Revista Cultura y Ocio

Besos extraviados – @kike_vasallo

Por De Krakens Y Sirenas @krakensysirenas

“Toqué, sin piedad, una carta de tu castillo de naipes y se derrumbó; tal y como hace la vida con nuestros planes.”

Habían quedado en el bar favorito de él.Él llegó pronto, como siempre, para poder tener la ventaja de verla aparecer por la puerta. El camarero le conocía y no hizo falta decir nada, era un viernes a las diez de la noche y siempre tomaba lo mismo. Añadió a la coctelera los ingredientes necesarios para preparar un Whisky Sour y agitó con movimientos medidos y enérgicos.

Se lo dejó enfrente, al lado de la mano que tenía estirada en la barra del bar, sobre un posavasos. Lo probó; perfecto, como no podía ser de otra manera.

Charlaron durante un cuarto de hora en el que él se terminó el vaso y en el que callaron diez minutos.El camarero estaba preparando el segundo cuando llegó ella, bajando las escaleras con cuidado mientras sus ojos se hacían a la oscuridad, sonriendo. Le dio dos besos y, disculpándose por la tardanza, pidió una caña.

Cogieron sus respectivos vasos y se fueron a una mesa, algo apartada, donde una vela lucía temblorosa en el centro, solitaria. A ella se le unieron los dos vasos y el tamborilear de los dedos de la mano de él.

El jazz sonaba suave haciendo posible hablar en susurros, casi pegados.Él estaba sentado recto con una mano en la mesa y otra apoyada en el respaldo de una silla cercana y ella le miraba sentada de espaldas a una pared llena de libros curiosos. Estaba realmente cómodo, con una postura medida por las innumerables horas de práctica, mientras que ella parecía un poco tensa y callaba. Bebía la cerveza a sorbos pequeños.

Había prometido portarse bien y ser majo aquella noche, y el alcohol estaba haciendo efecto a las mil maravillas, mientras que ella había asegurado que aquella noche hablaría y de momento parecía que no se acordaba de aquella promesa.

De repente algo cambió, su mano voló para posarse violentamente sobre la de él aplastándola contra la mesa.

-Lo siento, me estabas poniendo nerviosa con los dedos.
-Menuda excusa de mierda… lo que pasa es que querías tocarme la mano y no sabías cómo -dijo él con una sonrisa en la cara y ojos divertidos.
-Lo que tú digas.
-Está bien, ya paro. Pero puedes dejar la mano ahí si es lo que quieres.

Ella puso los ojos en blanco mientras quitaba la mano y él se reía.

-Creo que deberías beberte esa caña y pedir algo más fuerte porque te veo muy pensativa.-En serio, eres imbécil.
-Pensé que ya lo sabías.
-A veces sonríes y se me olvida lo estúpido que eres tras esa sonrisa.
-Oye, ¿quieres el número de mi masajista?. Te has tenido que lesionar el hombro al lanzar esa ficha guapa.
-Joder, qué gilipollas.

Apuró las últimas gotas y cogiendo el vaso de la cerveza aún inacabada se fue a pedir otra ronda.El camarero le miró y con un guiño cómplice preguntó -¿Lo mismo?.

-Para mi sí, para ella un Gin Fizz.

Volvió con los vasos a la mesa y se sentó dejando el de ella sobre el posavasos que tenía enfrente.

-¿Qué me has pedido?
-Tú bebe.
-¿Intentas emborracharme?
-Claro. Bebe.
-Está bueno -dijo llevándoselo de nuevo a la boca. -¿Qué es?
-Luego te lo cuento.
-¿Para qué quieres emborracharme?
-Para estar en igualdad de condiciones, supongo. O tal vez no… Tal vez para que tus ojos no brillen con la amargura de la melancolía.

Se levantaron después de acabar, se despidieron del silencioso camarero y salieron por la puerta.

-Te acompaño a casa, como aquella vez hace ya tantos años. Así me doy un paseo antes de coger el coche.
-Eso, no vaya a ser que te estrelles.
-Qué pena te daría si me convirtiera en pasado empotrando el coche contra un árbol…
-La vida resultaría más aburrida, eso es cierto. No tendría con quien hablar hasta las tantas mientras me arrastro hasta la cama.
-Encontrarías otro, descuida.

Al ir acercándose cada vez más a su portal la cadencia de los pasos se volvía más lenta, como retrasando lo más posible el momento, no la despedida.Los últimos cincuenta metros transcurrieron en silencio caminando muy juntos.Al llegar él sonrió y ella bajó la cabeza.Él alzó con su mano la barbilla de ella para poder verse reflejado en sus ojos.
Ella agarró su mano libre y apretó.

Acercaron sus caras y sus labios se rozaron, permanecieron en el limbo de ese momento hasta que un beso se extravió entre la comisura de sus labios.

Ella no tenía claro qué hacía y él no sabía lo que quería, o viceversa.

El beso se esfumó y se perdió. Todo parecía indicar que sí pero al final ninguno de los dos recorrió los últimos milímetros y acumuló el coraje de saltar al vacío. Si alguno de los dos estaba buscando el momento perfecto había sido ese y ahora ninguno de los dos sabía si volvería a repetirse alguna vez.

Ella sacó las llaves del bolso y atravesó el portal y tan solo se giró una vez para cerrar la puerta tras de sí.

Él, sin embargo, la vio irse y poner barreras entre lo que podía haber sido y no fue.
Cuando su sombra desapareció en el portal se giró y se fue en busca de su beso extraviado.

Basado en hechos aún por pasar.

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