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Ada buscaba algo con urgencia en el clóset, revolviendo perchas y cajas con una ansiedad poco habitual.—¿Qué buscas? —preguntó su marido desde la puerta, intrigado.—Mi disfraz de vaquera.—¿El de kevlar color negro?—Ese mismo.—Vaya, debe ser serio el asunto. ¿De qué se trata todo esto?—Me llegó un correo electrónico de la oficina con una nueva asignación: el dueño del banco del pueblo murió y,
