Revista Cultura y Ocio

Animales heridos

Publicado el 01 diciembre 2021 por Rubencastillo
Animales heridos

Al principio (es decir, en el verano de 2015), Jon Ander Macua y Eider Chassereau eran para mí solamente dos nombres. Luego se convirtieron en personajes que la ficción narrativa me iba dando a conocer con creciente profundidad. Algo más tarde se convirtieron en seres cercanos, de quienes almacenaba más detalles que de mis propios vecinos. Ahora, en los días últimos de 2021, ya forman parte de mi vida como lector. Se han convertido en amigos íntimos. Se han entrañado. Y esa magia inhabitual se debe al talento literario de una excelente escritora irundarra que se llama Noelia Lorenzo Pino.

Para mi consternación, leo en la página 360 de Animales heridos, la más reciente novela de la autora, esta frase: “No sé si esta novela significa el fin de la saga”. Y aunque sé que solamente una alianza entre el tiempo y la voluntad de Noelia (el lector, incluso el más entusiasta, tiene la obligación de permanecer en el silencio más respetuoso) puede despejar esa incógnita, no puedo evitar una tristeza honda y sincera: la de quien está dispuesto a sentarse durante años a esperar, mientras lee otros libros suyos, en los cuales explorará otros caminos, otros personajes, quizá otras temáticas. Y esperaré (creo que esperaremos muchos) porque Noelia nos ha convertido en admiradores fieles, en público agradecido, en paseantes que recorren sus páginas encandilados y felices.

Aquí, en Animales heridos, que publica con el sello Travel Bug Ediciones, pone ante nuestros ojos una historia de secuestros, pederastia, asesinos a sueldo, traficantes de droga, putas desnaturalizadas, reflexiones sobre el dolor humano y sobre la soledad y la injusticia, disparos, persecuciones, identidades suplantadas, venganzas diferidas e importantes personajes ocultos en la sombra; pero también una historia donde Eider ha cambiado (no solamente en el aspecto físico, con una operación quirúrgica y muchas horas terapéuticas de gimnasio, sino sobre todo en lo emocional); donde Jon Ander convierte la ternura y la paciencia en sus armas; y donde el resto de viejos conocidos de las novelas anteriores (Eneko, Peio, Ochoa, la sobrina de Eider) quedan situados en un evidente segundo plano, para que la atención (¿final?, ay) quede centrada en la pareja protagonista.

Si las aventuras de Macua y Eider terminan aquí, impresionante cierre. Si, por el contrario, continúan en el futuro, impresionante punto y seguido.


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