Revista Psicología

Bajo esa capa

Por Rms @roxymusic8

Bajo la capa se esconde quien realmente eres. Tú. ¿Por qué esconder el rostro, tu rostro? No hay un encuentro sin un rostro, sin una referencia a donde mirar. El rostro nos hace ser reconocidos. Tu rostro me ayuda a reconocerte allí donde te vea. ¿Por qué, entonces, no querer ser reconocido?

Quizás es la presión de la sociedad. Quizás sea la gente de tu alrededor e incluso tu familia. Quizás te hayan dicho que necesitas un toque, una capa que cubra eso que parece feo. Y no lo entiendo. Esa capa no tiene derecho a despreciarte, a cubrirte y a decirte que la necesitas. Me cuesta aceptarlo porque todo se ha ido de las manos. Te han hecho creer, te han creado una necesidad, te han incitado a su consumo diario. ¿Para qué? Para alcanzar un grado de belleza que por ti misma no puedes ni podías lograr. Vale, la imagen es poderosa pero es superficial. Adéntrate en quien tiene esa imagen y descubrirás la auténtica belleza. Que sea superficial no indica que sea de poco valor sino que está incompleta sin esa mirada profunda. Y más superficial será si te empeñas en cubrirla con esa dichosa capa.

Quiero ver la expresión de tus ojos, la genuina, y esas líneas que se te marcan al sonreír. Quiero saber si hoy has pasado buena noche o te has hecho daño sin querer. Quiero conocer el color de tus labios para saber si estás bien de salud. Quiero reconocer esas pecas o lunares que te hacen diferente, ser tú. Quiero que tu rostro me hable. ¿Tú, no? Me incomoda un rostro sin alma, una mirada perdida entre coloridas líneas gruesas o finas, una piel que no es piel. Me entristece verte porque no te puedo mirar. Y quiero conocerte. Sé que quizás pienses que esa capa es aceptable (y necesaria) para eventos especiales, ocasiones puntuales o entrevistas de trabajo. Sé que quizás pienses que esa capa te da un aire diferente, y sí, lo hace, te hace diferente pero sin ser tú. Sé que quizás pienses que exagero, que no tengo ni idea de lo que hablo, que si yo no me pongo esa capa no tengo derecho a decirte nada, y quizás pienses que tienes razón. No quiero que esa capa borre tu rostro, no quiero que esa capa te haga olvidar quién eres, no quiero que esa capa te impida ver ni sentir. No quiero que esa capa te esclavice a cánones de belleza que no tienes porqué alcanzar.

¿Qué pasa si no los alcanzas? Yo te quiero a ti. Todo el mundo te quiere a ti. Sin capas. Sin filtros. Sin nada que se interponga a un encuentro de rostros: el tuyo y el mío, y el de quien tenga la dicha de tenerte delante. Y hoy ya todo te ha consumido tanto que te vistes con esa capa a diario. Ya no sé cuántas veces te has reído, cuántas noches no has dormido ni si has comido helado de chocolate antes de verme. Me da miedo perderte por una simple pero gruesa capa. Un capa llena de superficialidad. Una capa que no hace más que dañarte, separarte de la realidad y hacerte olvidar tu belleza original, esa que se te regaló nada más venir al mundo. Me da pena que muchos, al verte, piensen que no eres real, que pareces de plástico; y que otros muchos te digan que esa capa tiene efecto natural y esos colores pastel te quedan de maravilla. No entiendo que esa capa se lleve todas las atenciones y comentarios y no tu forma de ser, de actuar, tus palabras o acciones. ¿Ves lo que conlleva esconder tu rostro?

Me gustaría que un día lloviera a mares, que tú llevaras esa capa puesta y te decidieras a salir a la calle para mojarte y para dejar hacer que cada gota se deslizara por tu cara y arrastrara con ella toda superficialidad. Me gustaría acompañarte ese día para mirarte por primera vez y sonreírte. Quiero que tu rostro sea reconocido pero quiero que tú te reconozcas al mirarte. Deja esa capa donde un día te la encontraste: guardada en ese neceser que sólo necesita ser desterrado.


Volver a la Portada de Logo Paperblog