Revista Conciertos

Andrea Chénier en el Teatro Real (27-03-2010)

Publicado el 01 marzo 2010 por Gino
Después de décadas sin aparecer en los escenarios madrileños, la obra más famosa de Umberto Giordano se ha representado en el Real suscitando varias polémicas. Por un lado, la vieja discusión sobre la calidad de su música y su estética, adscrita a una mezcla de verismo y romanticismo tardío sobre cuya vigencia pueden existir dudas (como existen acerca de la inspiración del autor, ciertamente irregular). Por otro lado, las funciones se han saldado con varias cancelaciones por parte del tenor del primer reparto, abucheos al del segundo y un escándalo con acusaciones de amplificación de las voces contra el teatro. En lo vocal, como era de esperar, la representación de día 27 transcurrió por los cauces de una rutina honesta salvo por algunos destellos de Daniela Dessì y las señoras (en todos los sentidos) que hacían de Madelon y la Condesa.
Desde siempre, la principal dificultad para poner en escena "Andrea Chénier" es encontrar un protagonista capaz de abarcar el amplio rango expresivo del papel. En efecto, Chénier ha de ser igualmente convincente en las efusivas melodías amorosas del amante y poeta y en la amplitud heroica del soldado. Como es característico en los compositores de la "Giovane Scuola", se exige una zona de passaggio no sólo perfectamente recogida sino además robusta y potente para hacer frente a la pesada escritura en esa zona. Además, lo cual es menos común en los tenores de la citada escuela, la tesitura frecuenta el sib y aun el si natural en numerosos agudos di forza, serio impedimento tanto para los tenores baritonales veristas como para los tenores líricos. En esta ocasión se contó con un tenor que en cierta forma logró disimular, que no compensar, sus grandes carencias vocales. La voz de Fabio Armiliato es de escasa calidad, emitida con tantos trucos que no se sabe cuál es su timbre verdadero, a ratos blanquecino y gangoso, a ratos evidentemente entubado para compensar su falta de densidad. Aunque es de justicia reconocerle seguridad en toda la tesitura, nunca llega a emitir un agudo realmente liberado y con timbre. Por otro lado tiene que estar muy agradecido por el volumen ridículamente camerístico de la orquesta, que en otro caso habría sepultado su timbre mate. No se le debe quitar mérito a un Chénier sin incidentes, pero en ningún momento fue un protagonista excitante ni conmovedor. Por lo menos demostró tener una idea sensible del papel, acorde con su calibre de tenor lírico, como en los ataques en plausible media voz de "Ora soave" y "Ne viene a noi dal cielo". Suponemos que herido tras el fracaso de su anterior actuación, su entrega no se discute, pero no es suficiente.
Daniela Dessì es la última representante de la cuerda de soprano italiana de medio carácter, la lírico spinto típica del Verdi tardío y el verismo. También es una cantante de escuela verdadera, como demostró en su estupenda "La mamma morta": una interpretación meditada, planificada con mimo y compromiso expresivo desde la mezzavoce inicial. El papel en realidad le queda algo pesado, pero sabe cantarlo sin que se note demasiado. El timbre sigue teniendo un esmalte especial, pero sobre todo en las medias voces: en el extremo agudo sin embargo suena desabrido y mate, abierto de hecho, mostrando el desgaste de una larga carrera cantando exigentes papeles (particularmente en el último dúo). También se percibió el temido vibrato lento, a veces comprometiendo la afinación. Sin embargo su línea de canto en "Eravate possente" fue estupenda, por las sfumature y el cuidado legato.
De Felice (Gérard) tiene voz de barítono, por desgracia algo que no puede darse por hecho, pero sólo sabe cantar forte y por encima del mi el sonido adquiere el típico tono grueso y sin brillo de los cantantes que no saben hacer el correspondiente giro de la emisión. Igualmente grueso fue el personaje creado, un verdadero marmolillo de acento monocorde. Un barítono que en tiempos no habría pasado de Roucher.
Como ya se ha comentado, las veteranas Larissa Diadkova (Madelon) y Stefania Toczyska (Condesa) fueron un lujo en sus papeles y demostraron cuánto ha declinado el canto en los últimos veinte años: emisiones aún firmes, voces sonoras y más personalidad en sus breves intervenciones que el presunto protagonista en toda la ópera. También Moncloa y Rodríguez-Cusí fueron adecuados en sus papeles.
Víctor Pablo Pérez debería abstenerse de dirigir una música que se nota que le importa más bien poco. Dirigió pulcramente pero sin vigor, sin una sola frase que atacara con slancio, irritantemente parsimonioso en el primer acto. Había momentos en que apenas se escuchaba a la orquesta, aunque esto ha de suponerse que fue un pacto con los cantantes. Fue en cambio bochornosa la charanga final, una especie de demostración del ruido que habría podido hacer si hubiese querido. El coro sí intervino con fuerza y buen sonido en las escenas de masas.
La puesta en escena de Giancarlo del Monaco es digna de verse, de un realismo lujoso y detallista, como corresponde a una ópera que no tiene segundas intenciones sicológicas ni metafísicas. Por ello desentonó mucho la idea de hacer trepar por el enrejado a los protagonistas en vez de sugerir la escena final de la guillotina. Decorados deslumbrantes y vestuarios vistosos, lo que espera el público de un "Andrea Chénier", pero además una dirección de actores trabajada, sin tiempos muertos ni excentricidades. Barra libre de opiniones, m?sica y lo que se me ocurra, que para eso es mi blog.

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