Revista Cultura y Ocio

Análisis del sexto capítulo del Popol Vuh: los 400 muchachos

Por Víctor Barrera Alarcón

Este capítulo del Popol Vuh emplea constantemente un lenguaje metafórico con el que camuflar el enorme peso simbólico que posee. Puede parecer un capítulo muy extraño ya que, hasta el momento, todos los pasajes que han ido apareciendo en la obra giraban en torno a acontecimientos trascendentales (aparición del mundo, creación de los primeros seres…) o a importantes figuras (Hunahpú, Ixbalaqué, Vucub Caquix…). Sea como fuere, cada capítulo siempre ha tocado un tema de gran importancia ¿por qué iban a dedicar el Popol Vuh un capítulo tan aparentemente irrelevante? La respuesta es bien sencilla: no se trata en absoluto de un capítulo irrelevante. Es la aparición continua de figuras metafóricas la que puede inducirnos al error.

Cuatrocientos muchachos, cuatrocientas estrellas

Como ya se ha comentado con anterioridad, el cuatrocientos es un número de gran importancia entre los antiguos mayas, usado como sinónimo de una multitud casi infinita e inexacta. En este caso en concreto, cuando en el texto se menciona a los cuatrocientos muchachos está haciendo referencia realmente a la infinidad de estrellas del firmamento, empleando para ello la figura metafórica de los jóvenes.

Como muchos lectores habrán visto los dos protagonistas del pasaje (Zipacná y los “cuatrocientos muchachos”) simbolizan los elementos contrapuestos: Zipacná, “el hacedor de montañas” (ver el cuarto capítulo del Popol Vuh) simboliza la tierra, mientras que los cuatrocientos muchachos (o mejor dicho, las “cuatrocientas estrellas”) simbolizan el cielo. Una vez mas nos encontramos con el clásico esquema de ideas contrapuestas que tanto se ha estudiado en antropología (ver el análisis del mito chamula sobre la destrucción de los primeros hombres) y que sería algo así:

Sin título

 Tal y como podemos apreciar, el capítulo nos muestra esos dos ámbitos tan repetidos a lo largo del Popol Vuh: el Cielo y la Tierra, la contraposición de ambos y, al mismo tiempo, su interacción. En este caso la interacción entre ambos ámbitos vendría dada por el gigantesco tronco de árbol que los cuatrocientos muchachos arrastran y que va a ser la viga maestra de su casa, un elemento que será el responsable de sostener la casa de las estrellas, es decir, de sostener el cielo nocturno. Este tronco de árbol es el axis mundi, un elemento mediador y conector entre el cielo y la tierra muy presente en la cultura maya y en la cosmovisión mesoamericana en general.

Poniendo nombre a los muchachos… las Pléyades

Se ha escrito mucho sobre los antiguos mayas, muchas verdades, pero también muchas mentiras fruto del desconocimiento. No obstante, existe una vieja frase al respecto que a día de hoy no se ha podido desmentir: “los antiguos mayas estaban obsesionados por el cielo”. Esta antigua expresión no podía ser más acertada y tal y como veremos a continuación este capítulo del Popol Vuh lo demuestra. Si conservábamos alguna duda sobre la identidad de los cuatrocientos muchachos como referencia metafórica a cuerpos celestes quedará completamente disipada en este punto.

“Siete hermanas”, “M45″, “Siete cabritillas”… son sólo tres de los muchos nombres que se han empleado para denominar a un conjunto de entre cuatrocientas y quinientas estrellas situadas en un costado de la constelación Tauro, aunque su nombre más conocido es el de las Pléyades.

Estas estrellas poseían una gran importancia en la mitología y en los rituales no sólo de los antiguos mayas, sino de toda mesoamérica en general. En el caso que nos ocupa, estas estrellas estaban vinculadas con el fin del período calendárico de 52 años, resultado de la unión del calendario tzolkin (de 260 días) con el calendario Haab (de 365 días). Si unimos ambas ruedas calendáricas vemos que coincidirán cíclicamente cada 18.980 días, o lo que es lo mismo, cada 52 años. Esto no es casual, es el resultado del trabajo y el estudio de generaciones de sacerdotes astrónomos.

La importancia de las Pléyades en la vida ritual de los antiguos mayas era tan importante que, como acabamos de ver, les dedicaron un capítulo de su libro más sagrado.


Análisis del sexto capítulo del Popol Vuh: los 400 muchachos
Análisis del sexto capítulo del Popol Vuh: los 400 muchachos

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