"Un pueblo
desolado, abandonado, invadido por el silencio, los ovillos de maleza
rodadora y las arenas del desierto
cercano. Sin un alma. A lo lejos, se
levantan tolvaneras de polvo y arena. Hace un calor agobiante.
De vez en cuando
se dejan ver algunos cactus aislados. Testigos mudos de una naturaleza que se
escatima, se levantan solitarios dando al paisaje un toque de verdor que
contrasta con el ocre amarillento de las piedras calcinadas por el sol. Es una
vegetación rala que confiere al conjunto el valor escénico de una
decoración minimalista de cartón piedra.
Las moscas que revolotean bajo el sol que se va dejan oír una y otra vez su obstinado zumbido, poniendo una nota monocorde en el silencio de la tarde. Es la letanía terca de un día más que se acaba." Fragmento de un relato perteneciente a "De vaqueros y fronteras" .
