Autorretrato con radiador

Christian Bobin
Tercer libro del escritor francés que leo este año. No es algo que me pase con frecuencia. Suelo dejar tiempo entre uno y otro, suelo buscar variedad. Desde que lo descubrí por citas en redes sociales, y con lo leído hasta ahora, siempre me ha dejado fascinada. Su forma de narrar en novela, en un homenaje a Emiliy Dickinson o en esta retahíla de fragmentos a modo de diario personal, van más allá de pasar páginas y dejarme llevar. Me invita a disfrutar con calma, a saborear y a la reflexión. Me acompaña a ratos. Es un refugio y al mismo tiempo un horizonte sorprendente. El volumen es de formato ligero y pequeño, ideal para llevar en la mochila.
En enero reseñé: Geai. Las aventuras de una sonrisa (novela). Y en junio: La Dama Blanca.
He guardado numerosos párrafos y frases. Esto es solo una selección que podría ser diferente si la hago, por ejemplo, mañana.
En la cocina, unas rosas minúsculas, adorables. Dos están de gran conversación, apoyadas una en la otra. Cuando dejo la casa, las miro y tengo la sensación de irme dejando la luz encendida.
Sin lo invisible no veríamos nada, estaríamos en total oscuridad.
Estoy en la cama, pero no he abandonado totalmente el cuerpo del sueño, un cuerpo macizo, arcilloso, sin formas. No me muevo, mantengo los ojos cerrados y escucho el rumor del mundo por la ventana entreabierta. A lo lejos, pasan unos coches. Cuando llueve, el aire que desplazan hace el ruido de la seda cuando se rasga lentamente. Algo más cerca, los jirones de una conversación entre dos paseantes. El viento agita las frases, corta las palabras. En primer plano, unos trinos de pájaros, firmes, fuertes, como si una mano firme retorciera la bayeta del aire y de ella salieran esas notas, gotas de luz. Esta percepción matutina de los sonidos del mundo me produce, desde mi más tierna infancia, una dicha enorme. Es ella quien me enseña de nuevo la gracia de estar vivo. Todo está ahí, no falta nada. Dentro de unos minutos me puedo levantar. También puedo quedarme en la cama hasta el último de mis días. Nada está todavía decidido. Por el momento, me contento con escuchar el sonido que hace el mundo cuando yo no estoy en él.
Escribiré mientras tenga dicha y sorpresa escribiendo. Si un día esa dicha y esa sorpresa toman otros caminos - las seguiré.
Mi manera de reunirme con el mundo, es separarme de él para escribirle.
El mar nos devuelve a la infancia […] Si fuese una música, serían tres pequeñas notas como las que salen de los juguetes que se cuelgan sobre las cunas.
El libro es la madre del lector.
[…] una auténtica felicidad: una mancha de luz que brincaba en unas escaleras de peldaños desconchados.
Lentitud, perfecta lectora.
[…] amar al que o a la que está ante ti, amarlo por ser como es, un enigma -y no por ser lo que crees, lo que temes, lo que confías, lo que esperas, lo que buscas, lo que quieres.
Todo lo que hago es muy pequeño. Es del orden de lo minúsculo, de lo infinitesimal. Ante la pregunta: usted a qué se dedica, esto es lo que me gustaría contestar, esto es lo que no me atrevo contestar: me dedico a lo muy pequeño, doy testimonio de una brizna de hierba.
Un libro, un verdadero libro, no es alguien que nos hable, es alguien que nos oye, que sabe oírnos.
La belleza es una forma de hacerle frente al mundo, de mantenerse ante él y de oponer a su furor una paciencia activa.
Yo no escribo libros: tallo espejos que por un malentendido se vuelven hacia mí para hacerme elogios o reproches.
El más solitario es también el que más ha recibido.
He grabado dos audios para los grupos del club de lectura con unas páginas señaladas. He olido flores lejanas, me he fijado en los efectos de la luz.
Sinopsis: "A la pregunta siempre embarazosa: ¿qué estás escribiendo ahora?, respondo que escribo sobre flores, y que otro día elegiré un tema todavía más nimio, más humilde si cabe. Una taza de café solo. Las aventuras de una flor de cerezo. Pero por ahora tengo ya mucho para ver: nueve tulipanes muriéndose de risa en un jarrón transparente. Miro su estremecimiento bajo las alas del tiempo que pasa. Tienen una manera radiante de estar indefensos, y escribo esta frase a su dictado. Lo que constituye un acontecimiento es lo que está vivo y lo que está vivo es lo que no se protege de su pérdida"
Traducción: José Areán Fernández. Ardora Ediciones, 2006. Número de páginas: 144.
