Revista Viajes

Canadá 2016, día 1: llegada a vancouver

Por Trotaburgos @trotaburgos

Cuando preparábamos esta nueva aventura sabíamos que el primer día se nos iba a ir en el traslado y así ha sido, incluso más tiempo. Hemos viajado con la Compañía Delta. El vuelo desde Madrid a Nueva York ha sido cómodo ya que ha tenido buena comida, ha sido generosa, variada y el avión cuenta con una oferta de entretenimiento que nos ha hecho disfrutar del viaje. Traducido a la parte práctica significa que se nos ha pasado el tiempo muy rápido.

El trasbordo para llegar a Vancouver ha sido en Nueva York y aquí los controles de seguridad son bastante exhaustivos. Hemos seguido las indicaciones para llegar a la cola que supuestamente llevaba el control de los pasajeros que íbamos con la ESTA, (documento necesario que hay que rellenar previamente a viajar a Estado Unidos cuando viajas en avión). Para nuestra sorpresa y tras preguntar donde debíamos ir a una señora que cortaba el paso, nos ha mandado donde otra que estaba en el otro extremo de la sala. Ella sorprendida nos manda donde otro señor junta a la primera que nos cortaba el paso, y éste sin saber muy bien lo que pasaba nos ha puesto a la cola del control de aduana abriendo las cintas de limitación de paso.

Después, tras el control de huellas y justo en el instante en el que nos devolvía el pasaporte, el policía nos ha dicho que le siguiéramos y nos ha llevado a una habitación a parte donde había bastantes policías sentados frente a ordenadores. Nos hemos sentido un poco raros ya que no entendíamos que hacíamos allí, pero en este país lo mejor es sonreír y hacer lo que te mandan. Después de lo que entendemos un control aleatorio y rutinario, hoy nos ha tocado a nosotros, dejamos la zona de control para hacer tiempo hasta nuestro siguiente vuelo.

La espera se ha hecho bastante larga. Teníamos 6 horas de trasbordo y eso nos ha ayudado a que conociéramos la terminal 4 con bastante detalle. Entre todas las opciones que había para realizar el trasbordo no conseguimos encontrar una que tuviera menos horas de diferencia y la pega y recomendación es que vayáis con tiempo porque el control de aduana siempre puede guardar alguna sorpresa, aunque luego la espera se haga un poco larga, viajar con algo de tiempo y tranquilos merece la pena.

El siguiente vuelo nos depara alguna decepción, después de uno tan cargado de detalles la compañía Delta no tenía recursos para un segundo vuelo tan cómodo y aquí no tenemos ni comida, ni equipos dignos para disfrutar del viaje ni otras comodidades que teníamos en el anterior. Así que uno por otro. Hemos comprado algo de cena en el avión y el sándwich estaba bueno y viene con "detalles": patatas fritas y porción formato avión de bizcocho de chocolate.

Después de un vuelo tan largo el cuerpo se va resintiendo y el sueño se apodera de todo. Damos alguna cabezada, pero nada que ver con un buen descanso. En Vancouver nos sorprende muy gratamente que el control de aduana sea tan rápido. No hay mucho jaleo en el aeropuerto, quizá el que sea un jueves y las once y media de la noche ayude bastante a ello. Recogemos las mochilas y salimos deprisa para buscar un punto de cambio de moneda y tener algo de efectivo (después de visitar Vancouver este ha sido el peor cambio).

Seguimos las indicaciones para encontrar la salida que nos conduce al metro. El trayecto de una sola zona son 7,75 dólares por persona lo que supone un descuento por ser más de las seis y media de la tarde, si no hay que comprar un billete de 2 zonas y serían dos dólares más. Es sencillo comprarlo y las instrucciones lo facilitan bastante.

Tras unos 35 minutos de viaje en tren ahora toca paseo desde la parada hasta el Hostel. Son unos 15 minutos para llegar al HI Vancouver Downtown Hostel. Hacemos el registro, ducha y directamente a la cama. La primera impresión del Hostel no es mala. Es bastante antiguo, pero las instalaciones están muy bien. Además es el más económico y la zona en la que está es tranquila. Desde aquí hay acceso rápido a pie a los diferentes lugares de interés de la ciudad.

El día comienza sin que haga falta que suene el despertador ya que el cuerpo mantiene un ritmo diferente. Ayer finalmente era la una y media de la madrugada y hoy el cerebro nos despierta muy, muy pronto. A esa hora en la que en España todavía no están puestas las calles, o no todas. Hacemos tiempo hasta que llega la hora del desayuno. "Salir de casa" tiene muchas ventajas ya que descubres cosas nuevas, muchas de ellas en el apartado gastronómico.

En el caso de este primer desayuno nos vemos sorprendidos por que no hay huevos, cosa que suelen ofrecer en la mayoría de los sitios. Tampoco presentan casi nada salado. Casi todo es pan en multitud de variedades, tamaños y formas así que lo mezclamos con lo que se nos ofrece: crema de queso, crema de cacahuete, mermelada y mantequilla. Además hay magdalenas y alguna otra variedad de dulce. No te vas con hambre.

Nuestra visita a esta ciudad la comenzamos en la zona de Yaletown, es la que se supone recuperada y ofrece la zona cultural o tiendas. Nos ha gustado mucho y merece mucho la pena darse un paseo por Granville St. porque tiene alguna estampa que nos llama la atención. Quizá la tengamos más identificada en Estados Unidos por lo que muestra el cine americano. La pega es ver la cantidad de vagabundos que se agolpan en los portales y la calle. Hay muchos y será una tónica general que veremos en otros puntos de la ciudad. Es lo más duro que hemos visto. También aprovechamos para conocer la zona portuaria, el Canadá Place y el Vancouver Convention Center.

Vista esta zona buscamos un punto de cambio de moneda porque no tenemos dólares canadienses. Ayer no cambiamos mucho dinero porque llevábamos una referencia del cambio y en el aeropuerto era muy malo. Al final cambiamos en Pender St, próximo al cruce con Granville St. Aquí hemos visto 3, dos de la Union Post y un banco. Nosotros nos hemos decidido por el banco porque era el que mejor precio de cambio nos ofrecía y no cobran comisión.

Hecha una parte imprescindible de las tareas pendientes de la jornada de hoy nos vamos a hacer la pausa café a la cafetería Roma, junto al banco. Muy recomendable su calidad, precio y tamaños. El tamaño grande del café con leche es increíble. A ojo puede ser algo más de medio litro de leche. Nosotros pedimos el pequeño y es mayor que los que ofrecen en las cafeterías españolas como café de desayuno.

Otra de las cosas que traíamos reservadas desde casa era la visita a través de un Free Tour. Hemos sido bastantes, de diferentes puntos del mundo y nos han dividido en dos. El punto de encuentro está junto al Pacific Centre, un centro comercial que hay, prácticamente, en frente de la Vancouver Art Gallery, junto al Hotel Georgia. Ofrecen dos tipos de tours y son viernes y sábado a las 11 de la mañana, lo podéis mirar en: www.tourguys.com, pero si os presentáis allí nos os pondrán ningún problema.

La visita han sido de dos horas y aconsejamos que tengáis algo de nivel de inglés, porque el guía habla un correctísimo inglés de Vancouver, es más, diríamos que con acento. En nuestro caso hay momentos en los que nos perdemos y nos vamos haciendo las clásicas preguntas de: ¿qué ha dicho? ¿eso lo has entendido?. Pero el resumen es que ha merecido la pena. Como anécdota añadir que ha sido la primera vez que hemos pisado o visitado una iglesia anglicana.

Tras la visita con el guía, que ha sido más en la zona de los rascacielos y grandes edificios nos dirigimos a Gastown y desde aquí al famosísimo Chinatown. El primero nos ha encantado, con sus calles que guardan y conservan ese "sabor" que has visto en la tele y pertenece más a las imágenes de películas. Tiene mucho turismo y los dos puntos más emblemáticos son el reloj de vapor y la estatua de Gassy. El resto de la calle tiene instantáneas que hacen fácil olvidar el tiempo que inviertes al recorrerla. Esta parte de la ciudad ha sido la que hemos elegido para comer, después de mirar algunas opciones nos hemos decidido por una bakery, la Pure Bread que está en la calle E. Hastings con Cambie St. Buena presencia y buen producto.

A nosotros nos ha gustado y ya que era uno de los tópicos que hay que cumplir en Vancouver, ya la podemos eliminarlo de las cosas pendientes.

Chinatown tiene esa presencia que nos traslada a otros viajes. Los carteles en chino, la puerta de acceso al barrio y un jardín chino en uno de los extremos del barrio. La gente que ves caminando o paseando en su mayoría tiene rasgos orientales así que es fácil darse cuenta de donde nos encontramos. Hemos leído que es la mayor comunidad china fuera de su país. También es un buen sitio para comer si os gusta la comida oriental ya que aquí ofrecen las variedades de su gastronomía.

Hemos visitado el jardín de Dr. Sun Yat Sen, se nos antoja una visita recomendada. Tiene una zona libre y una zona de pago. Esta última no sabemos cómo es, pero con la de acceso público nos hacemos una idea y nos relajamos un rato. Al ser pequeño la sensación de multitud que producimos la poca gente que estamos es aún mayor.

El último punto de nuestra visita es uno de los más conocidos de Vancouver y después de visitarlo entendemos por qué. Es el parque Stanley, un jardín enorme, precioso y tranquillo. Vemos mucha gente paseando, patinando, disfrutando de una charla o de un momento de lectura. Nos ha encantado. Además tiene muy buenos puntos para hacer fotografías panorámicas de la ciudad. Eso sí, es grande y veréis multitud de tiendas donde podéis alquilar bicicletas para poder recorrerlo en su totalidad. Hemos querido ver el acuario, pero lo acababan de cerrar. Intentaremos visitarlo el día que volvemos.

Con el cansancio acumulado el cuerpo nos pide regresar a nuestro punto de partida así que ponemos rumbo al Hostel. De camino paramos a comprar la cena y algo de comida. Lo hacemos en un Safeway donde hay de todo, también comida preparada así que será otra de las opciones a utilizar en el resto de nuestro viaje.

Tras la visita a esta ciudad la impresión es que no mienten todos aquellos que dicen o escriben que se trata de una ciudad muy cosmopolita y está impregnada de multitud de culturas de diferentes lugares del mundo. No hay una oferta gastronómica concreta y sí multitud de restaurantes que venden la cocina tradicional de sus lugares de origen. Es realmente sorprenderte pasear y ver la multiculturalidad que existe, desde una catedral anglicana a una puerta china. Nos ha gustado y que merece mucho la pena visitarla.


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