Sin lugar a ninguna duda, la semana pasada fue un momento de fiesta para los toros y un momento de luto para los osos. Las tasas suben pero ofrecen plata quemada porque son negativas contra la inflación. Los bonos bajan, el riesgo país sube y las reservas del BCRA no crecen. La verdadera algarabía estuvo en las bolsas, que volaron en todas partes: hubo subas del 1 al 5% en San Pablo, México, Buenos Aires, Santiago de Chile, Nueva York, Madrid, Frankfurt e incluso en Tokio.
La inflación 0% en EE.UU. (con deflación en Brasil) plantea a los inversores altamente especulativos que la bomba de la Fed no será tan potente: hay tiempo para seguir jugando con los negocios bursátiles y los precios de las acciones entraron en ebullición, tanto que el Standard & Poor’s 500, el índice más diversificado de la Bolsa de Nueva York, acumula un importante repunte del 17% en los últimos sesenta días.
¿Puede mantenerse la actual embestida de los toros? ¿Se meterán los osos en las cuevas, justo a las puertas de la llegada de los climas fríos en el Hemisferio Norte, donde vive el 78% de la humanidad? Por supuesto, todo dependerá de lo que ocurra con la inflación, con la respuesta de los bancos centrales, con más o menos subas de interés, y con situaciones de aterrizaje suave, recesión o depresión, según vaya sucediendo en cada región del mundo.
EL ECONOMISTA
