Revista Arquitectura

arte, vida y arquitectura

Por Luiscercos
arte, vida y arquitectura En contadas ocasiones la arquitectura se transforma en arte. No siempre lo es. Con las corridas de toros ocurre lo mismo. Por cierto ayer el parlamento catalán, una parte importante de España pero no más ni menos que cualquier otra, las ha prohibido a partir de 2012 por 68 votos contra 55.
Podría hoy hablar de una cosa (la prohibición) o de la otra (Cataluña vs España), pero prefiero centrarme en un debate más amplio y, para mí, mucho más interesante en la medida en la que nos ayuda a replantearnos nuestra verdadera posición como estudio de arquitectura: ¿qué tipos de funciones cumple el arte?, ¿quieren nuestros clientes que les entreguemos una obra de arte o por el contrario, simplemente un edificio funcional, ajustado en plazos y costes?
El hombre moderno (genérico que incluye, por supuesto, también a las mujeres modernas) acumula tensión con sus obligaciones domésticas y laborales. Tomando lo cotidiano como escenario de la vida, el arte (o las expresiones artísticas) pueden o pudieran ofrecerle un efecto balsámico, proporcionando alivio, relajación y estímulos. Es sencillo encontrar esas sensaciones en las artes denominadas temporales: la música, el teatro, el cine, la danza (la tauromaquia, incluso), pero no es la única manera de conseguirlo. La arquitectura, al domesticar y moldear el espacio que nos rodea, tiene mucho que decir a este respecto. También el deporte, en la medida en que algunos deportistas son capaces de practicar su disciplina de una manera mucho más personal y creativa que el resto de sus colegas, generando en el público que los sigue, sensaciones de satisfacción, placer o admiración.
La respuesta, por tanto, es sí. Sí. No sólo debemos entregar edificios funcionales y ajustados en precio y plazo, sino que debemos intentar generar en los usuarios de nuestro trabajo sensaciones que les permitan sobrellevar las circunstancias que los definen como hombres y mujeres.
El arte o el camino que nos conduce hacia él es más una cuestión de estética que de ética. Más de forma que de función. Más de lírica que de pragmatismo.
O al menos nosotros, lo vemos así.
Luis Cercós (LC-Architects)
http://www.lc-architects.com/
luiscercos@hotmail.es

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