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Asociación o cómo liquidar al individuo

Publicado el 24 marzo 2010 por Anveger

Uno de los problemas que tiene la libertad es que vuelve idiota a determinadas personas, generalmente manejables y tornadizas. Este hecho las lleva a la asociación, es decir, a la liquidación del individuo.

Basta con lanzar una piedra para que aparezca en televisión el Portavoz de la Asociación de Ciudadanos por la Piedra, defendiendo los derechos de las piedras, que son constantemente vulnerados por transeúntes con mala leche. Miren, yo creo que una asociación debe consistir en la agrupación de un número de personas con un interés común en el establecimiento de alguna libertad elemental que ha sido coartada, o que se encuentra en peligro. Sin embargo, parece que el término se ha tergiversado, y ahora supone la agrupación de borreguitos que se quejan porque las declaraciones de un individuo no se constriñen al marco de la idea que defienden, lo cual supone un ataque a la libertad de expresión, tan anhelada en algunos lugares.

No defiendo la desaparición de las asociaciones, pero lo que sí rechazo es la uniformidad de algunos grupos, que suprimen la identidad personal y al individuo. A los hechos me remito, en este nido de corrupción política podemos ver una serie de partidos con una opinión unánime respecto a temas que escapan de lo esencial, trabajan de forma sectaria. No surgen críticas al jefe del partido dentro del seno del mismo, lo que revela la extrema falsedad de los afiliados. Este hecho demuestra que todavía no se ha alcanzado la democracia plena. En los Estados Unidos, por ejemplo, los diputados demócratas pueden votar a favor de una propuesta republicana libremente, y viceversa. En España, además de en otros muchos países, esto no ocurre, las votaciones parlamentarias presentan un color correspondiente a un mismo partido político, así tenemos votaciones donde lo que verdaderamente importa es la decisión que tomen los cabecillas del partido, lo cual hace esfumarse al misterio que podría formarse en torno a una votación.

Estas acciones me llevan a pensar que cuando vaya a depositar mi voto en 2012 no esté votando a una tendencia, sino a un líder político, a la voluntad de una persona que probablemente no esté de acuerdo conmigo en ciertos puntos, por lo tanto, dejaría de ser mi representante en el Parlamento y, en consecuencia, el pilar básico de la democracia quedaría eliminado.



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