Un simple paseo por Berlín te muestra los fuertes lazos de EEUU y Alemania, afirma en El Mundo ['Ich bin ein Berliner', 02/06/2017] la periodista Silvia Román, el cordón umbilical que les unió tras la Segunda Guerra Mundial, el amigo necesario al otro lado del Atlántico, la admiración por una y otra cultura: desde Checkpoint Charlie al Ayuntamiento de Schöneberg, desde cuyo balcón el presidente John F. Kennedy pronunció en 1963 su célebre frase "Ich bin ein Berliner" ("Yo soy un berlinés"). La canciller alemana, Angela Merkel, lo sabe mejor que nadie: creció en la RDA y pudo aprender inglés gracias a su madre, profesora de idiomas, que se lo enseñó en casa. Merkel no ha ocultado su admiración por el aliado americano. A Barack Obama le despidió con una cena íntima en el Hotel Adlon, junto a la Puerta de Brandemburgo. A Donald Trump, tras tres jornadas juntos en Bruselas y Sicilia, le ha dedicado palabras de guerra fría. Y Trump, a Merkel, agresividad en forma de tuit. El choque transatlántico es una realidad. Setenta años de relación se desmoronan. Soñemos con volver al espíritu Berliner.
Revista Cultura y Ocio
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