En esta quinta entrega de la serie Bici Sci-fi voy a analizar una novela corta superdivertida y que figura en todos los listados de obras bicicleteras del género de ciencia ficción: And then there were none, de Eric Frank Russell, publicada por primera vez en junio de 1951 en la revista Astounding, cuya portada es la ilustración que ilustra este post (obra de Hubert Rogers).
Eric Frank Russell, nacido en Reino Unido el 6 de enero de 1905 y fallecido en 1978, fue un escritor bien conocido por sus relatos cortos de ciencia ficción, llenos de humor y escritos en un estilo sencillo y directo, influenciado por el género «hard boiled«. A pesar de ser británico, escribió siempre para revistas norteamericanas como Astounding (que ya he citado en varias entradas) por lo que, a menudo, sus fans le han identificado como yankee.
Posteriormente, Russell incorporó «…Y no quedó ninguno» como la tercera y última sección de su novela satírica The Great Explosion, publicada por primera vez en 1962. En ella narra cómo la burocracia terrícola intenta someter a varias colonias humanas independientes, cuatro siglos después de que grupos disidentes huyeran de la Tierra gracias a un nuevo motor interestelar. En la nueva versión hay apenas algunos retoques cosméticos para adaptarlo al relato general sin ningún cambio relevante. En 1985, The Great Explosion ganó el Premio Prometheus Hall of Fame.
Tras una denodada investigación bibliográfica, tuve que asumir que ni La gran explosión ni la novela corta estaban traducidas al castellano. Lo que me obligó a leerlo en el idioma de Shakespeare. Y más tarde, rebuscando en Z-Library encontré precisamente el fragmento de The Great Explosion que corresponde con And then there were none, en castellano, con esta referencia bibliográfica que no he podido verificar:
ANTOLOGÍA DE CUENTOS DE FICCIÓN CIENTÍFICA
Selección y notas del Dr. Javier Lasso De La Vega (Director de las Bibliotecas de la Universidad de Madrid). Con prólogo del Dr. Luis Ortiz Muñoz (Catedrático, Director del Instituto Ramiro de Maeztu).
Editorial Labor, S. A.
Barcelona.Madrid-Buenos Aires-Rio De Janeiro
México-Montevideo (1965)
Sinópsis de And then there were none (Alerta: 100% spoiler)
Una nave estelar terranea aterriza en un pequeño planeta con una misión de reintegración imperial. Desde el primer momento, el Embajador y su séquito encuentran una indiferencia absoluta por parte de los Gands que sistemáticamente los ignoran o les dejan con la palabra en la boca diciendo «Myob». Sus intentos de encontrar a las autoridades se topan con un muro de silencio, lo que los Gands llaman «el tratamiento fantasma».
Tras varios intentos fallidos de contactar con las autoridades, la primera incursión con un relativo éxito es la del ingeniero Harrison en su bicicleta personal (que lleva a bordo en la nave).
Cuando la tripulación recibe permiso para bajar a tierra, Harrison y el sargento Gleed, van descubriendo el funcionamiento de la sociedad Gand. Su economía se basa en el intercambio de «obs» (obligaciones), favores que se saldan socialmente, eliminando la necesidad de dinero. Su filosofía se resume en «F.-I.W.» (Freedom – I Won’t / Libertad – No Quiero), un rechazo individual y colectivo a toda coerción externa. Esta actitud, que llaman «El Arma», afirman que les llega de las enseñanzas del terrícola Gandhi. Y también descubren el significado de «Myob»: «métete en tus asuntos» (Mind your own business).
Para los recién llegados de permiso, el sistema Gand actúa como un imán. Muchos hombres, hartos de la disciplina militar y la vida en el espacio, encuentran en este mundo la promesa de una nueva vida libre, satisfactoria y llena de oportunidades lejos de Terra y comienzan a desertar. El mismo sargento Gleed escapa para trabajar en una granja.
La deserción es tan masiva que la nave corre peligro de quedar sin marinería suficiente para despegar. El Capitán Grayder, atado por reglamentos que no contemplan esta forma de «hostilidad» no violenta, no puede lanzar una ofensiva sobre los Gands ni obligar a regresar a sus hombres. El Embajador, humillado y derrotado sin que se haya disparado un solo tiro, debe admitir el fracaso.
En el capítulo final, la nave despega, de vuelta a Terra, con una tripulación mínima, abandonando a cientos de desertores. El ingeniero Harrison, que ha decidido quedarse, es el último en ver como la nave desaparece en el cielo, mientras el planeta Gand sigue su curso, intacto e imperturbable, habiendo absorbido pacíficamente a los invasores. Y entonces Harrison parte, con su bicicleta, hacia su nuevo destino con los Gand y luego no quedó ninguno.
La bicicleta de Harrison y la movilidad gandiana
Procedamos, siguiendo nuestro sistema habitual, testando la adecuación del texto a The Bicycle Rule. En primer lugar, digamos que la bicicleta del ingeniero Harrison es la única del planeta y es motivo de burla tanto por parte del Embajador como de los Gand, lo que genera algunos diálogos realmente cómicos. Harrison la arrastra en la nave, de planeta en planeta, dedicándole buenos cuidados. Y sale a colación cuando la gran nave y sus vehículos auxiliares se demuestran insuficientes para una exploración palmo a palmo del planeta:
—También podría anhelar una bicicleta,— se burló el Embajador, sintiéndose frustrado.
—Tenemos una bicicleta,— informó Grayder — El Décimo Ingeniero Harrison tiene una.
—¿Y realmente la trajo consigo?
—Va a todas partes donde él va. Hay un rumor de que duerme con ella.
—¡Un astronauta cargando una bicicleta!— El Embajador se sonó la nariz con un fuerte bufido. —Supongo que le emociona la sensación de inmensa velocidad que le da, ¿un sentimiento extático de precipitarse a través del espacio?
—No lo sé, Su Excelencia.
—¡Hm! Traiga a este Harrison aquí. Me gustaría verlo. Quizás podamos poner a un chiflado a atrapar a otro chiflado.
Ya que el ingeniero tiene un gran protagonismo y no es ni un perdedor ni un friki (pese al comentario sobre sus hábitos de cama, tan daneses como descubrimos en A Bicycle built for brew), desde el principio podemos calificar la novela como bikefriendly. Como solución al problema de movilidad de los terranos, la bicicleta simboliza la autonomía y la eficacia: es el único medio que les permite moverse rápidamente e integrarse discretamente entre la población. Y su dueño resulta ser el personaje más adaptable de la tripulación desde el principio. Incluso podríamos descubrir en el silbato accionado por la rueda (una alternativa al timbre inventada por Harrison), el mismísimo espíritu customizador de los Gands, ya en su diseñador antes de que sea seducido por ellos.
Pero como se van sucediendo bromas y cuchufletas, de parte del estirado Embajador principalmente, sobre el interplanetario ciclista (que siempre parece un poco avergonzado y no defiende su máquina con ardor) vamos temiendo que no alcance la máxima calificación hasta que Harrison tiene este intercambio con el Sargento Gleed:
—En Perséfone,— informó Harrison, —un Milik de piernas largas me ofreció un diamante de veinte quilates, azul, de primera agua, por mi bicicleta.
—Dios mío, ¿no lo cogiste?
—¿Para qué me servía? Habría tenido que volver a dieciséis años luz a por otra bicicleta.
—Pero, hombre, podrías existir sin bicicleta por un tiempo.
—Puedo existir sin un diamante pero no puedo andar en un diamante.
—Tampoco puedes vender una bicicleta por el precio de una lancha lunar deportiva.
—Sí, puedo. Acabo de decirte que ese Milik me ofreció una piedra como un huevo.
Así que, gracias al diamante de Perséfone, volvemos a tener otra campeona ciclista en la literatura de la ciencia ficción: Bikefriendly-Godlevel.
Ampliando el foco a la movilidad del planeta, vemos que la sociedad Gand presenta un sistema de transporte que es un reflejo perfecto de su filosofía social: práctico y diseñado para una función específica (transporte personal, colectivo o carga) sin jerarquías simbólicas. No hay «limusinas oficiales» o «vehículos de estado». El transporte es un servicio, no un símbolo de estatus. Toda una extensión de su ideología de libertad personal y cooperación voluntaria. Como la distribución urbana del mismo está formada por muchas poblaciones de similar tamaño pero relativamente cercanas e interdependientes, hay una movilidad agregada importante para desarrollar el comercio, las relaciones sociales y mantener los lazos familiares.
Por eso hay un constante flujo de vehículos motorizados (motocicletas, autocares y camiones) que surcan la carretera junto a la nave terrana. Como suele suceder en la ciencia ficción —especialmente en las obras de la ciencia ficción blanda anteriores a los años 90 del siglo XX— desconocemos qué tipo de energía los anima o cómo se obtiene. Sabemos que se desplazan sobre grandes bolas de goma (no ruedas) impulsados por ventiladores enjaulados que generan un zumbido o un silbido característico. Una tecnología aparentemente limpia, eficiente y notablemente más silenciosa que los cohetes atronadores de la nave terrana.
El vehículo individual Gand es la motocicleta de ventilador que aparece ya en el Capítulo 2. Es rápida, ágil y personal. Hacia el final, surge la oportunidad para Harrison de establecerse en el planeta como técnico distribuidor de estos artilugios.
El transporte colectivo se realiza con unos vehículos largos, aerodinámicos, que funcionan con la misma tecnología de bolas y ventiladores (con 20 bolas). Como medida de seguridad contra posibles secuestros por los «Antigands», los pasajeros están voluntariamente encadenados a sus asientos, otra jocosa aplicación práctica del principio «No quiero».
Finalmente, el muy activo transporte de mercancías (e incluso de personas trabajadoras) se hace en vehículos de carga como el camión «largo y bajo que zumbaba sobre dos docenas de bolas«. Es imprescindible para el intercambio de mercancías entre las poblaciones cercanas.
Otro detalle divertido es que todos los vehículos se caracterizan por la ausencia de uniformidad y estética individualista. Como los Gands expresan su personalidad en todo, no hay dos vehículos iguales.
Un repaso a la política Gand. ¿No te interesa? ¡MYOB!
Russell es un autor reconocible por explorar temas libertarios y antiautoritarios en sus obras que han sido relacionadas por los críticos tanto con el anarquismo clásico como con el libertarianismo o el anarquismo de derechas.
Como ya he comentado, The Great Explosion ganó el Premio Prometeo que es un premio otorgado cada año por la Libertarian Futurist Society que reconoce obras de ciencia ficción que recogen los principios políticos y filosíficos libertarianos. No todos los ganadores del premio son libertarianos confesos pero muchos sí y particularmente lo es el fundador de los premios y escritor L. Neil Smith, miembro del Libertarian Party (incluso aspiró con poca fortuna a la presidencia de los USA) y fundador de The Libertarian Enterprise, una revista anarcocapitalista y paleolibertaria.
Eric Frank Russell no fue un teórico anarquista ni un activista y mucho menos libertariano. En su obra literaria usaba el humor como bisturí para criticar y subvertir determinados aspectos de su sociedad contemporánea, como el absurdo de la burocracia llevada al límite o la estupidez congénita del género humano como especie. El escritor Terry Pratchett, por ejemplo, se refirió su libro Avispa (1981) como «un divertido manual de sabotaje» y esto no convierte a Mr. Russell en un terrorista (aunque en su época el libro fuera considerado subversivo).
En And then there were none destacan tres temas: el antiautoritarismo ( retratando comunidades libertarias que rechazan la autoridad), la crítica a la burocracia (un puñado de Gands ingeniosos derrotan a toda una fuerza militar) y el pensamiento libertario (crea creando un experimento social basado en la autogestión y la ayuda mutua). En resumen, mi opinión es que si hay una contribución literaria, no teórica, de Eric Frank Russell al anarquismo que podemos rastrear en la política gandiana.
Ya hemos indicado que la economía se basa en un sistema de Obs (un neologismo por truncamiento o apócope de «obligación»). Cada Ob representa un favor, deuda social o servicio pendiente que una persona tiene con otra. La economía funciona mediante la plantación y cancelación de obs sin que exista ningún registro público de los mismos. Lo que no significa que haya un mecanismo de control social, no coercitivo eso sí, de los abusos de los scratchers (gorrones) ejemplificado en la fábula de Jack el Vago que aprenden los Gand en su más tierna infancia para desincentivar cualquier intento de parasitismo social, destructiva tendencia bartlebiana o apuestas nuchnibi como en Los desposeídos de Ursula K. Le Guin.
La praxis política gandiana es lo que les hace invencibles frente a los invasores terranos que viajan imbuidos de la creencia de que son portadores de las esencias de una civilización superior a las visitadas. El tabernero Jeff Baines inicia a Harrison y Gleed en su filosofía política de esta manera:
—Bueno, solo para empezar, tenemos el arma más poderosa jamás concebida por la mente del hombre. Somos Gands, ¿entienden? Así que no necesitamos naves, armas y juguetes similares. Tenemos algo mejor. Es efectiva. No hay defensa contra ella.
Y ese arma invencible —de «un solo sentido» que los terranos no pueden usar contra ellos— no es otra que el F. – I.W. (otro neologismo por siglas, prueba de la economía gandiana del lenguaje, que ya sabemos que significa «Freedom – I Won’t»). «Libertad – No quiero» es el lema y el «arma» filosófica fundamental de los Gands. Representa su praxis de la desobediencia civil total y el rechazo individual y colectivo a cualquier autoridad. Su completa libertad para decir «no quiero» en cualquier situación y frente a cualquier propuesta. Y rematar la cuestión con un buen ¡Myob!
Toda la reticencia de los Gand hacia los Terranos (considerados Anti-Gand) se explica con una de las frases más citadas del historiador y activista social Howard Zinn (pronunciada en un discurso en Baltimore en los años 60):
El problema no es la desobediencia civil, sino la obediencia civil.
que subraya que la sumisión pasiva y la obediencia ciega a leyes injustas o autoridades inmorales tienen más que ver con el mantenimiento de la injusticia social y la opresión —la razón por la que los Gand salieron huyendo de la Tierra—, que los actos de desobediencia civil desarrollados en las luchas contra dichas injusticias de forma no violenta. Lo que está en el origen de como se reorganizaron en ese planeta tras su éxodo interestelar.
Pero el autor nos da esta otra explicación a través de Elissa:
—¿Qué es un Gand, de todos modos?— preguntó Harrison.
—Un habitante de este mundo, por supuesto.
—Quiero decir, ¿cómo obtuvieron ese nombre? ¿De dónde lo sacaron?
—De Gandhi,— dijo ella.
Harrison puso cara de no entender. «¿Quién diablos era ese?”
—Un terrícola antiguo. El que inventó El Arma.
—Nunca he oído hablar de él.
—Eso no me sorprende,— comentó ella.
—¿No? —Se irritó por esta confianza en su ignorancia.— Déjeme decirle que en estos días los terrícolas recibimos una educación tan buena como…
—Cálmate, Jim,— aconsejó, haciéndolo más tranquilizador al pronunciarlo “Jeem.” Le dio una palmadita en el brazo. —Lo que quiero decir es que es muy probable que lo hayan borrado de sus libros de historia. Podría haberles dado ideas no deseadas, ¿entiendes? No se les puede esperar que sepan lo que nunca han tenido la oportunidad de aprender.
—Si está diciendo que la historia terrícola está censurada, no lo creo.
—Es su derecho negarse a creer. Eso es libertad, ¿no?
Pues bien. Mantengamos la hipótesis de que la anquilosada herencia, llegada «desde la antigüedad terrana», del pensamiento del Mahatma Gandhi ha sufrido un buen nivel de degradación entrópica. Porque del texto solo se puede colegir a fortiori que la praxis sociopolítica Gand descrita solo es «gandhiana» nominalmente.
Repasemos las dos influencias básicas declaradas por Gandhi en su pensamiento para comprenderlo: el anarquismo cristiano de Tolstoi y la desobediencia como instrumento para enfrentarse a la injusticia de H.D. Thoreau.
Del anarquismo cristiano del aristócrata ruso y excelso escritor Lev Nikoláievich Tolstoi Gandhi toma la resistencia frente al Estado. El cristiano rechaza la ley del Estado porque no tiene necesidad de ella ni para él ni para los demás, puesto que juzga la vida humana más garantizada por «la ley del amor» que profesa (la Ley Divina, claro). Cuando Tolstoi, en plena crisis de madurez, se enreda con este «anarquismo cristiano» reaccionario y utópico, Lenin, que le había admirado profundamente, se mostró duramente despectivo: para él, Tolstoi era un «loco», un «terrateniente obsesionado con Cristo».
El esencialista y puritano Henry David Thoreau, autor de La desobediencia civil (1849) donde aboga por un individualismo ascético y extremo, impresionó a muchos (incluidos Gandhi y el antecitado Tolstoi) con su intento de demostración de cómo los ideales abstractos de libertad e individualismo pueden realizarse en el ámbito de nuestras vidas. Sin embargo, está de acuerdo con obedecer a un Estado que sea justo, que cumpla con ciertos
criterios (justo lo que Gandhi practicó, en determinados momentos históricos y a conveniencia, con las autoridades británicas). Y en este sentido está claro que Thoreau no fue anarquista (aunque influyera en los autores anarquistas posteriores).
Tanto el esencialismo de Thoreau, con ese individualismo ascético, como el anarquismo cristiano de Tolstoi encajaban muy bien con el espiritualismo hinduista de Gandhi y su obsesión clasista de despreciar la lucha del proletariado (tanto en Sudáfrica como en India). Y por ello, actualmente, su pensamiento, logros y personalidad son discutidos, como destacan los estudios de Fanon y Gramsci.
Y por eso, el pensamiento Gand no se revela filogenéticamente a partir de esa fuente mítica revelada por Elissa. Pese a la distancia temporal, encajaría más con las tesis de Gene Sharp, estudioso e investigador que ha puesto las bases de la acción no violenta moderna.
“La no violencia no tendría que ser un simple código moral a seguir por un pequeño grupo de ¨creyentes¨ – se lee en la introducción de Manual de Desobediencia Civil, de Mark Engler y Paul Engler– sino, como G. Sharp argumenta, como una estrategia, un método de acción que los movimientos sociales pueden elegir por su efectividad para influir en los cambios sociales y políticos.”
Las siguientes son las palabras de Gene Sharp, al aceptar el Premio Right Livelihood, conocido como “el premio Nobel de la Paz alternativo”, en 2012:
“La lucha no violenta, o la acción no violenta, incluye tres categorías de métodos, formas específicas de actuar. Una, el método de la protesta no violenta, que consiste en actividades simbólicas, como marchar por las calles o exhibir ciertos colores. Pero esta técnica, si no va más allá, no es muy eficiente. También incluye los métodos mucho más poderosos de no cooperación, como los boicots sociales, los boicots económicos, las huelgas laborales, los boicots políticos y la desobediencia civil. Y en tercer lugar, están los métodos de intervención y perturbación no violentas, como las sentadas, los banquetes y la creación de nuevas instituciones”.
Esta es la verdadera linea de acción que soporta el «Libertad – No quiero» y se manifiesta a cada momento en la novela: en la estrategia fantasma, el Myob, las cadenas en el autobús, etc. etc. etc.
Porque del apoyo mutuo sobre el que también descansa la organización social Gand, no le vamos a preguntar a Gandhi, claro. Con lo que habría que contar sobre sus ashrams. Y termino ya con un párrafo de la introducción a El apoyo mutuo de Piotr Kropotkin:
«Pero la sociedad, en la humanidad, de ningún modo se ha creado sobre el amor ni tampoco sobre la simpatía. Se ha creado sobre la conciencia -aunque sea instintiva- de la solidaridad humana y de la dependencia recíproca de los hombres. Se ha creado sobre el reconocimiento inconsciente semiconsciente de la fuerza que la práctica común de dependencia estrecha de la felicidad de cada individuo de la felicidad de todos, y sobre los sentimientos de justicia o de equidad, que obligan al individuo a considerar los derechos de cada uno de los otros como iguales a sus propios derechos.»
Nos vemos pronto. Si crees que el tiempo y el esfuerzo que he dedicado a este post aporta algo, sigue volviendo por aquí, comparte y déjame pistas de otras obras que hagan al tema de la bicicleta en la ciencia ficción en Comentarios. Yo sigo buscando rodadas de bicicleta en este ciclo titulado «Bici-sci-fi»…
