Revista Ciclismo

Bicycle Repairman de Bruce Sterling

Por Carlosr
Bicycle Repairman de Bruce Sterling

Bicycle Repairman (El reparador de Bicicletas) es una novela corta post-ciberpunk del escritor estadounidense de ciencia ficción Bruce Sterling. Tenía que estar aquí porque la referencia no puede ser más literal y el contenido no la traiciona.

Apareció por primera vez en 1996 en la antología Intersections, salida del taller de escritores The Sycamore Hill dirigido por John Kessel y Mark Van Name, y ganó un Premio Hugo a la Mejor Novela Corta en 1997. Se reimprimió en 1999 en una colección de la obra de Bruce Sterling, A Good Old-Fashioned Future, y de nuevo en 2007 en Rewired: The Post-Cyberpunk Anthology.

Bicycle Repairman ha sido traducida al francés, italiano, alemán, portugués e incluso al rumano, pero nunca al castellano, como ocurre con gran parte de la obra de Sterling. Mientras la industria editorial se decide publicarla, comparto mi humilde intento de traducción en pdf, con algunas notas al pié de mi propia factura, para vuestra referencia y disfrute.

Sinópsis de Bicycle repairman (Alerta: 100% spoiler)

En 2037, en Chattanooga (antes USA, ahora NAFTA), Lyle Schweik vive y trabaja como mecánico de bicicletas autodidacta en un taller clandestino de «la zona» en su casa móvil elevada con cables en las ruinas de un rascacielos incendiado. Es un individualista de 24 años que rechaza la autoridad, los agobiantes cuidados maternos, los trabajos convencionales e incluso el deseo sexual (a base de inyecciones para eliminar el impulso sexual). Toda su vida gira alrededor de las bicis y su gran proyecto: un sistema de frenos revolucionario que recupera energía de la frenada de la bicicleta.

Una mañana Lyle recibe un paquete dirigido a su ex-compañero de piso, Eddy Dertouzas, que ahora vive en Europa. Intrigado, abre el paquete y descubre que contiene un arcaico decodificador de TV por cable que solo sintoniza tres aburridos canales políticos de la NAFTA.

Kitty Casaday, una nueva clienta, le encarga una serie de reparaciones y ajustes en su nueva bici y coquetea con él. Esa misma noche, cuando Lyle regresa de cenar con su madre, se la encuentra inconsciente en su taller, auto-electrocutada y tintada por su porra eléctrica, espatarrada en el suelo con todo su avanzado equipo táctico. Lyle interroga a Kitty que, para intimidarle, afirma ser una agente federal pero no suelta prenda de su misión. Con la ayuda de sus amigos Pete (líder de los «City Spiders», una banda de escaladores anarquistas) y Mabel (una progre trabajadora social), logra que Kitty confiese: su misión era recuperar el decodificador porque intercepta y decodifica unos misteriosos comentarios sarcásticos que aparecen como subtítulos en los canales políticos. Y revela que es el «mook» (la inteligencia artificial que ejerce de asistente personal del semicomatoso Senador James Creighton) quien, enloquecido y fuera de control, emite los comentarios sin filtrar en nombre del senador, comprometiendo el poderoso aparato político que ha construido durante décadas.

Tras una negociación tensa, sarcástica y reveladora, llegan a un acuerdo: el dispositivo decodificador será destruido y Pete se queda con el equipo táctico de Kitty para replicarlo para sus escaladores anarcas. Ella, cuya identidad y misión quedarían expuestas si sale con la cara teñida de verde por la porra eléctrica, se queda a vivir con Lyle temporalmente.

Dos semanas después, Deep Eddy llama desde Europa donde tiene un romance con ¡una política española!. Lyle le cuenta que ahora puede centrarse en su invento porque tiene una nueva compañera de piso que le ayuda en el taller y le abre puertas con sus contactos en el Senado. Eddy le dice que destruya el decodificador sin usarlo, revelando que sabe que es «un problema» y Lyle le dice que así lo hará con la frase irónica «Ya me conoces, Eddy. Solo soy otro chico con una llave inglesa».

La bicicleta del reparador

Vamos a empezar, antes que nada, por pasarle al texto los filtros de The Bicycle Rule y otorgarle la máxima calificación Bikefriendly-Godlevel. Los protagonistas son adultos, principales y secundarios por igual, y no se puede decir que sean «perdedores» o «frikis» in toto. Y además mantienen muchas conversaciones sobre el artefacto bicicleta, además de las reflexiones sociotécnicas de Lyle, un personaje que vive de, por y para la bicicleta.

Para analizar el papel de la bicicleta en esta obra de ciencia ficción, es pertinente recordar el concepto acuñado por Iván Illich sobre las tecnologías conviviales, para caracterizar el tratamiento de las tecnologías en el universo post-ciberpunk y que se puede verificar en la novela. Son «conviviales» (del término francés convivialité) aquellas tecnologías que fomentan la autonomía individual, son fáciles de reparar y no esclavizan al usuario al sistema. La bicicleta es el ejemplo máximo de esta categoría.

Para Lyle es herramienta de supervivencia y, en cierta manera, también de rebeldía. Además tiene una vertiente de freak de la tecnología (cuando trabaja en su «ciclo-KERS»). Un fenómeno este, el de la hibridación, que es común en el universo del post-ciberpunk o el solarpunk, en el que abundan las bicicletas convencionales con gadgets inteligentes como sensores de salud o conectividad con redes locales o corporativas. Pero para él es un criterio básico de diseño que la bici no pierda su naturaleza puramente convivial:

[…] Si el sistema funcionaba bien, haría que el ciclista se sintiera completamente natural y sin embargo sutilmente sobrehumano al mismo tiempo. Y tenía que ser simple, el tipo de sistema que un mecánico pudiera arreglar con herramientas manuales. No serviría si es algo demasiado frágil y sofisticado, simplemente no daría la sensación de ser una bici auténtica.

Y continuando con la reflexión sobre convivialidad vs tecnología:

[…] Tendría que ser impulsado por chips, por supuesto, pero fiel al espíritu del ciclismo al mismo tiempo. Muchas bicicletas tenían chips hoy en día, en los amortiguadores, los frenos o en los bujes reactivos, pero las bicicletas simplemente no eran como las computadoras. Las computadoras eran cajas negras por dentro, sin grandes piezas móviles visibles. La gente, en cambio, se pone sentimental con su equipo de ciclismo. La gente era extrañamente reticente y tradicional con las bicis. Por eso el mercado de la bicicleta nunca había aceptado realmente las reclinadas, aunque el diseño reclinado tenía una gran ventaja mecánica. A la gente no le gustaba que sus bicis fueran demasiado complicadas. No querían que las bicicletas se quejaran, protestaran y lloriquearan por atención y actualizaciones constantes como lo hacían las computadoras. Las bicis eran demasiado personales. La gente quería que sus bicis envejecieran con carácter…

Toda una declaración de principios. Vamos a ver ahora cómo los otros personajes nos muestran otras caras del poliédrico fenómeno bicicletero en la zona.

Mencionemos en primer lugar a esos ciclistas de los pisos altos para los que Lyle hace muy bien pagados trabajos artesanos de pintura de cuadros. Nada más alejado del estereotipo de «looser» aunque su mecánico les fustigue con su desprecio de clase. Para estos pijos la bicicleta es un estilo de vida, una elección dentro de su vida funcional en su contexto social. 

Por otro lado, están los trabajadores en bici, explotados por el sistema, para los que la bicicleta es una herramienta de supervivencia. Y finalmente está el reconocible usuario convencional, encarnado en la clientela del taller (el ciclomensajero incluido). Como parte de esta feligresía se presenta Kitty, con su bicicleta en deplorable estado, que consigue engañar a Lyle pero a nosotros nos da buenas pistas sobre el uso cotidiano de la bicicleta en la zona:

«Soy nueva en la zona», confesó. «¿Puede arreglarme esta bici? La acabo de comprar de segunda mano y creo que necesita algún arreglo».

Pues ya sabemos que hay un mercado de segunda mano y a continuación Lyle nos advierte de que también hay un mercado negro…

Comenzó a examinar su bicicleta. Todos los números de serie habían sido eliminados. La típica bicicleta de la zona.

Y su diagnóstico y tratamiento como profesional te lo endosaría hoy cualquier mecánico de bicis de tu ciudad, también Monsieur Guerin el protagonista del relato «Sobre clicks, crujidos y chirridos de la bici» de Bicicleta o Barbarie. Una intervención pensada para el uso cotidiano de la bicicleta urbana, sin más:

«Lo primero que tenemos que hacer», dijo con brío, «es ajustar la bici para usted correctamente: colocar la altura del sillín, la longitud de la biela y el manillar. Luego ajustaré la tensión, centraré las ruedas, revisaré las pastillas de freno y las válvulas de suspensión, afinaré los cambios y lubricaré la transmisión. Lo de siempre. Va a necesitar un sillín mejor que este — este sillín es para una pelvis masculina». Miró hacia arriba. «¿Tiene tarjeta de crédito?».

Transporte, movilidad y ciudad

Queda claro que la bicicleta es una forma de movilidad personal en la zona, aunque no sabemos qué pasa en el resto de Chattanooga. Tampoco nos da muchas pistas la novela sobre otros medios de transporte. Existen «ciclomotores eléctricos de perdedores» y sabemos que Deep Eddie toma un avión a Europa. No se nombra ningún coche ni transporte colectivo en ningún momento aunque vamos a suspender el juicio sobre su presunta existencia. En cambio, por presuposición pragmática, sí cabe asumir algún tipo de transporte pesado (camión o similar) para los «trabajadores de demolición de Chattanooga con sus trajes de desintoxicación amarillos» y su equipamiento pesado, que llegan desde fuera de la zona:

Dos o tres días a la semana, el equipo municipal se adentraba sin rumbo en la zona dañada para fingir que trabajaba, con un enorme e hipócrita despliegue de caballetes y cinta de seguridad.

Ninguna referencia al tráfico, atascos, etc. Pero si que hay información relevante sobre la ciudad. Más allá de la zona, abandonada por las autoridades, existe otra ciudad, sobreservida, imponente, moderna.

Las resistencias cotidianas del paisanaje de la zona harían las delicias del antropólogo libertario James C. Scott. En esa zomia urbana se han ido reuniendo comunidades diversas que huyen de la dominación de las élites. Viven al margen como forma de supervivencia consciente y resistencia al poder omnívoro de la megamáquina capitalista. Y la ciudad tolera este ecosistema libertario de desenfrenadas fiestas callejeras, casas de lenocinio, talleres semilegales, cafés ilegales y viviendas okupadas porque le es útil, transitoriamente, como depósito de desechos humanos donde, como dice Mabel, «si ganan dinero entonces se legalizan, y si no, caen muertos en un lugar muy tranquilo donde todo es totalmente culpa suya. Nada peligroso al respecto«.

Y cuando he escrito «transitoriamente» lo he hecho a conciencia porque sobre la zona se cierne la amenaza permanente de la expulsión de los que ni siquiera están en los bordes sistema sino ya literalmente fuera de él, como diría Saskia Sassen. El día que las élites vuelvan sus garras contra este espacio de oportunidad y comience a trabajar la máquina de hacer dinero y triturar vidas humanas «toda la zona se transformará de nuevo en el barrio de los señoritos» (gentriville, en el original en inglés, una clara referencia al proceso de gentrificación).

¿Post-ciberpunk?

Es difícil definir qué obras caen dentro del cajón de una etiqueta y cuales no. Parafraseando la boutade del escritor Norman Spinrad sobre la ciencia ficción, “postciberpunk es todo aquello que los editores publican con la etiqueta de postciberpunk”. Es importante destacar la dificultad de definir lo que está inmerso en un proceso de desarrollo histórico y en perpetuo cambio. Tom Shippey lo explicaba magistralmente al decir que “la ciencia ficción es muy difícil de definir ya que es la ‘literatura del cambio’ y cambia mientras se está tratando de definirla”.

Dicho esto, Bicycle Repairman está más emparentado con el “postciberpunk” que con los postulados de The Movement. En Bicycle Repairman los personajes se involucran en su medio social en oposición al orden social establecido para crear una sociedad mejor. Y en este sentido «la tecnología es sociedad», funciona como herramienta de los movimientos sociales y también como némesis. No adolece del «fetichismo de la máquina» que hace a las tecnologías responsables del malestar social, invisibilizando a la infame trituradora turbocapitalista. Un ejemplo palmario es el tratamiento, antes comentado, que hace del fenómeno urbano de la gentrificación como forma de enriquecimiento por desposesión, de los fenómenos de expulsión sistémica (social, habitacional, etc.) de los desheredados por las élites.

Según Alex Willging, hay dos notas permiten catalogarla como post-ciberpunk. En primer lugar, por su tratamiento de la tecnología que no es alienante para todos los personajes. Lyle tiene un trabajo estable, los deportistas posthumanos son normales, y la ingeniería genética es tan común como internet. La tecnología simplemente está ahí. Lo que importa son las personas y sus interacciones.

La segunda cuestión importante es el tratamiento de los personajes que rompe, en cierta manera, las costuras del ciberpunk. Lyle vive a su propio ritmo, en un tiempo concreto postoniano, encarnado en su renuncia a otras perspectivas profesionales alejadas de las bicicletas, su pasión. Y cuando mejora su trabajo gracias a los «feds» no se condena al ritmo abstracto de la megamáquina que gobierna fuera de la zona. Sigue con el ritmo fluido y suave de sus quehaceres. Lo mismo que Kitty, la profesional de la seguridad privada, que no es ni cool ni muy profesional: fracasa ridículamente en su misión y se pasa media historia desnuda y atada dentro de una bolsa. Toda la peripecia de Lyle y sus amigos anarquistas es la historia cotidiana de un grupo de personas surfeando la decadencia social y el avance tecnológico con calma, como muchos y muchas hacemos en la vida real.

El mercado y la gobernanza son otros temas importantes en la obra de Bruce Sterling que aparecen en Bicycle Repairman. La NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) ha dejado de ser un simple pacto comercial para convertirse en una entidad política que ha reemplazado al gobierno federal de los Estados Unidos. Y este gobierno es una suma de momias e idiotas paranoicos sumidos en un marasmo burocrático, sin conexión con lo que está pasando fuera de sus oficinas y mansiones. Una extensión egoísta y malvada del poder corporativo que lo coopta.

Sobre el autor

Bruce Sterling (Brownsville, Texas, 1954) es considerado uno de los fundadores del movimiento ciberpunk junto con William Gibson, aunque también ha escrito relatos de tipo fantástico, histórico y steampunk.

Escritor, periodista, editor y crítico, es especialmente conocido por sus novelas de ciencia ficción, entre las que destacan Islas en la red (1990), ganadora del premio John W. Campbell en 1989; Distracción (2001), merecedora del galardón Arthur C. Clarke (2000); y The Zenith Angle (2004). También ha escrito libros de relatos, como Mirrorshades: una antología ciberpunk (1998) y Cristal express (1992); y ensayos como Law and Disorder on the Electronic Frontier (1992) y Tomorrow now: Envisioning the Next Fifty Years (2003)

Actualmente es editor colaborador de la revista Wired y aunque no ha ganado ningún premio de la terna gloriosa Hugo/Nebula/Locus ni es un superventas, Sterling es, sin duda, una de las personalidades más importantes de la ciencia ficción de finales del siglo XX y principios del XXI y el responsable de que el cyberpunk no solo no haya fenecido sino de que goce de buena salud literaria.

Dirigió (con el seudónimo de Vincent Omniaveritas) el fanzine Cheap Truth, órgano de expresión de “El Movimiento” (como les gustaba denominarse a William Gibson, John Shirley, Lewis Shiner y el propio Sterling, que estaban creando el subgénero del ciberpunk en aquel momento) donde arremetían, machete en mano, contra las vacas sagradas del género en los años 80 (como Arthur C. Clarke, Joan D. Vinge o Isaac Asimov, y muchos más). Digno de echarle un vistazo en versión facsimilar.


Nos vemos pronto. Si crees que el tiempo y el esfuerzo que he dedicado a este post aporta algo, sigue volviendo por aquí, comparte y déjame pistas de otras obras que hagan al tema de la bicicleta en la ciencia ficción en Comentarios. Yo sigo buscando rodadas de bicicleta en este ciclo titulado «Bici-sci-fi»…


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