Relato presentado al CONCURSO DE RELATOS XXXII
Ed. CUENTOS MACABROS
de Edgar Allan Poe
Blog: El Tintero de Oro
Mi nombre es Bere Nice y desde bien pequeña, siempre supe que quería ser modelo. Así que, nacida en Pasadena, nada más cumplir los dieciséis, empecé a presentarme a todos los castings que podía en Los Ángeles.
Yo caminaba con garbo por el Paseo de la Fama, consciente de las cabezas que se giraban a mi paso. Aunque suene mal que yo lo diga, desde mi metro ochenta, mis curvas perfectas, los bucles de mi pelo dorado por la cintura y la piel ligeramente bronceada, yo les miraba con mis ojos verdes de gata.
Llamé al telefonillo, no podía negar que estaba algo nerviosa por encontrarme con el gran fotógrafo Samuel Legend. La puerta se abrió al instante, sin que contestara nadie. Subí a la primera planta y me quedé parada en la puerta entreabierta. Él estaba en plena acción, ráfagas de fotografías enmarcaban a una chica, casi niña, posando tímidamente. Una mujer, probablemente la madre, estaba situada en una esquina sin perder detalle. Cerré la puerta sin hacer ruido y me coloqué al lado de la señora, saludándo en voz baja. Ella me miró de arriba abajo, sintiendo un pequeña punzada de celos, al reconocer que su pequeña, nunca poseería una belleza como la mía. Me devolvió el saludo por cortesía, pero yo sabía que en su interior, deseaba que todo me fuese mal a partir de ese día.En quince minutos había terminado la sesión de Layla, que así se llamaba la chica, con Legend. La muchacha tendría su book de manos de un profesional como él gracias a la recomendación de unos amigos de sus padres. Y sí, efectivamente, la señora era la madre de la chiquilla, a la cual hacía ponerse colorada cual tomate, cada vez que hablaba con el fotógrafo para resaltar todas las cualidades, reales o no, de su hija.
Cuando por fin Legend y yo nos quedamos a solas, su sonrisa me encandiló. Sus dientes perfectos eran como perlas de nácar. Ni su metro noventa y dos, sus ojos azul cielo caribeño, o sus rebeldes mechones negros escapándose de su coleta baja, me hacían dejar de mirar esos dientes que iluminaban el loft más que cualquier flash.La sesión empezó y yo saqué todo mi arsenal de poses y posturas aprendidas. Empecé por ir a lo seguro, después a todo lo demás que me había dado tanta popularidad y fama. Las niñas hacían bailes en Tik Tok tratando de imitarme, era toda una celebrity, y jamás había tenido ningún incidente hasta entonces.
Perfectamente peinada y maquillada yo me movía segura de mí misma, con mi seña de identidad, una falsa sensación de seriedad. Mi fuerte eran mis ojos verdes, con un maquillaje brillante que recordaba al plumaje de un pavo real, y unos labios rojos que nunca se despegaban demasiado.
Después de unos diez minutos, Legend empezó a decir que probara a sonreír, que quería fotos mías en las que se me viera así, incluso riendo, pasándolo bien. Quería reflejar a una Bere irradiando felicidad.
Pedí que parásemos porque empecé a encontrarme mal, necesitaba beber agua. Tenía la garganta seca por la ansiedad que estaba creciendo en mi interior. Legend solícito, trajo una botella agua Evian y dos vasos. Nos sentamos en el sofá blanco de polipiel y me cogió la mano preocupado. Yo sabía que sus intenciones eran buenas, pero empezó a decirme que no tenía nada de qué preocuparme, que él sabía de mi trayectoria profesional en los últimos cuatro años, que a mis veinte años era una de las modelos más valoradas y, que todos los grandes eventos se me rifaban, que eclipsaba a cualquiera en los photocalls. Él no hacía nada más que alabarme, y cuanto más lo hacía más brillaban sus dientes. Toda la estancia era la luz de su dentadura, yo ya no le escuchaba, nada más que miraba su boca abrirse y cerrarse y su lengua entre sus dientes porque le costaba levemente pronunciar las eses. Yo quería tener unos dientes como aquellos, y no tener que llevar la ortodoncia por mi bruxismo. Por eso no sonreía, y menos aún, reía. En el último momento, Legend se puso realmente pesado, llegando a ser molesto, intentando que yo riera para su cámara, que con mi belleza, en lugar de ser un diez, sería directamente un veinte, que no dejara escapar la oportunidad que ambos teníamos por delante, los dos mejores trabajando juntos. Él ya cogía mis dos manos. Estaban sudando las suyas, las mías, o las de los dos. Yo ya no sabía nada. El calor estaba nublando mi mente y solo veía sus dientes.
Lo siguiente que recuerdo fue la policía tirar la puerta abajo y encontrarse con la supermodelo Bere Nice llena de sangre al lado del fotógrafo de las estrellas, Samuel Legend, muerto.
Por las evidencias y pistas que se encontraron, así como por el diagnóstico del forense, le golpeé en la cabeza con un martillo que había en un rincón del loft, que aún estaba en reformas. Luego, con unos alicates, le saqué cada uno de sus dientes perlados. Era increíble, no tenía ni una sola caries.
Yo estoy tranquila, aunque triste porque no han dejado que me quede los dientes de Legend.
870 palabrasRelato: BereniceObjeto: Dientes

