Arqueología
Sucedió en el año cuatro antes de Youtube, un día de finales de mayo. Mario Muchnik llegó al estudio sudoroso y agitado, como si hubiera subido en diez zancadas los cinco pisos del Círculo de Bellas Artes. Vestía una camisa azul con las mangas remangadas. Tenía su pelo blanco revuelto y una energía juvenil encerrada en su cuerpo septuagenario.
Yo había heredado la presentación de “Círculo abierto” de Urko Gabilondo, que estaba cansado de las promesas incumplidas de un director que presumía de poeta pero amaba ser César por encima del mejor verso. Comencé a entrevistar a Mario protegido tras “Memorias de un librero”. Era un guiño cómplice a su trabajo como editor y Mario lo reconoció enseguida.
No volvimos a encontrarnos nunca más. Pero he vuelto a pensar en él y en aquella entrevista muchas veces. Mario había dedicado toda su vida a la edición de libros. Y allí estaba, defendiendo con pasión los cuatro títulos que había traído bajo el brazo, convertido en un joven editor independiente sin caseta en la feria.
Eso es lo que es ahora Jan Martí, fundador de la editorial Blackie Books. Como el veterano Mario, Martí cree en lo que edita. “El día que publiquemos un libro para rellenar católogo esto se habrá acabado”, leo en una entrevista de Amador Fernández-Savater a un Jan Martí que no quiere ser un cínico. “Sólo mueren las medias tintas, los libros mal hechos y las editores sin ideas”. Ojalá fuera cierto.
La revolución digital permite ver a los editores como un trámite prescindible entre el autor y sus lectores. Al fin y al cabo no todos los editores sueñan y los que sueñan no pueden vivir sin calculadora. Pero sin editores como Mario y Jan, como Muchnik y Martí, nos quedaríamos sin los exploradores que nos descubren los libros que nos hacen soñar.
Pd.: Si tenéis paciencia y tiempo, podéis hacer el ejercicio arqueológico de escuchar la entrevista que hice a Mario Muchnick en estos dos enlaces: (1ª parte) y (2ª parte).
24/8/10 (año V D.Y.)