Revista Deportes

BECERRADA TELEVISADA (9ª de abono en “La Malagueta”)

Por Malaka

 

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Plaza de Toros de Málaga
Viernes 19 de agosto 2011 (Tarde)  /  Más de tres cuartos de entrada

Se lidiaron 6 ¿toros? de Román Sorando, mal presentados, descastados. Más noble el 3º.

JAVIER CONDE: pinchazo hondo, trasero y atravesado y nueve descabellos (Bronca tras dos avisos). Media trasera y caída (Pitos).
MORANTE DE LA PUEBLA: pinchazo perdiendo la muleta y media (Saludos). Pinchazo, media perpendicular y atravesada, dos descabellos. Se echa. (Saludos tras aviso).
EL JULI: media estocada (1 oreja). Estocada caída (Silencio).


Al finalizar el paseíllo el empresario Fernando Puche hizo entrega al Doctor D. Juan Pedro de Luna de una placa conmemorativa en agradecimiento a la dedicación prestada por todo el equipo médico de La Malagueta.


BECERRADA TELEVISADA

Por José Daniel Rojo


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Ayer tarde toda España pudo ser testigo directo de la cruda realidad que vivimos en la Plaza de Málaga. Una realidad protagonizada, entre otros, por un Presidente, de nombre Ildefonso, que permitió que saltaran al albero malacitano 6 animalitos, que bien por edad serán toros, pero que en cuanto a presentación podrían haber pasado perfectamente por una becerrada o capea popular. Este Señor ha comprado todas las papeletas para ser expulsado del palco presidencial al acabar la temporada. No es de recibo que por parte de la Autoridad se desprestigie la categoría de una plaza, que aunque nunca la tuvo, pero va camino de convertirse en el hazmerreir de toda España. Y todo por un hombre que ha demostrado tener muy poca dignidad en su actuación como Presidente, dejando claras evidencias de que defiende todo y a todos, menos al que siempre acaba perjudicado y vilipendiado previo paso por taquilla: el aficionado.  Ese Señor, de nombre Ildefonso del l´ Olmo que retiró el saludo a quien escribe porque según él, lo hago sin educación y faltando el respeto, ha demostrado rebajar sus niveles de dignidad como aficionado a la más mínima potencia. Sí Señor Ildefonso, usted ayer y durante toda la feria ha faltado el respeto a todos los que ocupamos un lugar en el tendido. Y encima lo ha hecho con las cámaras de televisión de por medio, para más gloria de quien escribe, puesto que toda España ha podido ver la indecente actuación de quien presidió el festejo.

Con los becerros que saltaron al ruedo estuvieron Conde, Morante y Juli. Conde para irse, no queriendo ver a su primero e intentando justificarse con un manso que hizo cuarto. Los que le quieren deberían recomendarle que es hora de ir recogiendo los bártulos. Si lamentable fue la actuación del Presidente en los corrales por la mañana, inenarrable es la mala imagen que ofreció ayer Javier Conde en la plaza que le vio nacer.

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Morante de la Puebla fue el único que puso los detalles toreros de la tarde. Fueron solamente eso, detalles, si bien es cierto que tampoco tuvo oponentes para abrir en demasía el tarro de las esencias. Su primero fue un toro que acusaba su falta de fuerzas cabeceando con una embestida incómoda. Allí estuvo el de la Puebla, siempre bien colocado y queriendo hacer las cosas muy suaves, en beneficio del toro, y con mucha torería. En el segundo de su lote, al que remató el saludo capotero abrochando una bonita y exquisita media, inició la faena de muleta de manera torera con unos ayudados por alto ganando terreno y acompasados  con la cintura. Fue lo  más torero de la tarde. El toro vino a menos, no terminó de entregarse y fue recortando la embestida. Destellos de Morante en una Plaza que aún no ha tenido el privilegio de verle con un toro que le brinde las posibilidades para expresar el toreo mágico de un torero que bebió en la Tauromaquia de otros tiempos.

El Juli cortó una oreja, barata como todo lo que hace este Presidente, al toro que mejor comportamiento tuvo aunque falto de fuerzas. Por ello el Juli tuvo que hacer el toreo de abajo arriba. Hubo un muletazo al natural muy templado con la mano baja acompañado con la cintura y rematado atrás con el que la plaza crujió en un profundo olé.  Luego se metió entre los pitones instrumentando unos circulares que resultaron muy jaleados por el respetable. La oreja, para la que no hubo petición mayoritaria, fue a parar a sus manos. En el sexto, un descastado que acudía a la franela dando cabezazos, lo mejor que hizo el torero fue abreviar.


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