Revista En Femenino

Así fue mi parto inducido de mellizos

Por Clara Ingeniera @mamaingeniera

Relatar este parto inducido de mellizos no va a ser tarea fácil. Las hormonas postparto han hecho que tenga lagunas y además, todo sucedió tan rápido que en ocasiones me cuesta ordenar cronológicamente todo lo que pasó.

De todos modos, sé que este post es un post muy esperado, así que, allá voy. Te aviso que al final del post tienes una sorpresa en forma de vídeo (si es que no lo has visto ya).

Me programaron la inducción para el lunes 25/06 del 2018 que estaría de 37+4 semanas, día perfecto teniendo en cuenta que queríamos que Bichito siguiese adelante con su rutina diaria de guardería a lo largo de esa semana. Y como no era mi primer parto inducido, ya sabía a lo que iba.

Aunque a lo largo de todo el embarazo (y eso lo puedes ver en los vídeos semanales que subía a Youtube), tuve varios sustos por acortamiento de cuello del útero, en ningún momento tuve que hacer reposo ni nada. Vida normal.

Tenía muchas contracciones de Braxton Hicks, pero en varias visitas a urgencias se comprobó que no eran efectivas. Pues bien, resultó que las de los últimos días, sí que eran efectivas.

Pero no tuve dolor de contracción como tal en ningún momento. El peor dolor que recuerdo de los días anteriores a la inducción fue un episodio de contracciones que duró tan solo 15 minutos con un dolor similar al de la regla. Nada más.

Ingreso en el hospital para inducción de parto

Cuando llegamos al hospital de la Vall d’Hebrón a las 8 de la mañana, me dieron la ropa que tenía que ponerme y me metieron en una sala de dilatación. Esta sala estaba puerta con puerta con el quirófano dónde yo daría a luz. Al ser gemelar, las probabilidades de cesárea son muy altas y ya estás allí por si las moscas.

Lo primero que hicieron fue ponerme la vía, los monitores y tomarme la tensión. Todo muy rutinario, aunque para mi sorpresa, nadie me hizo ningún tacto para ver como estaba ni nada.

En el parto de Bichito, al ingresar y darme la bata me miraron por primera vez para ver el alcance de la inducción.

Yo pensaba que la cosa iría para largo y a las 9:30h de la mañana me zampé un bocadillo de tortilla de patata que me supo a gloria. Tengo que añadir que diez días antes del parto me diagnosticaron diabetes gestacional, pero ya no daba tiempo a empezar con controles y con insulina en caso de ser necesario. Únicamente tenía que vigilar mi dieta, así que estos últimos días me estuve privando de muchos caprichos.

Sobre las 10 y algo de la mañana, vino una enfermera (o matrona, no tengo ni idea porque allí no se presentaba ni el tato), a la que le pregunté cómo se llamaba y qué me iba a hacer.

Empieza mi parto inducido de mellizos

Me comentó que iban a ponerme prostaglandinas para empezar la inducción. En el parto de Bichito me ponían una pastilla cada 4 horas, en este caso era una especie de tampón único que serviría hasta 48 horas.

La enfermera lo preparó todo, me hizo un tacto y dijo que el cuello no estaba borrado pero que había 1cm o 2cm de dilatación. De repente se marchó dejando el tampón por ahí encima y sin ponérmelo.

Al cabo de unos 15-20 minutos, viene otra enfermera que tampoco se presenta y le digo que la anterior se ha ido sin más sin ponerme el tampón. Esta coge el Propess (creo que se llama) y lo que yo pensaba que era una colocación del tampón, estaba siendo un tacto.

Lo hizo sin informarme de que lo haría y me hizo bastante daño (segundo tacto del día en menos de media hora). Creo que como mínimo, debía haberme avisado de que lo haría. Pero antes de que pudiera quejarme del dolor, ella exclamó:

“Joder! pero si estás dilatada de 5cm! Quién te ha hecho el tacto antes? Ya estás de parto, no pondremos prostaglandinas, pero vaya, te has comido un bocadillo hace nada, así que si se acelera el parto y quieres epidural, podemos tener problemas”.

Cambio de planes, empezamos con oxitocina y rompen bolsa

Sería cerca de las 11 de la mañana, así que decidieron ponerme una dosis bajita de oxitocina para que mi cuerpo fuese trabajando. Además, vinieron 2 o 3 ginecólogos, entre ellos el maestro de ceremonias que se presentó muy amablemente y me dijo que no me asustase llegado el momento del parto porque habría mucha gente, pero que era normal, simple protocolo. Él iba a ser el ginecólogo de mi parto.

El resto de ginecólogos entiendo que eran residentes por lo jóvenes que eran y por las indicaciones que recibían. Se disponían a romperme la bolsa SIN DECIRME NADA.

Yo conocía el palitroque ese largo del parto de Bichito y aunque sabía lo que me iban a hacer les dije “perdón, qué vais a hacer?” para ver si sentían un mínimo de culpa de no estar informando a su paciente. Me respondieron sin más y siguieron con la faena.

Con la bolsa rota y una pequeña dosis de oxitocina puesta, en cuestión de una hora ya estaba dilatada en 6-7cm. Sí, la enfermera me hizo otro tacto más para comprobarlo.

A todo esto, quiero añadir que el aire acondicionado no funcionaba y yo me moría de calor. Maridín me mojaba la cara y yo no dejaba de abanicarme. Además, ya me prohibieron beber agua y tuve que empezar a tomármelo todo con humor (podéis verlo en los destacados de mi Instagram).

Las contracciones que empecé a experimentar, apenas dolían. Ocurrían cada 5-7 minutos y eran como un dolor de regla. No más.

Me dijeron que si quería epidural, habría que ir llamando a la anestesista porque mi parto estaba yendo muy rápido, así que les dije que SÍ QUE QUERÍA EPIDURAL.

Epidural en un parto inducido de mellizos

Con el trauma que tenía después del horrible parto de Bichito, no me planteaba parir sin epidural.

Sabía que se intentaría un parto vaginal porque el bebé número uno, en este caso, Liv, estaba en cefálica, perfecta para salir. El segundo bebé no era problema porque ya tendría espacio para darse la vuelta.

Antes de que llegase la anestesista, tuve tres contracciones muy dolorosas. No más. Ese fue todo el dolor de mi parto. Y cuando las sentí pensé “por Dios, ¡qué se de prisa la mujer esta!!” ¡Ja ja! Además, quise levantarme a mear al wc y me sugirieron que lo hiciese en una cuña.

Me negué. Llevaba un montón de horas quieta solo para que no se perdiera la señal de los monitores, pero necesitaba levantarme, hacer un pipí en condiciones porque no sabía cuando podría volverme a levantar. Y a regañadientes de las enfermeras, lo conseguí.

Cuando llegó la anestesista también se presentó muy amablemente. Tanto ella como el ginecólogo de mi parto fueron los únicos sanitarios de todos los que me crucé aquel día que se presentaron. Muy fuerte.

Lo preparó todo y me iba explicando qué me haría. Le expliqué que me hicieron mucho daño poniéndome la epidural de mi primer parto y que a día de hoy me seguía doliendo ese punto. Ella me explicó que me pondría un poco de anestesia local y después la epidural.

Una maravilla.

A ver, que te pongan la epidural molesta, pero no me dolió. Así como en el parto de Bichito grité del daño que me hicieron, esta chica lo hizo estupendamente. Le di las gracias por ello y reconocí su buen trabajo.

Subieron la dosis de oxitocina a tope

Sobre las 13h del mediodía le dije a maridín que se fuera a comer, porque después de otro tacto (sí, otro), ya estaba de 7-8cm.

Alguien dijo que en cuestión de una hora o poco más ya tendría a mis bebés conmigo.

Hasta el momento no había sentido más dolor que el de los tactos y las 3 contracciones, así que estaba feliz. Les recordé que me tenían que sondar porque una vez está la epidural puesta hay que hacerlo cada dos horas (así lo explicaron en el curso de preparación al parto al que fui embarazada de Bichito).

Pasó una escasa media hora y volvieron a hacerme otro tacto. Yo no dejaba de quejarme a maridín de que se estaban pasando con los tactos, pero él decía “es que vas muy rápido cariño, es normal!”. No sé yo, pero tenía tantas ganas de acabar con ese embarazo que me dejé hacer. Ya estaba de 9cm así que el parto sería en breve.

Empecé a ponerme nerviosa y a revivir malos recuerdos.

El parto de Liv

Sobre las 15:15h volvió la enfermera tacticida a ver cómo iba. Me metió la mano hasta el codo y empezó a gritar:

GENERAL! GENERAL!

Y se fue corriendo sin decir absolutamente nada. Yo me quedé con cara de pepinillo y le dije a maridín que eso debía significar que ya estaba a punto, pero me pareció horiblemente mal que no me informase y se fuese gritando. Podría haberme asustado innecesariamente.

Efectivamente, estaba a punto del expulsivo y en un visto y no visto, me cambiaron de camilla y me llevaron a quirófano.

Dejaron a maridín cambiándose de ropa y gracias a que yo podía mover las piernas, pude ayudar a cambiarme de camilla al llegar a quirófano.

Pasaron los minutos más largos de mi vida en los que empezaron a decirme que pujara sin que maridín hubiese entrado. Yo les decía que no, que faltaba maridín y alguien fue corriendo a por él.

Con la epidural puesta yo no sentía las contracciones, no sentía dolor, pero era totalmente capaz de focalizar mi mente en mi suelo pélvico y apretar. Nadie nunca me enseñó a pujar, nadie. Busqué cómo se hacía en Google y así aprendí. Así es la vida.

Pedí que por favor me incorporasen porque quería pujar semisentada. Nadie me hizo caso. Solo la anestesista que estaba ahí a mi lado por si tenían que meterme más caña en caso de cesárea me puso una almohada. Así que vi que iba a parir más horizontal que vertical. Me resigné porque no estaba para discutir.

Me avisaban cuando venía una contracción y entonces yo pujaba. Fueron 3 contracciones con 3 pujos en cada contracción. No llegaría a los 5 minutos y noté como salió la cabeza de Liv. Enseguida me la pusieron encima en un piel con piel fallido (nadie me ayudó a quitarme la bata y eso que cuando llegué allí hice por bajármela).

Lloraba desconsolada y yo flipaba en colores. Trajinaban por abajo mientras me emocionaba con mi niña que tenía la cara algo desfigurada de haber estado encajada tanto tiempo. E hinchada, estaba muy hinchada.

Una vez sacaron la placenta, me quitaron a Liv de encima porque íbamos a por el siguiente.

El parto de nalgas de Liam

Cuando Liv salió, Liam que también estaba en cefálica se dio la vuelta.

Pensé que no me iba a librar de una cesárea pero vi que el ginecólogo (el maestro de ceremonias, artista y lo más top de ese hospital) se puso a menearme la barriga. Creí que estaría dándole la vuelta a Liam para sacarlo de cabeza, así que le dejé hacer.

Enseguida me dijeron que pujase de nuevo. Esta vez aún pujé menos. 3 pujos en 2 contracciones y salió Liam. No lloraba mientras lo tuve encima y las pediatras se acercaron.

Hacía una especie de quejido, pero no arrancaba a llorar. Me dijeron que lo iban a estudiar y le pedí a maridín que se fuese con los bebés que yo ya estaba bien.

Volvieron a toquetearme la barriga y le pregunté a una de las (creo) residentes que qué estaba pasando a lo que me dijo:

“Te paso el parte. El nene se ha dado la vuelta al salir la hermana, así que has tenido un parto de nalgas. Además, no ha habido episiotomía, tan solo un pequeño desgarro que con 3 puntos ya estará listo”.

Fue tanta la alegría que sentí porque no se repitiese la carnicería del parto de Bichito que automáticamente les perdoné todo. Que no se presentasen, que me hiciesen cosas sin pedirme permiso ni informarme, etc.

Cuando vi que me estaban cosiendo le dije a la que estaba por allí abajo que me lo dejase bonito. Debió flipar conmigo, pero de verdad, estaba FELIZ con ese parto indoloro.

Volví a la realidad sin Liam

Me di cuenta entonces que maridín estaba con los bebés a los que les estaban haciendo las pruebas típicas de recién nacido.

Me había quedado sola de repente en manos de la que me cosía la pochorreta. Todo el mundo estaba pendiente de Liam que no lloraba.

Decidieron que lo mejor sería ingresarlo en la UCI para controlarle y si por algo decidí parir en ese hospital, fue por su UCI. Solo había tenido en mis brazos a Liam escasos segundos pero ya estaba deseando que se lo llevasen para que revisaran que estaba bien.

Volví a la sala de dilatación a la espera de que me dieran una habitación con Liv. Ella y yo solas.

No tuve ayuda de nadie para cambiar de postura o enganchármela al pecho. Suerte que ya iba curtida y me la pude poner yo sola, pero directamente se olvidaron de mí. Aún no sentía las piernas y era incapaz de moverme en la cama yo sola.

Hablaba con maridín por teléfono porque me ponía al día de cómo estaba Liam. Le pusieron oxígeno al mínimo porque tenía mucho moco en el pecho y lo tuvieron en observación.

No sé si le dieron algo de comer, pero en una de esas que maridín vino a traerme agua y volverse a ir me dijo que había visto que le ponían un chupete. Yo le pedí que lo cogiese en brazos e intentase hacer el piel con piel con él ya que yo no podía hacerlo.

Subimos a planta y nos reunimos los 4

Tardaron cuatro horas en darme una habitación. Cuatro horas en las que estuve sola con Liv, hablando con maridín al teléfono y bastante olvidada por parte de las enfermeras.

En ningún momento nadie me miró el azúcar por mi diabetes ni midió la glucemia de Liv (de Liam sí que lo hicieron en la UCI), así que le pedí a una enfermera que lo hiciera. Me trató un poco de loca, pero me quedé tranquila al ver que estaba bien (los niños nacidos de diabetes gestacional tienen alta probabilidad de presentar hipoglucemias).

Llamé a maridín para que cogiese mi maleta y subimos a planta. Cuando llegamos a la habitación, maridín volvió a irse con Liam que finalmente llegó una hora más tarde.

Por fin estábamos los 4 juntos a las 21h y no tardé en colocar a Liam en el pecho. Tenía en mis brazos a mis bebés. Liv con 3,020kg y Liam con 3,140kg. Ambos medían aproximadamente 49cm de puro amor.

Cené en cantidad porque no había comido nada en 12 horas e intentamos dormir. Los bebés dormían mucho, así que nos pusimos alarma para darles pecho cada 3 horas como mínimo.

Esa noche empezaron los entuertos que me dolían más que las tres contracciones que tuve en el parto, ¡qué horror!

Y así fue mi parto inducido de mellizos. Un parto no respetado, con violencia obstétrica pero que, curiosamente, curó las heridas emocionales del parto de Bichito.

parto-inducido-de-mellizos-2

Mi puerperio maravilloso

Mi recuperación ha sido fantástica, saliendo a la calle desde que llegué a casa. Me encontraba fenomenal y los puntos dejaron de doler a los pocos días. Sin duda, mucho mejor desgarrarse que la episio, qué diferencia.

Lo pasé mal porque se me escoció el culete por culpa del compresote postparto, porque loquios tuve muchos (menos que con Bichito, todo hay que decirlo). Digamos que sufrí más del escozor que de los puntos, así que, ¡ni tan mal!

Publiqué un vídeo en Youtube contando mi parto, pero veo que me olvidé algunas cosas. No ha sido hasta que me he sentado a escribir que han ido saliendo cosas que había olvidado, y aún así, fijo que me dejo algo.

De todos modos, por si te apetece verlo, aquí lo tienes.

¿Tu segundo parto curó las heridas del primero? ¿Cómo fue tu parto? ¿Sufriste violencia obstétrica? Y si fue un parto múltiple, ¿fue cesárea o vaginal? ¿Y tu recuperación?


Volver a la Portada de Logo Paperblog