Revista Educación

Appletiser

Por Siempreenmedio @Siempreblog
Appletiser

Tengo un problema de adicción a la bebida. No a toda la bebida, a una en particular. Se llama Appletiser y es una bebida gasesosa de manzana que un inmigrante franco-italiano creó en Sudáfrica y fuera del continente se popularizó en Japón y Canarias. El principal contratiempo con esta bebida es su escasa disponibilidad en Barcelona, donde vivo. Así que en mis visitas a las islas (a las canarias, no a las niponas) la consumo de manera compulsiva. Parte del inconveniente ya no es tal, pues la compañía dueña de la marca, la estadounidense Coca-Cola, ha decidido comercializarla en el resto del país/estado/nación.

La mejor dulcería de mi pueblo la fundó un alemán nacido en una ciudad que ahora es polaca y que acabó en Tenerife porque la Primera Guerra Mundial estalló cuando él hacía escala de camino a Camerún. En este caso sí supone un problema no disponer de sus dulces, así que no pienso en ellos hasta que vuelvo. En mi caso, la diabetes es cuestión de familia, y las cosas de familia se hacen bien o no se hacen.

Soy canario, de eso no hay duda. Aunque no me guste mucho el gofio, las papas arrugadas me resulten sosas, las murgas me aburran y las comparsas me aturdan. Aunque nunca haya hecho surf y en mi pueblo nunca, NUNCA, sobre una rebequita. Soy canario. Supongo. Si de algo no hay duda es de que no termino de tenerlo claro.

Le tengo miedo al cambio, a lo nuevo, y no he viajado lo suficiente. Así que tengo más de alto y rubio que de ciudadano del mundo. Pero no soy tonto y pido una cosa, ahora que se me acaban las vacaciones y le digo adiós a la familia, a las litronas de Appletiser y los dulces de Casa Egon y le digo hola a la rutina, el trabajo y el tráfico matutino. Les pido solo una cosa a todos esos de las banderitas y las identidades, las peleítas de campo de fútbol, a los patriotas, a los nacionalistas, a los que creen que son dos cosas distintas. Les pediría que no se flipen, pero sé que es imposible, así que simplemente les ruego que no molesten.

Háganlo por mí, que estoy blandito.

Gracias.


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