"Si quieres que se diga cualquier cosa, pídeselo a un hombre. Si quieres que se haga algo, pídeselo a una mujer"
(Margaret Thatcher)




Con esa cara de no haber roto un plato, oculta un oscuro secreto. Se mimetiza en un mundo de hombres convirtiéndose en uno más. Ahora intenta Merkelizarnos a todas. Y eso no es bueno ni para nosotras ni para vosotros. Primera regla de la merkelización: ir siempre con traje de chaqueta.
Aportación twitteriana de @AlbertoSotillosDa igual que esté es una cumbre europea o en un vestuario de fútbol, a lo Reina Sofía-Puyol. Ella con su traje de chaqueta liso.

Segunda regla: severo recorte en complementos y bisutería. En el mundo de Angela Merkel, la vida se reduce a un collar de plata y uno con detalles en madera. De "diamons are a girl´s best friend", ni hablar.



Con la Merkelización, envejeceremos fatal, elegiremos las gafas más antiestéticas del mercado e intentaremos salir en todas las fotos gesticulando. Así nadie sabrá exactamente cómo es nuestra cara.
Cuenta la leyenda que una vez, Angela Merkel intentó vestirse a lo Lady Di. Con escaso éxito. 

Bueno, no fue una vez. Fueron dos veces. Porque Merkel es muy de reciclar vestuario. Nada de customizarlo dándole un nuevo aspecto con retoques o complementos. Que todos vean que los políticos también se aprietan el cinturón. Y en eso Merkel es más que la Thatcher.


Claro que hasta la Dama de Hierro se estiraba complementando sus trajes de chaqueta (como la Merkel, ¡¡qué casualidad!!) con broches y un total look perla. Hasta dejaba sus mensaje políticos escritos entre la lana de su jersey. Y cuentan que una vez... ella también se quitó el traje de chaqueta.
Ella también lo intentó y lo consiguió. Thatcherizó a toda una generación que, aún hoy, sigue agujereando la capa de ozono gracias a una permanente extrema y grandes dosis de laca.
Pero yo no me resisto. A mí no me Thatcheriza nadie. No me Merkeliza nadie. Por si acaso, he empezado a esconder mis collares-babero, mi falda boho chic y mis bolsos-joya. Porque de aquí al estraperlo de pulseras de brillante solo queda una declaración catastrofista del FMI y una escalada más de la prima de riesgo.
