Revista Arquitectura

Narrar como Habitar: Narrar es un Oficio Inquieto y Antiguo, como las Ciudades...

Por Arqmarlis
Narrar como Habitar: Narrar es un Oficio Inquieto y Antiguo, como las Ciudades...Narrar como Habitar: Narrar es un Oficio Inquieto y Antiguo, como las Ciudades...Narrar como Habitar: Narrar es un Oficio Inquieto y Antiguo, como las Ciudades...
Narrar como Habitar: Narrar es un Oficio Inquieto y Antiguo, como las Ciudades...Narrar como Habitar: Narrar es un Oficio Inquieto y Antiguo, como las Ciudades...
Narrar como Habitar: Narrar es un Oficio Inquieto y Antiguo, como las Ciudades...Narrar como Habitar: Narrar es un Oficio Inquieto y Antiguo, como las Ciudades...
Narrar como Habitar: Narrar es un Oficio Inquieto y Antiguo, como las Ciudades...Narrar como Habitar: Narrar es un Oficio Inquieto y Antiguo, como las Ciudades...
"Narrar es un oficio inquieto y antiguo, como las ciudades. El contar la vida, la pasada o la posible es una forma de catarsis, una reflexión sobre el ayer, una invocación, un puente hacia el futuro. Al narrar se recuenta y se construye. En torno al narrador (el juglar, el filósofo, el artista, el poeta), la sociedad se congrega en un espacio público a imaginar historias, a pensarlas, a crear las propias.
A través de narraciones vamos viviendo las distintas etapas de la vida. Cuando somos niños nos dirigen al espacio de los sueños con historias, y son éstas las que nos llevamos en la mente no sólo al dormirnos, sino en la vigilia y durante toda nuestra vida.

Cuando crecemos, ya no nos conformamos con que nos cuenten, necesitamos ser ahora nosotros quienes inventemos lo que pasa. Nos volvemos protagonistas y nos hacemos adictos a las anécdotas.

Los griegos pensaban que las cosas ocurrían sólo para que los humanos pudieran contarlas. Así es, necesitamos reconocernos en nuestras mentes, en nuestros espacios, voltear atrás, rememorar y conmemorar. Acordarnos en conjunto de las experiencias propias y las de grupo. Finalmente la palabra “contar” tiene inmersos dos significados: el de narrar, pero también el de enumerar, el de pensar y calcular.

Así, las sociedades también se construyen de historias. Los imaginarios en los cuales están soportadas las mantienen unidas, cohesionadas en un mismo espacio al pasar del tiempo. La historia, las tradiciones, las promesas de campaña, las añoranzas, la idea de prosperidad, son narraciones que generan acciones en lo individual y en lo colectivo. Nos alimentamos de narraciones: la religión, la ciencia, la creación artística, la filosofía, cada una de ellas se expone al mundo también a través de historias.

Sin embargo, las historias dependen mucho de sus personajes, pero también de sus escenarios. Julio Sánchez Juárez, revolucionario en la enseñanza de la arquitectura en el Estado de Veracruz decía “la arquitectura es el escenario para la vida”; y tenía toda la razón. Dependiendo de las calles, los árboles, las luces, los tugurios, los parques, las casas, las azoteas; las historias serán distintas. Así también lo afirma Enrique Vargas, creador del Teatro de los Sentidos: “Se podría decir que la ciudad en que vivimos es nuestra coprotagonista, nuestra pareja de baile. ¿Sería yo el mismo si tuviera que bailar con Londres, con Sao Paulo, con Nairobi o con Bogotá?”1 . La ciudad es escenario pero también es el personaje que acompaña nuestra existencia en el mundo.
Vivimos, experimentamos, construimos, destruimos, recordamos y olvidamos, constantemente el acto de habitar se vuelve en un continuo crear historias, las individuales y las colectivas. Es ahí donde se construyen los imaginarios culturales y también sus topografías.
Así, la ciudad se construye a partir de sus muros y sus calles, pero también de sus mitos, sus memorias, olvidos y del deseo de futuro de sus habitantes. La ciudad tiene voz propia, habla a través de los edificios, de los grafittis, de los escaparates, de los artistas callejeros, de los malabaristas, de los tendederos y de las ventanas. Basta con que elevemos la mirada para descubrir una ciudad distinta que empieza a cobrar vida cuando nos fijamos en ella, en sus detalles, y empezamos a reconocer sus mensajes.
Existe siempre una ciudad afuera y otra dentro de nosotros. A veces ambas se vuelven una sola… una ciudad que siempre tiene algo que contar"
1 Vargas, Enrique. Teatro de los Sentidos. www.teatrodelosentidos.com
Texto y Fotografías de:
Harmida Rubio Gutierrez. Xalapa, diciembre 2010

Volver a la Portada de Logo Paperblog