Revista Ópera
Junto a Orlando, Rinaldo y Giulio Cesare, Alcina es una de las óperas más redondas de Haendel, la calidad de su música es extraordinaria, podemos recordar, a título de ejemplo, arias como Verdi prati..., Ah Ruggiero crudel... Ombre palide..., Ah mio cor!..., Mi lusinga il dolce affetto..., o Tornami a vagheggiar, y cualquiera de ellas se merece pasar por mi bloguera colección de arias favoritas (alguna, de hecho, ya ha estado); sin embargo, en estos momentos, Mio bel tesoro, un aria que canta Ruggiero en el segundo acto, es, con la intervención de dos flautas de pico, la que me lleva el huerto. Es aparentemente muy simple, una hermosa melodía y un delicado acompañamiento para una línea vocal que, aunque no carece de ornamentaciones, no es ni la mejor, ni de lo más exigente de esta ópera ni de lejos y, además, permite distinguir perfectamente entre un buen ejecutante y un buen intérprete y, vuelvo a recordar, es con la que estos días me voy al huerto, rebosante de pepinos, calabacines, lechugas y tomates.
Propongo dos versiones, la de Ann Hallenberg en el año 2005 con Paul McCreesh y la de Teresa Berganza en Aix-en-Provence en el año 1978 con Raymond Leppard, a ver con cuál os quedáis:
RUGGIERO
Mio bel tesoro, fedel son'io, al ben, che adoro,
all' idol mio prometto fè (ma non a te).
Il caro amante non segue il piede,
e fido resta (ma no con te),
con chi li chiede costante e mesta pace e mercè.
Mio bel tesoro, ecc.
