Revista Opinión

Año Cervantes

Publicado el 03 julio 2015 por Daniel Guerrero Bonet

Año Cervantes2015 está siendo un “avance de temporada” para el año de Miguel de Cervantes, de cuya muerte se cumplen cuatrocientos años en 2016. Un adelanto de los homenajes con los que se pretenden rendir tributo a quien es considerado máximo representante de la literatura española. Su obra más conocida, no por ello más leída, Don Quijote de la Mancha, supuso una revolución de la novela caballeresca de la época, a la que criticaba de manera humorística, mostrando desde la ingenua locura del protagonista todo un modelo de comportamiento basado en nobles y elevados ideales, lo que influyó sobremanera en la literatura europea y en el nacimiento de la novela realista.
No es de extrañar, por tanto, que anticipándose a los fastos conmemorativos que se preparan para 2016, Cervantes esté siendo objeto en 2015 de un auténtico “revival” mediante la publicación de algunos libros que adaptan su obra más emblemática, El Quijote, en versiones revisadas y actualizadas para hacer comprensible su lenguaje al lector contemporáneo. Ya antes el insigne literato había despertado interés mediático con ocasión de las investigaciones realizadas para localizar sus restos óseos entre las tumbas halladas bajo la cripta del convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid. El lugar, al que habían sido trasladados los restos del escritor desde el enterramiento original en la primitiva iglesia de San Ildefonso, albergaba diferentes sepulturas y huesos mezclados de varias ellas, lo que imposibilitaba una identificación individualizada. No obstante, pruebas documentales y otros descubrimientos permiten asegurar, casi con plena certeza, que Miguel de Cervantes descansa eternamente bajo aquella cripta, que será declarada Bien de Interés Cultural y convertida en Museo.
Año CervantesPero lo más interesante de las iniciativas surgidas en torno a Cervantes es, como se ha dicho, la reedición de su Don Quijote de la Mancha en versiones que abarcan a “todos los públicos”. La más “madrugadora” de ellas ha sido la de Arturo Pérez-Reverte, en la que hace una adaptación para niños que actualiza palabras del castellano antiguo, ya ininteligibles como jaldes (armas jaldes), al español moderno (armas amarillas o gualdas) y pone en contexto al lector, simplificando y facilitando la lectura de una obra considerada difícil. Se trata de una edición de la Real AcademiaEspañola de la Lengua(RAE), adaptada por Arturo Pérez-Reverte y editada por Santillana.
Otra versión destacable es la que realiza Andrés Trapiello con una intención parecida: adaptar la novela de Cervantes al castellano actual, para evitar acudir constantemente a las notas de pie de página y consultar el significado de palabras que no se entienden. Gracias a esta edición, el lenguaje utilizado hace 410 años por Miguel de Cervantes se transcribe al castellano actual, a partir de la que el autor considera la mejor de las ediciones de El Quijote, la de Francisco Rico (2006), a la que depura de notas, con lo que facilita una lectura más fluida y comprensible al lector moderno. Trapiello ha tardado catorce años en “traducir” El Quijote para hacerlo comprensible a todo el mundo y ayudar que esta obra universal deje de ser una de las menos leídas por los lectores hispanohablantes aunque sea el libro más conocido por todos ellos. Un ejemplo de la adaptación realizada, que figura en la contraportada del libro, es el siguiente:
Año CervantesVersión antiguaEn un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino.

Versión modernaEn un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía no hace mucho un hidalgo de los de lanza ya olvidada, escudo antiguo, rocín flaco y galgo corredor. Consumían tres partes de su hacienda una olla con algo más de vaca que carnero, ropa vieja casi todas las noches, huevos con torreznos los sábados, lentejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos. El resto de ella lo concluían un sayo de velarte negro y, para las fiestas, calzas de terciopelo con sus pantuflos a juego, y se honraba entre semana con un traje pardo de lo más fino.

El libro está publicado por Editorial Destino en 2015.
Año CervantesPero, sin duda, la edición más completa, fidedigna y crítica de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, es la que dirige el filólogo y académico Francisco Rico, publicada por Espasa y Círculo de Lectores, una ingente y preciosa obra en dos tomos: el primero, de 1.345 páginas, recoge las aventuras del hidalgo caballero y su fiel escudero; y el segundo, 1.967 páginas de estudios y comentarios de más de medio centenar de expertos, eruditos y escritores, además de mapas, anexos y grabados. Se trata del homenaje que la Real Academia Española de la Lengua, junto al Instituto Cervantes y la Obra Social La Caixa, rinden a esta pieza clásica de la literatura española cuando está a punto de cumplirse 400 años de la publicación de su segunda parte, allá por el otoño de 1615.
Para Rico, es la edición más rigurosa que se realiza aplicando todos los instrumentos de la filología moderna para lograr un texto lo más cercano posible al original. Con ello se ha conseguido el Quijote del siglo XXI, una versión para todos los tiempos y edades, en la que se analiza cada frase de Cervantes y se estudia cada paso del Caballero de la Triste Figura, “aunque nunca podrá existir una versión definitiva”.
Si este verano, este año o en esta vida tiene alguna tarea pendiente, nada mejor que conocer, comprender y disfrutar de la novela que ningún hablante del español debería ignorar, no sólo por enriquecimiento erudito, sino para valorar el idioma y la imaginación que comparte con Miguel de Cervantes Saavedra y otros autores de nuestra literatura más excelsa y universal. Dése el gusto.

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