo tiempo que nos hace darnos cuenta de que la realidad siempre es inesperada. Y de que nadie es inocente ni culpable, porque todos somos víctimas. Víctimas de la muerte, de la distancia, del paso del tiempo, de las obsesiones, de los fantasmas. Porque la de Belle no es la única muerte de esta novela. También está la muerte, hace muchos años, demasiados, de la mujer del fiscal Destinat. Y el suicidio de dos jóvenes. Y la muerte imprevista, injusta, solitaria y cruel de otra joven. Y la muerte de dos soldados. Muertes todas ellas relacionadas. Historias que a pesar del tiempo y la distancia se entrecruzan gracias al fino y sutil hilo de la muerte.  Muertes que tiñen todo de gris. De añoranza, de melancolía. De preguntas sin respuesta. Porque el gris es el tono dominante en esta historia. El gris de la nieve, del hielo, de la niebla, del frío, del duro y largo invierno de 1917. Un ambiente que envuelve el pueblo, a sus habitantes y a los lectores mientras leemos la novela. Un gris que nos arropa, que nos cautiva, que nos hechiza, que nos seduce, que nos fascina. También el gris de la guerra. De los uniformes de los soldados, los que marchan al frente y los que vuelven. Mutilados, destrozados, muertos, locos, amputados. El gris de la pólvora. El gris del humo de los cañones. El gris de las cenizas. Un gris que lo envuelve y lo cubre todo. Las casas, la intimidad, la cobardía, la hipocresía. El miedo, los anhelos, los deseos. Lo nunca dicho. Lo nunca escrito. Pero, por encima de todo, es el gris de las almas de los personajes de esta historia. El gris de la duda, de las sombras. Un gris que nos habla de lo atroz, de lo oscuro, de todo lo que al mismo tiempo nos repugna y nos fascina. Almas grises es en definitiva una historia que nos habla del pasado, de ese pasado que nunca podemos estar seguros realmente de cómo fue. Un pasado que ya nunca volverá, que nunca recuperaremos. Una historia poderosa y perturbadora, tierna y cruel, injusta y dulce, triste y apasionada. Una historia que nos habla de la vida y de la muerte. Una historia que nos habla de seres humanos y, por encima de todo, de sus almas grises.

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