
¿Os habéis fijado alguna vez que el anestesista es al quirófano lo que el wonderbra a las tetas? Impide que las cosas que caen por su propio peso, como las laparotumbas, caigan, creando un canalillo de escape. Un canalillo que da vértigo, también. Y va siempre cinco centímetros por delante de lo que pasa, previendo posibles complicaciones. Vale, sí, ya oigo las voces blogosféricas de los cirujanos. Igual que el wonderbra, encorseta un poco. Pero, queridos, es que para presumir, hay que sufrir.
