Revista Viajes

Arañas, arañas everywhere (y mosquitos también)

Por Comolegaraholanda

Al igual que marzo es temporada de tulipanes y julio de fresas, en los Países Bajos septiembre es temporada de arañas. Es así y no hay más que hacerle. Así que si un buen día veis que vuestro edificio empieza a llenarse a un ritmo preocupante de estos pequeños insectos que no cunda el pánico, no sois víctimas de una plaga ni es necesario que busquéis un exterminador. Cuando llegue el invierno todas estas arañas se marcharán tal y como vinieron y el ciclo volverá a repetirse. Pero empecemos por el principio, pues lo que posibilita esta profusión de arácnidos no es otra cosa que la invasión de mosquitos de la que ya hablamos el año pasado.

Arañas, arañas everywhere (y mosquitos también)

Un nuevo inquilino en casa

Dicen mis colegas que este año no está siendo año de mosquitos en Holanda, no han visto tantos como otros veranos. Normal que vean menos: están todos en mi casa. Y es que en este rinconcito de cincuenta metros cuadrados del país la plaga está siendo más terrible que nunca. Nunca, nunca, a no ser que estés dispuesto a pasar el verano enclaustrado claro, repito, nunca te compres un primero en las inmediaciones de un canal. Y si un primero es tan problemático entonces las casas barco, tan bucólicas ellas, deben de ser el infierno en la tierra.
Otra cosa que se dice es que aquí los mosquitos apenas pican. Mentira, todo mentira. ¿O será que los holandeses, tan evolutivamente adaptados ellos, son inmunes a sus mosquitos como lo son a la lactosa? Cuando intenté comprar en la farmacia una loción protectora, tras mirarme con alucine, la dependienta preguntó si planeaba viajar a un país con malaria. A continuación pasó diez minutos buscando dicho producto a pesar de que estaba colocado, ocupando un estante entero, justo a su espalda. Que no fueron nada en comparación a la media hora que invirtió después en leer las etiquetas. O nadie había comprado un spray antimosquitos en años o la mujer no tenía muchas luces, la cuestión queda en el aire.
Cierto es que los mosquitos neerlandeses son menos agresivos que sus primos hispanos ya que de lo contrario, con tales bandadas en mi salón, no hubiera vivido para contarlo. Pero picar pican. Y tanto que pican. He padecido ya las picaduras más originales e inimaginables. Picaduras en las palmas de las manos. Picaduras en los callos de los pies. ¡Picaduras sobre otras picaduras! Picaduras que sueltan aguilla. Picaduras que sangran. Picaduras que se aplanan y oscurecen como manchas de nacimiento. Picaduras ásperas que emulan un brote psoriático. Conglomerados bulbosos. En una ocasión hasta me brotó un segundo codo.
Llegó a ser tal mi aspecto sarnoso que algunos compañeros de trabajo empezaron a solidarizarse y traerme artefactos para hacer frente a mis alados enemigos. Entre estos regalos se cuentan un repelente de ultrasonidos, que luego leí han sido prohibidos pues su efecto es absolutamente nulo y el Paraquito(TM), directamente importado de Italia y que consiste en una pulsera de estampado surfero que se recarga con pastillas de citronella. Diez veces más potente que los parches de citronella para el pijama del Xenos, aunque estos últimos tienen a su favor el venir en forma de smiley sonriente. Con un amalgama de todos estos productos más un killpaff de toda la vida traido ilegalmente de España conseguí mantener a los prolijos insectos alejados de mi piel (que no de mi pared, eso es tarea imposible). El problema está parcialmente resuelto si ignoramos el permanente tufo a citronella y la recogida masiva de cadáveres que he de llevar a cabo cada mañana, pues por algún motivo todos los mosquitos deciden morir en la misma ventana.

Arañas, arañas everywhere (y mosquitos también)

Mi pequeño arsenal


A pesar de ello aún tiemblo porque la segunda plaga está por llegar. Ya he visto los primeros ejemplares. Estamos hablando claro está de las arañas. Su lugar favorito: El exterior de tus ventanas. No se trata de de la típica araña casera de patas largas y cuerpo de cabeza de alfiler sino de arañas de exteriores, más compactas y robustas. La primera vez que las vi fue el año pasado puesto que en Aalsmeer, a pesar de vivir en plena naturaleza, nunca tuve noticia de esta invasión. Empezó en agosto. Un buen día divisé una de de estas arañas en el exterior de una ventana, tejiendo su tela paralelamente al cristal. Luego vino otra y tras ella tres mas. Llegados a cierto punto ya daba mal rollo abrir la ventana, así que decidí tomar cartas en el asunto haciendo algo que no debéis hacer jamás de los jamases. Agarré una aspiradora de mano, de estas que se usan para recoger las migas, me subí a un taburete y procedí a succionar a todos los indeseados inquilinos. Acabada la tarea volví a colocar el aspirador en su lugar habitual sobre la encimera de la cocina. Error. Segundos más tarde todas las arañas que había atrapado empezaron a emerger por la boquilla del artefacto, vivitas y coleando, desperdigándose por la cocina a gran velocidad y en todas direcciones posibles. Tras esta dantesca escena mi aracnofobia, hasta el momento moderada, se disparó de manera alarmante. ¿Acaso es para menos? Y las arañas consiguieron lo que no habían conseguido los mosquitos: que en casa dejaran de abrirse las ventanas. Y su población siguió creciendo y creciendo, tanto más ahora que había dejado de luchar contra ellas. Una vez apareció una tan gorda, plantada en medio y medio de un cristal, que cerré la persiana para no verla. Al levantar la persiana casi un mes más tarde la jodida seguía allí, pero el doble de grande y el triple de gorda. Así que dejé también de abrir las persianas tratando de ignorar la colonia que se estaba formando fuera. Y conforme las arañas aumentaban también lo hacía mi paranoia. ¿Estaba sufriendo una horrible plaga? ¿Me habían engañado vendiéndome una casa podrida, cuna de todos los bichos posibles? ¿Era todo mi culpa por no haber limpiado (ni pensado en limpiar) las ventanas en todo un año y ahora la plaga que había generado iba a asolar el edificio completo?
Arañas, arañas everywhere (y mosquitos también)
Debía consultar a los vecinos sin falta, aunque me aterrorizaba la idea de revelarme como foco de la supuesta plaga. Pero ya no quedaba otro remedio. Asi que allá fui, a casa de la presidenta de la (micro) comunidad a preguntar si en su casa también había arañas. ¿Y sabéis que me contestó? Como no podía ser de otra manera, recibí como respuesta el sempiterno encogimiento de hombros neerlandés, ese que hace que los extranjeros parezcamos seres que viven su vida permanentemente al borde del ataque de histeria.
Sí, hay algunas arañas en las ventanas. A veces pocas y a veces más. Cosas que pasan. ¿Por qué lo mencionas siquiera? Al parecer ella y el resto de los vecinos dejan a los arácnidos campar a sus anchas a lo largo y ancho de sus cristales. Dicen que no es conveniente matar a las arañas pues éstas se comen a los mosquitos. ¡Claro, era por los mosquitos! Cuando la ventana está cerrada éstos se dirigen igualmente a la luz, yendo a caer directamente en las redes de la araña de tu ventana. ¿Con semejantes banquetes, cómo no voy a criar arañas gordotas como capones? En mi caso la lección de ecología no vale, pues como no venga Ella-Laraña directamente desde su cueva de Mordor a ponerse bien las botas, la legión de arañas que se necesitaría para eliminar tremenda tropa de insectos haría peor el remedio que la enfermedad.
Los holandeses ven arañas como quien ve llover, lo de controlar las plagas no es cosa que vaya con ellos. ¿Que no las controlan? Bueno, a su modo lo hacen. El año pasado un artista holandés, suponemos que mirando a través de su ventana con decoración especial de otoño, tuvo la idea de intercalar una capa de tela de araña ente la dermis y la epidermis de un pedazo de piel humana. El engendro resultó ser a prueba de balas. Y un compañero de trabajo un poco peculiar ha contado exactamente veintisiete en una de sus ventanas. Aunque claro, cuando llueve la mitad son barridas y debe reiniciar la cuenta. Con estas ansias de exterminio es normal que el los Países Bajos tengamos una media de ciento treinta arácnidos por metro cuadrado. Al menos sabemos que es extremadamente raro que piquen a los humanos y en caso de hacerlo su picadura no es venenosa, pues pertenecen a la especie de la araña europea de jardin (¿¿jardin?? y yo pensando que vivía en la ciudad...)
Total, que venía a deciros que no os alarméis porque en cuanto el tiempo enfríe las arañas se irán. Pero justo hoy, limpiando bajo el fregadero, encontré dentro de un barreño a la madre de todas las arañas. Tan grande y tan fea era que al verla de lejos dudabas si era un ser real o una broma de carnaval. Menos mal que tenía visita y alguien más pudo ocuparse del asunto, de lo contrario hubiera huído de casa para no volver jamás. Y ahí dentro no hay mosquitos que entren ni árboles que atraigan a las arañas "de jardin". Así que me he quedado sin explicaciones ni moralejas. En Holanda hay muuuuchas arañas. Punto final.


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