Al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 no me lo contaron, lo viví.
En estas líneas, pretendo rescatar y compartir algunas vivencias que hoy pueden parecer políticamente incorrectas, pero es lo que sentí, vi y escuché.
Aclaro que lo que voy a contar es en parte la visión de un chico de 17 años de aquella época, que nació y vivió siempre en la Ciudad de Buenos Aires en el seno de una familia tipo, de la llamada "clase media argentina".
El gobierno que encabezaba María Estela Martínez de Perón,-Isabelita- era un verdadero caos. Una mujer que evidentemente nunca estuvo capacitada para ejercer ese cargo. Asumió la Presidencia de la Nación al fallecer su esposo el 1 de Julio de 1974.
LA GUERRILLA ASESINA Y EL CAOSEn Argentina reinaba la violencia política. Por un lado, la guerrilla de izquierda que ponía bombas, asesinaba, secuestraba y torturaba a civiles y fuerzas de seguridad, y por el otro las fuerzas del Estado que las combatía junto a organizaciones parapoliciales.
Todos los días ocurría algún hecho de violencia armada: asesinatos y secuestros de militares, policías, políticos, gremialistas, empresarios, sacerdotes, religiosas y civiles. Todas víctimas de la guerra desatada por las organizaciones terroristas contra el gobierno constitucional.La conducción económica era pésima. Se establecieron precios máximos, que generaron desabastecimiento y mercado negro. Se estatizaron los canales de televisión y las compañías de electricidad, entre otras empresas. Las huelgas y los reclamos gremiales crecían. A mediados de 1975 ocurrió el primer gran golpe inflacionario de la historia Argentina. El "Rodrigazo", tomó el nombre de Celestino Rodrigo, ministro de economía que se encargó de ejecutar semejante ajuste. De un día para el otro, las tarifas de los servicios públicos subieron entre un 200 y un 400%.Todo se derrumbó. Había suspensiones y despidos. Se retrajo notoriamente el consumo. Nunca había ocurrido algo tan abrupto e inesperado.
López Rega, apodado el "brujo", fiel colaborador del matrimonio Perón y hombre influyente en el gobierno de "Isabelita", lideraba la organización parapolicial autodenominada triple A (Alianza Anticomunista Argentina). Ocupó el Ministerio de Bienestar Social y protagonizó uno de los papelones más grandes de la historia argentina: fue ascendido de un plumazo de Cabo de la Policía (grado que tenía en el primer gobierno de Perón), a Comisario General de la Policía Federal.
Por problemas de salud de la presidente, Italo Luder asumió interinamente por un mes en su reemplazo. Firmó los decretos creando el Consejo de Seguridad Interior dando la orden de aniquilamiento de la subversión. Quizás pudo haber evitado el golpe si hubiera aceptado la responsabilidad de dirigir los destinos del país. Años después confesó que no lo hizo por lealtad a la presidente.
EL GOLPEEn diciembre de ese año, un grupo de oficiales de la Fuerza Aérea encabezados por el Brigadier Capellini, se sublevó contra el gobierno pero la rebelión fue sofocada en pocas horas.
Ese fin de año se percibía que en cualquier momento iba a pasar algo.
Pasó el verano y entramos en la cuenta regresiva. Los políticos no sabían qué hacer. Nadie aportaba nada, ni oficialistas ni opositores. Recuerdo dos frases que se dijeron en esos días: "no traigo soluciones" (Ricardo Balbín, líder de la UCR, después de salir de una reunión en Casa Rosada) y "Yo me borro" (Casildo Herreras, conocido gremialista peronista, que cruzó el charco rumbo a la otra orilla).
En esos días nos enterábamos lo que sucedía por Radio Colonia y la particular voz de Ariel Delgado. En el Congreso varios legisladores se estaban llevando sus cosas antes de que fuera tarde.
La suerte del gobierno estaba echada. Llegó el 24 de Marzo. Ninguna manifestación ciudadana salió a defender al gobierno constitucional. Aunque faltaban pocos meses para las elecciones, el hartazgo ciudadano colaboró y animó a los militares a tomar el poder.Se consumó así otro golpe de Estado. Como otras veces, contó con el beneplácito de buena parte de la población.
Los militares eran vistos como la herramienta necesaria para reestablecer el orden cuando los gobiernos se descarriaban. Se los veía como una opción política más para ejercer el gobierno.
Ese día entre los comunicados militares escuché frases como "por fin la echaron". En las calles de la Ciudad se respiraba cierto alivio, y cierto temor en las reparticiones públicas.
Era otra época y otra sociedad. Es probable que lo que sucedió en la Capital, no fuera así en otras partes del país donde la gente tuvo otras vivencias. Estábamos al tanto de enfrentamientos, pero no de todo lo que después salió a la luz.
En esos días Ernesto Sábato dijo: "Todos nosotros deseábamos que se terminara ese vergonzoso gobierno de mafiosos. La inmensa mayoría de los argentinos rogaba por favor que las Fuerzas Armadas tomaran el poder". * El lector podrá seguir a Buena Data en: YouTube: /BuenaDataOk Instagram: @buenadata Twitter: @BuenaDataOk Facebook: @BuenaDataOficialCasi todos los diarios locales y varios internacionales elogiaron el golpe y el accionar de los militares.
