Revista Viajes

Bajar del avión y pensar que has llegado a Egipto

Por Saraytg @Desdemilanblog

¡Ya he vuelto a la querida Milán! Bueno, siendo honesta, tan querida no, porque he pasado unos días trabajando y viendo a mi family y amigos en Madrid y eso sí que es mi “querida Madrid“, donde el tiempo es perfecto, donde se pueden hacer mil planes muy económicos, donde puedes irte de compras sin fundir la tarjeta y donde están todos los que llevo siempre conmigo, mis seres muy queridos.

Pues esta es la explicación de mi ausencia de casi 10 días, espero que no me hayáis echado mucho de menos porque ya estoy aquí haciendo los deberes.

De lo que os quería hablar hoy es de lo que está ocurriendo en Milán, algo muy grave, muy muy grave amigos. Resulta que cuando yo me fui a Madrid, me iba con la gabardina puesta (¿he dicho ya que soy una fan apasionada de las gabardinas? Será por mi vena periodística a la par que investigadora ;-). En aquel entonces hacía aún fresquito aunque algún día de más calor nos había regalado el tiempo milanés. Pero hacía aún para llevar chaqueta, y encima llovía aún muy seguidamente. Ese fue el panorama con el que me fui.

Tan feliz en el avión con mi gabardina en la maleta

Tan feliz en el avión con mi gabardina en la maleta

Cuando el otro día iba yo sentadita en mi asiento del avión rezando para que no hubiese turbulencias (¿os he dicho que odio a muerte las turbulencias?) iba pensando que menos mal que había dejado la gabardina en el equipaje de mano porque según descendíamos al aeropuerto de Malpensa un buen manto de nubes atravesábamos. Así que cuando aterrizamos, yo me puse mi gabardina e incluso pensé que igual iba a tener frío. Pero de pronto… entré en el pasadizo ese que te lleva del avión al edificio (no pisé el asfalto de las pistas del aeropuerto porque iba en un avión guachi-no-low-cost) y vino un brazo invisible de super calor del Caribe que me pegó en toda la cabeza y me dejó noqueada por unos segundos. ¿Qué era aquello?? ¿De dónde provenía semejante calor de fuego de dragón? Pensé que sería que habían puesto la calefacción en esa parte del aeropuerto así que seguí mi camino echando la gota gorda con mi gabardina.

Pero esto no acaba ahí, lo peor estaba por venir… Mr. Paulson vino a buscarme así que muy contenta salí yo a verle tras coger mi maleta (INCISO: qué divertida es esa tensión en los aeropuertos cuando se abren las puertas y tú vas pensando ¿habrá llegado ya?

Y llegar a Milán como si fuera Egipto

Y llegar a Milán como si fuera Egipto

Porque tú vas con una sonrisa de oreja a oreja de la ilusión pero te puedes encontrar con el ridículo enorme de que no esté ahí aún, por lo que tu cara se vuelve de circunstancias total). Después de contarnos en 5 minutitos que todo muy bien muy bien muy bien, vamos en dirección a las puertas automáticas de salida… se abren… y … ¿tenéis presente cuando llegas a una zona de playa donde la humedad del ambiente te rodea, te asfixia, no respiras bien y el pelo empieza a ponerse en modo “león de la jungla tras una pelea“? Pues eso pasó…

Qué calor hace aquí!! Estamos a 30 grados húmedos que vienen siendo como 50 grados, o esa es mi sensación. De intentar dormir con este calor ni hablamos… no os quiero deprimir… no se cómo estoy sobreviviendo con tan pocas horas de sueño. Os mantendré informados si vuelven sucesos extraños en la ciudad ;-).

P.D: En mi casa en Madrid ahora también vive una gatita, me costó una hora de posar porque no paraba de morderme las manos, los brazos, las piernas, todo lo que le venía a mano, pero lo conseguí y esta es mi foto con la gatita!!

La gatita

La gatita

 


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