Foto: Claudio Caballero
Muchas veces he recordado aquella noche de junio en la década de los setenta en la que un cantante, muy bien vestido para la ocasión, de terno oscuro y pajarita, actuó con su orquesta para un nutrido grupo de matrimonios en las fiestas patronales de mi pueblo. Fue en el recinto de verano del cine Avenida y, la verdad, no sé muy bien cómo yo me encontraba allí, junto a mis padres, si la actuación estaba reservada tan solo a los mayores de edad.
Aquel cantante se hacía llamar Antonio, a secas, y venía precedido de la fama que en esos tiempos otorgaba haber actuado en programas musicales de TVE como ‘Galas del sábado’, que presentaban Laura Valenzuela y Joaquín Prat, y donde interpretó en directo un tema propio, ‘Adelaida’, arropado por la orquesta dirigida por el maestro Rafael Ibarbia. Elegante junto a sus músicos, aquella noche veraniega el vocalista comenzó a desgranar su repertorio, dotado como estaba de una portentosa voz que, por momentos, y salvando las distancias, me recordó a la legendaria de Nino Bravo.
Antonio Fernández Martínez ha muerto este martes, en su Cieza natal, a los casi 80 años. Su carrera musical se inició a mediados de los sesenta como Tonio Fernán, nombre artístico que luego cambió por el de Antonio. Participó hasta en cuatro ocasiones en el por entonces prestigioso Festival de Benidorm. Y allí, en 1971, llegó a quedar clasificado en primer lugar, con la canción ‘Volveré mañana’, si bien el jurado lo descalificó alegando razones de incumplimiento de las bases del certamen.
Antonio había fichado por la discográfica EMI-Odeon, con la que publicó varios vinilos con desigual suerte. En 1976 dio por finalizada su trayectoria artística, tras sacar al mercado un Long Play, con otra compañía, en el que versionó temas de diferentes cantantes y compositores de éxito, como Danny Daniel o Manuel Alejandro.
Hay quien asegura que su definitivo despegue profesional no se produjo porque las sucesivas discográficas con las que grabó no apostaron de forma decidida por él. Que no arriesgaron demasiado con aquel chico nacido en la tierra del melocotón por antonomasia, que cantaba al amor imposible o a los trenes que todos perdemos a lo largo de nuestra vida.
En cualquier caso, Antonio Fernández, que será despedido por sus paisanos este miércoles, a las 11 horas, en la parroquia ciezana de San Joaquín, fue un claro exponente de la denominada canción melódica durante más de una década, con el respaldo y reconocimiento de sus incondicionales, que siempre los y las tuvo, y que lo apoyaron en sus numerosas actuaciones en directo por todo el país, como aquella que yo presencié una noche de junio, siendo un crío, en el cine de verano de mi pueblo, en la lejana década de los setenta y que con tanta nostalgia ahora recuerdo.
