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Blanco (Han Kang)

Publicado el 10 mayo 2026 por Gww
Blanco (Han Kang)

Antes de que la crítica internacional descubriera su escritura tras la publicación de La vegetariana,Han Kangya había consolidado una trayectoria literaria relevante en su país natal, Corea del Sur. Desde su debut en 1994 con el relato El fruto de mi mujer, su obra ha explorado con persistencia las fronteras entre el cuerpo y la violencia, la identidad y el silencio, el perdón y el olvido. Con títulos como Tu frío y mi frío o Breve historia del amor, la autora mostró ya una sensibilidad aguda para narrar lo íntimo y personal desde una estética muy particular en la que lo carnal y sensitivo conforman una seña de identidad que se desarrollará en el resto de su obra.

En Actos humanos, quizá su obra más brutal hasta ese momento, Han Kang abordaba la masacre de Gwangju desde una perspectiva coral y fragmentaria que la alejaba de lo histórico para adentrarse en lo emocional. Era un libro de duelo colectivo, donde el dolor se dispersaba por distintos cuerpos y voces. Frente a ese lamento plural, esta obra que aquí reseñamos representa un giro hacia lo íntimo, hacia una pérdida más pequeña, pero no por ello menos abismal: la muerte de una hermana que no llegó a vivir, y cuya ausencia ha acompañado a la autora como una presencia silenciosa desde la infancia.

Blanco fue publicado por la Premio Nobel originalmente en su país en 2016 y en España en 2018. Lo he leído en la edición de Literatura Random House, con traducción de Sunme Yoon. La autora coreana vuelve a deslumbrar con un texto breve pero hipnótico, un desafío para la sensibilidad del lector y la propia autenticidad de la autora.

En efecto, con Blanco, Han Kang trata de revisitar la herida dejada por la muerte de su hermana en un parto prematuro, una muerte que, junto con la posterior de su hermano, la convirtió en la primogénita. Sin esas muertes, ella no habría nacido. La muerte de otros trajo su vida, y ese peso y sentimiento contradictorio es con el que trata de lidiar en estas páginas.

Como es sabido, el blanco simboliza en muchas civilizaciones orientales el luto y la muerte, y por ello el libro comienza con una lista de palabras que evocan esa blancura: desde el azúcar y la sal, el arroz, la mortaja de un niño, una garza blanca, un perro blanco, una ola, una cortina de raso blanca o la nieve, otra presencia lacerante en la obra de Han Kang.

A través de breves capítulos, cada uno dedicado a una de estas palabras, la escritora despliega una colección de pequeñas historias, de recuerdos de su niñez o adultez, de meros sentimientos expresados en apenas unas líneas, unos trazos simples pero que dibujan esa evocación.

Han Kang busca la fusión entre el relato en prosa y la poesía sin renunciar a su peculiar estilo, desprovisto en apariencia de pretensiones estéticas. Su lenguaje se mantiene directo y descriptivo, pero gana en profundidad y simbolismo, en impulso evocador y en ternura desmedida al revelarnos las propias flaquezas de la autora.

En Blanco, la escritura se convierte en un acto de duelo y redención. Es un ejercicio de contención, en el que cada palabra ha sido cuidadosamente elegida para sostener una emoción sin desbordarla. El blanco es vacío, pero también es totalidad; es muerte, pero también inicio. Así, el libro se convierte en un espacio íntimo donde el lector se acerca al dolor sin voyeurismo, invitado con delicadeza a sentir con la autora.

Blanco (Han Kang)

 Estamos ante un retrato tan sutil como profundo del vínculo entre la pérdida y la memoria. No hay grandes gestos, escenas grandilocuentes, pero sí una honestidad extrema que conmueve por su aparente fragilidad y su expresión poética y reflexiva. Blanco no ha de leerse desde la prisa. Es un libro para detenerse, para releer, para quedarse en silencio después de cada página. Una meditación sobre la muerte y la escritura, el modo en que esta puede atrapar y conjurar a aquella. Una obra breve, sí, pero de una intensidad que perdura mucho después de haberla terminado.

En el propio libro se nos revela el origen plástico y meditativo de Blanco. Durante una estancia en Varsovia, comenzó a pintar en un cuaderno completamente blanco unos trazos en los que expresar sin palabras sus sentimientos y emociones, como un ejercicio visual y poético. No pretendía hacer literatura, sino elaborar una forma de duelo a través de lo mínimo. En la edición española se incluyen varias fotografías de estas obras. A partir de esa práctica, nació el texto, no como proyecto narrativo, sino como necesidad vital.

Como en tantas ocasiones, el estado vital del lector le hará más o menos propicio para recibir este libro, pero sin duda todos pasaremos por un momento en el que sus palabras nos traigan pesar y alivio al tiempo, nos hagan reflexionar o rememorar, nos demuestren que leer es algo más que entretenerse y pasar páginas para dejar pasar el tiempo.

 


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