Revista Cultura y Ocio

Blanco y negro

Por Antoniobarba
Adiós, Colombo

Adiós, Colombo

Algún día le contaré a mi hija que la tele con la que yo me crie tenía solo dos canales: VHF y UHF, la primera y la segunda, en blanco y negro. Ahora tenemos cuatrocientos mil canales, tele por Internet y por el móvil, muchos colorines por todas partes, y a veces no hay muchas cosas que merezcan la pena. Por delante de nuestros ojos de niños y luego de adolescentes fueron desfilando series legendarias: La abeja Maya, Mazinger Z, La Bola de Cristal, M*A*S*H, Colombo Algún día le contaré a mi hija que los niños de antes viajábamos con nuestros padres comprimidos en las vacaciones de verano en unos coches diminutos, como el 127 que tuvo su abuelo, con rumbo a destinos turísticos lejanos y exóticos en aquel entonces para los niños de Carabanchel Alto, como Fuengirola. Que no teníamos consolas de videojuegos, ni teléfonos móviles, ni ordenadores. Ni habíamos montado en avión. Que jugábamos en calles de barrios humildes en los que apenas había coches. Que quienes para ella somos personas mayores formábamos parte de un decorado que ya no existe, y que, aunque eran tiempos de blanco y negro, podíamos ser felices.


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