Revista Infancia

Apego y sueño

Por Babytribu @babytribu

Hola queridos lectores, para el post de hoy nos apetecía hablar de la relación que existe entre el apego y el sueño de nuestros pequeños…. Por ello decidí preguntar a una experta, la psicóloga Lucía Pastrana y también profe de nuestro Curso Online – Domir feliz: sueño y descanso en familia y esto fue lo que nos respondió…

Apego y Sueño por Lucía Pastrana
www.facebook.com/Lucia.Pastrana.Psicologa

En un post anterior ya expliqué en que consiste el vínculo de apego y las implicaciones que éste tiene en el desarrollo emocional de los niños.

En esta ocasión me gustaría hablaros de la influencia del tipo de vínculo que se ha establecido con el sueño de los niños.

El vínculo de apego es el lazo emocional que establecemos con nuestros cuidadores desde el nacimiento y que se prolongará  a lo largo de todo el ciclo vital.  Somos seres sociales que necesitamos de un otro para poder cubrir nuestras necesidades, especialmente en la infancia.

Este vínculo creado hace que los niños pongan en marcha conductas para mantener a su cuidador principal cerca (llorar, sonreir, seguirle, llamarle, sentarse encima…). Para ellos, la proximidad de la figura de referencia asegura que sus necesidades estarán cubiertas.

Cuando hablamos de necesidades, no nos referimos exclusivamente a las fisiológicas (alimentación, higiene, sueño…) y a las de protección (ante los peligros reales o imaginarios). Son igual de importantes necesidades tales como explorar el entorno, jugar y establecer relaciones afectivas.

Y las necesidades no implican únicamente el día. Los niños también nos necesitan de noche. Por este motivo, las conductas de apego se pondrán en marcha a la hora de dormir y durante los despertares nocturnos.

Distinguimos cuatro estilos de apego en función de las conductas de los cuidadores: seguro (cuidadores disponibles y sensibles a las necesidades del bebé), evitativo (cuidadores centrados en lo físico y lo material pero no disponibles emocionalmente), ambivalente (cuidadores poco predecibles, en ocasiones disponibles emocionalmente y otras no) y desorganizado (los cuidadores son fuente de miedo y desprotección).

Dado que el vínculo de apego es tan relevante para el bienestar y desarrollo de los niños, se está estudiando si éste influye en la calidad del sueño infantil. Se ha observado (McNamara et col. 2003) que los bebés con apego evitativo se despiertan menos que aquellos cuyo apego es ambivalente. Esto puede deberse a que los bebés con apego evitativo no esperan el consuelo de sus madres, mientras que los bebés con apego ambivalente buscan a mamá pero son difíciles de consolar, ya que esta no está disponible de una manera constante y consistente.

Todo esto nos pueden ayudar a entender que para los niños dormir es separarse de los padres y que ante esa separación tienden a poner en marcha conductas para evitarla. Si le unimos la falta de recursos propios para relajarse y conciliar el sueño, podremos hacernos una idea de lo mucho que nos necesitan para dormir.

Dejar llorar a los niños para que se acostumbren o aprendan a dormir solos, nunca es una buena medida. El mensaje que les estamos dando con esa actitud es que no estamos disponibles emocionalmente para ellos.

El sueño irá evolucionando con el desarrollo de los pequeños hasta ser igual que el de los adultos sin que tengamos que hacer nada especial para que esto sea así.

La principal tarea que tenemos como padres es la de sentar una base de seguridad y cariño que les permita crecer y convertirse en futuros adultos autónomos.


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