Con 211 votos a favor y 148 en contra, el 'premier' Boris Johnson ha sobrevivido a la moción de censura impulsada por los rebeldes del Partido Conservador, profundamente dividido por el impacto del 'Partygate'. Pese a ganar la votación entre los 359 diputados 'tories', y aunque, técnicamente, tendría que pasar un año para un nuevo voto, Johnson ha quedado en una posición muy comprometida, con casi la mitad de los votantes de su propio partido favorables a su renuncia.
El así llamado "golpe del Jubileo" se ha consumado este lunes cuando el presidente de la comisión parlamentaria 1922, Graham Brady, ha confirmado que se había superado el techo de 54 diputados (el 15%) pidiendo un cambio de liderazgo en el Partido Conservador. Brady ha informado a Johnson y, entre los dos, han convenido fijar la votación lo antes posible.
Johnson se ha pasado todo el día intentando ganar el apoyo de suficientes diputados. En un último intento de conjurar la rebelión, el 'premier' ha defendido en persona su permanencia en el puesto ante la comisión parlamentaria. El líder conservador ha hecho especial hincapié en su capacidad para ganar elecciones y se ha jactado de haber conseguido en diciembre de 2019 la mayor victoria electoral para el partido en 40 años.
"Ahora es el momento", ha apremiado el líder del Ejecutivo a sus diputados leales, en el momento de recalcar que la "guerra fratricida" de los 'tories' puede servirle en bandeja las llaves de Downing Street al líder de la oposición, el laborista Keir Starmer.
Según 'The Times', Johnson ha llegado a decir también a los diputados que "lo haría otra vez", en referencia a su presencia en las fiestas del Covid en Downing Street que él mismo ha definido una y otra vez como "eventos de trabajo" pese a haber sido multado con 118 euros por la policía. La actitud del 'premier', pidiendo disculpas a medias y sin mostrar el suficiente arrepentimiento ante los votantes, ha sido la razón esgrimida por varios diputados para justificar su apoyo a la moción de censura.
ESCÁNDALO DEL 'PARTYGATE'

El secretario para las Oportunidades del Brexit, Jacob Rees-Mogg, ha sido quien con más vehemencia le ha defendido frente a los rebeldes y ha anticipado que Johnson seguiría en su puesto aunque ganara la moción por un solo voto. Rees-Mogg ha advertido que los impulsores del voto fueron en su día partidarios de la permanencia en la UE y que la salida de Johnson de Downing Street podría poner en peligro el Brexit.
Sobre la marcha, Johnson ha ido perdiendo, sin embargo, apoyos como el de como el de John Penrose, ex responsable de la unidad anticorrupción, que ha declarado que Johnson no tenía otra opción que dimitir. El líder de los 'tories' escoceses, Douglas Ross, ha asegurado, por su parte, que votaría contra el 'premier' tras haber escuchado "alto y claro" la indignación de los votantes por la fiestas del Covid en Downing Street cuando el país estaba bajo los confinamientos.
El ex secretario de Exteriores Jeremy Hunt, que compitió con él por el liderazgo 'tory' tras la dimisión de Theresa May en el 2019, ha advertido de que Johnson ha dejado al partido "sin integridad, compromiso y visión" y ha pedido abiertamente el voto en contra a los diputados.
En una carta dirigida de antemano a sus correligionarios, Johnson ha aceptado el desafío y ha llegado a asegurar que la moción de cesura puede ser al final "una ocasión de oro" para dejar atrás el 'Partygate', acallar "la obsesión favorita de la prensa" y seguir con su trabajo "sin ruidos".
El 'premier' ha admitido que ha estado "bajo un fuego intenso en los últimos meses" y que el Partido Conservador se ha resentido. "Algunas críticas han sido quizás justas, otras no tanto", ha matizado. "Pero cuando los puntos han sido válidos, he escuchado y he introducido cambios significativos".
"Necesitarán un lanzallamas para poder echarme", ha alegado Johnson en declaraciones a miembros de su gabinete, según ha revelado 'The Daily Mail'. Más de 120 diputados han dado públicamente su apoyo al 'premier' en la recta final de la moción, según el recuento del diario conservador, entre la creciente preocupación en Downing Street por la diferencia final.
A Johnson le basta con el apoyo de 180 de los 359 diputados 'tories', pero los analistas han alertado que el 'premier' necesita una victoria contundente sobre los rebeldes para eludir el fantasma de la dimisión.
"Algunos recordarán que Theresa May ganó de una manera moderadamente confortable el voto de censura en el 2018 (con el apoyo de 200 de 317 diputados) y, sin embargo, reconoció que su tiempo estaba limitado", ha recordado el ex secretario del Brexit David Davis, uno de los primeros 'tories' en pedir abiertamente la dimisión de su líder.
"May sabía que sus días estaban contados, pero quiso hacer varias cosas antes de abandonar su puesto", ha advertido Davis. "Aunque no creo que algo así pueda ocurrir con Boris. Él se aferrará al puesto ".
"Tendrían que sacarle del número 10 gritando y dando patadas", ha declarado por su parte a la BBC el ex director de comunicaciones de Johnson Will Walden. "Harían falta varias personas con revólveres para obligarle salir. Está haciendo lo que quiso hacer toda la vida, y no se va a marchar fácilmente".
El propio Walden ha reconocido, no obstante, que la historia demuestra que si un primer ministro no gana una moción de censura de una manera convincente, lo que le espera es "la muerte por perdida de sangre". "Estas cosas nunca acaban bien", ha concluido por su parte un diputado 'tory' que no quiso revelar su nombre a 'The Guardian'. "El genio está fuera de la botella".
