Dice el saber popular que la Historia la escriben los vencedores, aunque no siempre es así; en esta disciplina, como en todo en la vida, lo que sucede es que a veces se encumbra a figuras que quizá no merecieran realmente tal honor pero que con el tiempo se van mitificando y convirtiendo en leyenda. Por otro lado, en otras ocasiones, ciertas figuras que debieron merecer mejor suerte, o son olvidadas, o nos llegan tergiversadas en el mejor de los casos. Veamos una reflexión personal al respecto.
(Artículo publicado en "Diario 16" el día 15-5-2023 y disponible en este enlace.)A principios del siglo VIII en la anterior provincia romana de Hispania se asentaba un reino cuya historia se remontaba, con cambios y matices, desde como mínimo dos siglos antes, el reino de los visigodos. Este reino, heredero directo de la civilización romana en casi todo, lengua religión e instituciones, abarcaba en ese momento la casi totalidad de la Península Ibérica (con la excepción de algunas zonas norteñas más o menos leales dependiendo del momento) y también la zona de la Septimania en la antigua Galia, que es más o menos la zona del Mediodía francés, con ciudades como Carcasona o Narbona. Si bien en aquel momento este reino podría perfectamente ser considerado como un estado consolidado para los estándares de la época, la Alta Edad Media y los llamados "siglos oscuros", lo cierto es que políticamente era muy vulnerable, se regía por un régimen de monarquía electiva y en consecuencia debía hacer frente a constantes sublevaciones, intrigas, asesinatos regios e incidencias de todo tipo por doquier. No obstante, decir que el reino godo era débil no es correcto si tenemos en cuenta la realidad europea de la época y lo comparamos con otros reinos de entonces, como los reinos merovingios de la Galia o el de los lombardos en Italia, hay qee tener presente que hablamos de la Alta Edad Media.
Desde siempre, desde la historiografía internacional, se ha considerado que el fin del Imperio Romano de Occidente en el 476 es el momento del inicio de la Edad Media, mientras que la historiografía nacional pospone tal momento hasta el 711, momento de la invasión musulmana de la Península Ibérica; actualmente gana fuerza la idea de que el mundo antiguo no pasó directamente al medieval en 476, sino que derivó hacia un mundo tardoantiguo en el que, más o menos, se siguió con las cosas más o menos igual que hasta el momento como, por ejemplo, en lo que a relaciones comerciales, cultura o legislación se refiere. Un mundo de la antigüedad tardía que terminó de manera abrupta con la aparición de un poder novedoso que lo trastocó todo en un siglo entre los siglos VII y VIII, el Islam y su consecuencia directa, la posterior expansión musulmana por Egipto, el norte de África e Hispania. Es decir, si no hubiera aparecido este contrapoder inesperado, seguramente la transición al medievo hubiera ido de otro modo, pero la aparición de esta nueva potencia victoriosa envió al traste a todo lo establecido hasta la fecha, rutas comerciales incluidas, y obligó a Europa a cerrarse en sí misma.
En ese momento, a principios del siglo VIII, nos encontramos con que el reino godo de Hispania (o, como ellos mismos decían, de Spania), no era aquel reino decadente que se nos ha explicado, sino que era una realidad política acorde a su época y, como tal, no estaba exento de luchas intestinas entre distintas facciones. En aquel orden de cosas aparece la figura de Rodrigo, tradicionalmente considerado como el último rey visigodo y cuasi encumbrado a los altares por ciertas figuras y estudiosos, sobre todo, a partir del siglo XIX; ¿quién fue Rodrigo? por lo que se sabe, quizá fuera el Duque de la Bética que accedió al trono por elección en 710 aunque tuvo que hacer frente a una gran oposición desde el principio, cosa que hace dudar a bastantes historiadores sobre si realmente se le podría considerar como a un rey legítimo o como a un aspirante a la corona o, directamente, como a un usurpador. Lo que se sabe a ciencia cierta es que en 711 Rodrigo fue derrotado y muerto por los musulmanes de Tariq en una batalla campal en la que se le sublevaron las dos alas de su ejército, comandadas por los líderes de la facción rival, propiciando una victoria aplastante de los invasores y la consecuente pérdida del reino.
Muchos hemos leído alguna vez la historia del último rey godo, el rey Don Rodrigo, de cómo fue traicionado, vencido y muerto en la Batalla de la Janda (o Guadalete) y cómo la Península Ibérica fue invadida casi totalmente por los invasores árabes y bereberes poco después; esta historia ha sido repetida hasta la saciedad en innombrables libros de texto y repetida sin parar en el sistema educativo hasta calar de manera profunda en el imaginario colectivo, y es que lo tiene todo, épica, traición y muerte en batalla. Ahora bien, resulta que las últimas investigaciones relatan que en la época de Rodrigo no había un único rey godo en Spania, sino dos enfrentados, y que la Tarraconense y la Septimania, según parece por las evidencias halladas, estaban gobernadas por otro rey, Agila II, un rey que falleció en 713 y que fue sucedido, según parece, por Ardón, rey que gobernaría un reino visigodo cada vez más exiguo hasta su fallecimiento en combate, seguramente defendiendo Narbona del invasor, en 721.
Es decir, tenemos por un lado una figura que se convierte en legendaria, Rodrigo, cuyo reinado duró un escaso año y del que no se conoce de iniciativa legislativa o de gobierno alguna y que fue derrotado en una batalla campal por la traición de los suyos y, por el otro, tenemos a un rey, Ardón, al que le tocó luchar para defender lo que iba quedando de su reino durante unos ocho años y del cual no se sabe nada excepto las fechas. Si comparamos los teóricos ocho años del reinado de Ardón con la duración del reinado de otros reyes godos, veremos que la duración de su reinado es superior a la duración del reinado de algunos reyes godos "consolidados", y ello, teniendo en cuenta que muchos reyes eran depuestos o asesinados, nos podría indicar que seguramente fuera un líder capaz que supo resistir durante ocho años a una invasión a todas luces imparable, y ocho años es bastante tiempo, sea en el siglo VIII o en el XXI.
Desgraciadamente, no sabemos nada sobre Ardón, las fuentes son muy escasas; no sabemos qué hizo aparte de defender un territorio cada vez más pequeño ni tampoco sabemos cómo murió, aunque se puede suponer que no fue de manera plácida. Y ello me induce a hacer una reflexión, si una figura como Rodrigo, con los componentes que antes he relatado, ha sido casi glorificada por una historiografía romántica e interesada y otra figura como Ardón, que debería tener su parte del pastel en este relato, ha sido casi totalmente olvidada, ¿qué parte de la Historia que se nos cuenta y referida a épocas diversas será realmente cierta? o, yendo un poco más allá, si lo valoramos en atención a la tarea desarrollada por una u otra figura, ¿quién se merecería más el calificativo de último rey de los visigodos, Rodrigo o Ardón?
Permitidme que por esta vez haya cambiado la temática de mi artículo, pero es que la dicotomía entre Rodrigo y Ardón también se puede llevar a otros órdenes de la vida, ya que desgraciadamente no siempre quien más hace acaba consiguiendo el reconocimiento merecido y a veces tendemos a glorificar figuras y situaciones que quizá no lo merezcan por lo que a menudo hay héroes anónimos que realizan el trabajo sucio pero que son simplemente olvidados. Así es la vida actual pero así lo era también en el siglo VIII.
Tortosa.,14-5-2023 Economista CEC núm 13147.Llicenciat en ADE i en ITM i diplomat en Ciències Empresarials. Treballo en el sector financer des de 1989. He obert aquesta finestra per compartir amb vosaltres opinions i temes d'interés, sempre de manera constructiva; espero us agradi. Licenciado en ADE y en ITM y diplomado en Ciencias Empresariales. Trabajo en el sector financiero desde 1989. He abierto esta ventana para compartir con vosotros opiniones y temas de interés, siempre de manera constructiva; espero os guste.