Revista Opinión

Cancionero para ti: no es otra historia de amor

Publicado el 23 octubre 2019 por Carlosgu82

Prólogo

A veces quiero decir muchas cosas y no encuentro el lugar ni el momento…

Como el teclado lo aguanta todo, lo invité a ser mi aliado y confidente.

Cada línea del texto está escrita con los dedos, el alma y un poco de razón. Esa que pierdo cada vez que veo al hombre que me trajo hasta acá a escribirle una historia en su honor.

Ese honor que me dio al atravesarse en mi camino detrás de esa barra. El que si nunca me hubiera dicho “hola linda” quizás no me habría permitido estar ahora en este hermoso lugar compartiendo este espacio. Un espacio que preparé solo para los dos, para que aunque sea por unas horas tengamos la fantasía de que somos el  uno del otro, sin importarnos las miradas a nuestro alrededor.

Como no llamo por su nombre de pila a mis afectos, no encontré un mejor adjetivo que darle que “Bello”. Y es que lo es en todos los sentidos, lo es físicamente y lo es más aún en el alma, aunque como todo hombre, en ocasiones quiera ocultarlo.

Hoy quiero darle las gracias por hacerme vibrar así, quiero darle las gracias por haberme hecho conocer a una mujer que hasta ahora no conocía. Una mujer capaz de desear de una manera indescriptible.

No es normal desear tanto un hombre como yo deseo a mi “BELLO”. Quizás las líneas que encuentre a continuación podrán explicarlo aunque sea un poco.

No encontré una mejor forma para darle sentido a este relato, que definir cada capítulo con una canción y qué mejor manera de iniciar este prólogo así: “Solo quería un café con poca azúcar, quizá un croissant, no iba por la tertulia o el flirteo. Solo quería un café, quizá echarle algún vistazo a las malas nuevas de los diarios o sacudirme esa pereza crónica de mis amaneceres. Juro por mi que solo fui por un café, pero te vi…”

Espero que al leerlo, lo disfrute tanto como lo hice yo escribiéndolo…

Capítulo I

“Tarde”

Y como dice la canción de Arjona “Justamente ahora, irrumpes en mi vida, con tu cuerpo exacto y ojos de asesino, tarde como siempre, nos llega la fortuna…”

Sin siquiera haberte imaginado apareciste en mi vida con esa sonrisa cautivadora, capaz de derrumbar hasta la pared más firme. Tan firme y correcta como yo, por lo menos hasta ese momento…

¿Causalidad o casualidad? Según el diccionario de la Real Academia Española:

Causalidad: Causa, origen, principio. Ley en virtud de la cual se producen efectos.

Casualidad: Combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar.

Entonces me pregunto, ¿cuál aplica en este caso? y concluyo sea una o la otra es simplemente maravilloso.

La vida me ha enseñado que al final todo pasa por alguna razón, cada experiencia nos deja un aprendizaje. Ahora ¿qué tengo que aprender de esto? Una de las cosas que he descubierto es que estoy conociendo una mujer que estaba escondida… esa mujer que te desea como lo estoy haciendo no la había conocido. Y es que esto no se trata de un mero deseo carnal, se extiende a lo emocional y lo que es más difícil a lo cerebral. Tú que sabes muchas cosas, debes conocer que el músculo sexual de una mujer es el cerebro.

La mezcla de lo anterior, da un resultado del que todavía estoy intentando descifrar el código.

Y eso no es lo único que estoy intentando descifrar, también intento descifrarte a ti: esa combinación de belleza, inteligencia, en algunos casos simpatía (en otros no), en ocasiones tan sensible como un ángel (sobre todo cuando hablas de tus afectos y se te iluminan los ojos, poniéndose más bellos que nunca), sexy y hasta pervertido en otros momentos… la lista es innumerable, por eso menciono lo principal.

Eso hace que cada vez que te tengo cerca, mi piel se estremezca con todos los átomos que la conforman. A veces quiero evitarlo pero cada vez se hace más difícil.

Ya ha pasado casi un año y medio desde esa primera vez que te soñé. Y con toda la sinceridad que me caracteriza, siempre pensé que ahí se quedaría, solo en un sueño…

Capítulo II

“Piel Pecado”

Seguimos en la onda de Ricardo. “Todo era perfecto antes de ti, aunque debo añadir algo aburrido, sabía que eras peligro y te seguí y me volviste adicta a estar perdida. Tu boca fue el principio de mi fin, tu piel el pasaporte del pecado, del pecado…”

De nuevo me apoyo en mi libro favorito. Diccionario de la Real Academia Española.

Pecado:

  1. m. Transgresión voluntaria de preceptos religiosos.
  2. m. Cosa que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo que es debido.
  3. m. Exceso o defecto en cualquier línea.
  4. m. Juego de naipes y de envite en que la suerte preferente es la de nueve puntos, cometiéndose pecado en pasar de este número.
  5. m. coloq. diablo (‖ príncipe de los ángeles rebelados). Eres EL pecado

el ~ de la lenteja.

  1. m. coloq. Defecto leve que alguien pondera o exagera mucho.

~ actual.

  1. m. Acto con que el hombre peca voluntariamente.

~ capital.

  1. m. Apetito desordenado que es fuente o principio de otros pecados.

~ contra natura, o ~ contra naturaleza.

Hay un sinnúmero de definiciones que en conjunto podrían darle un concepto a esto.

Si con toda esta teoría podemos denominar “pecado” nuestros encuentros, estoy dispuesta a morir quemada en la hoguera como Juana de Arco.

Hasta los momentos hemos tenido tres encuentros, muy distintos entre sí pero únicos…

I

Aunque nunca hubiera imaginado que nuestro primer encuentro sería entre cajas de víveres a merced de los acostumbrados roedores que hay en esos lugares, así fue… un poco temblorosa por lo que iba a suceder, no me quedó otra que dejar la decencia a un lado y tomar el ascensor (ojo, no me vayas a decir mojigata por mi comentario). Ese temblor no era por miedo a lo que iba a pasar, mi principal miedo era que después de haber esperado tanto, no me gustara. Casi un mes antes habíamos tenido oportunidad de estar un par de veces solos desayunando fuera de CP, y te juro que estaba convencida de que no habíamos conectado más allá de lo que ya habíamos venido haciendo: conversar. Pensé que entre nosotros ya no pasaría nada.

Como el destino no quiso que eso quedara ahí, finalmente llego el beso, un poco escandaloso por cierto, sonaba y sonaba. Nos comportábamos como si esa sería la única oportunidad que íbamos a tener para besarnos en la vida. Y así se fue dando todo… ni tu cerebro ni el mío habían conectado, mucho menos hubo una conexión emocional. Solamente éramos piel. Y yo iba pensando ¿Qué está pasando? ¿Me gusta, no me gusta? ¿Sigo o paro? Por segundos quería salir corriendo hasta que te pusiste a mi espalda y comenzaste a tocarme… ahí la escena dio un giro inesperado, claro no tanto como cuando apretaste mis pezones, pero ya no quería salir huyendo sino quedarme ahí por una eternidad.

El hombre que conocí ese día (o por lo menos conocí en otra faceta) no es aquel con el que sueñan las princesas, era rudo, salvaje, con una mirada de animal en celo descargando su deseo, hablando sucio, cero emoción. Imagino (porque no he vivido la situación) era aquel hombre que tiene un encuentro con una cortesana o alguien que acaba de conocer en algún bar o discoteca. “Quiero acabar en tus tetas, quería verte el culo, etc, etc, etc”. Algo que ningún hombre me dijo en una primera vez, pero era lo que sentía. Al final yo tampoco era una princesa de un cuento de hadas, era una mujer casada siendo infiel con un hombre con 3.509.248 más números de cédula que ella, para no poner la edad de por medio… ojo no tengo rollo con eso, lo hago por ti que deberías estar con una con menos millones de números de cédula que tú…

La sesión terminó con algunas cosas pendientes, porque subimos sin estar preparados, así que no quedó de otra.

Igual al final salimos satisfechos de haber cumplido esa fantasía que rondaba nuestras cabezas.

Siendo sincera si hubiéramos querido la historia pudo haber llegado hasta ahí y nada habría pasado. Podíamos seguir siendo esos conocidos que hablábamos de sábado en sábado mientras tomábamos un café y conversábamos por largo rato ¡muy sabroso por cierto!

II

Era un viernes como cualquier otro de esos en los que estoy en una mesa tomando un poco de “suero de la verdad” mientras a ratos tengo el placer de contemplarte. Como siempre, uno de esos viernes en los que pongo a prueba el control de mis celos. Esos que sé que no puedo tener contigo y que en muchos casos me lo has dicho tú mismo. Haciendo un paréntesis, es algo que ya te he mencionado, no me gusta que me estés recordando nuestra condición, lo sé de sobra y no sabes cuánto me afecta a veces.

Continúo con mi prueba de “control de celos”. Sentada en la mesa observo la fila de mujeres que vienen y van, echando ojitos, haciendo algún comentario o simplemente contoneándose para llamar tu atención ¿y cómo culparlas si yo hice lo mismo? Y entonces, como es imposible, solo observo y hasta lo disfruto a ratos.

Simplemente BELLO y eso no se puede negar, podría pasar una eternidad viéndote y nunca me cansaría. Creo que nunca me había gustado tanto alguien, sigo insistiendo que debe ser porque englobas ese código que sigo sin descifrar.

Terminaste de trabajar y yo con ganas de que estuvieras sentado a mi lado y no al lado de los amigos de Daniel. Ahí empezó el juego que daba antesala a lo que iba a suceder al día siguiente. Algunos mensajes subidos de tono (de esos que disfrutamos tanto) esperando que pronto llegara el sábado para consumar aquello que se había venido gestando en la piel.

Un video que no pude ver la noche anterior, por haberme quedado dormida, inició mi día y me hizo desearte más que nunca.

Una hora después te anunciaba vía bb Messenger (ese que sólo usas conmigo) que había llegado. Desayuné mientras esperaba la señal para subir al piso “X”, fue toda una locura: la reja cerrada, los vigilantes al acecho, etc, etc, etc. Subía con el carro, bajaba, ya ni sabía qué hacer. De hecho pensaba que eran cosas del destino y que quizá no debía atravesar la puerta de aquel lugar.

Como se lo entregué al destino, pues él decidió que sí debía pasar, y así fue, de nuevo atravesé esa puerta pero esa vez conseguí a un hombre distinto, un hombre que me recibió con un beso en el cuello (con un poco más de conexión que los anteriores) mientras yo solucionaba vía telefónica uno de esos rollos de trabajo.

Una vez guardado el celular en la cartera me embarcaba por completo en ese “pecado” que representaba estar contigo ahí. Lo demás ya lo conoces, sin embargo debo destacar algunos puntos: esta vez si estábamos preparados y avanzamos en un punto que no habíamos podido concluir la vez anterior. Eras otro, creo que habías dejado conectar un poco la emoción y el cerebro. Igual de excitado o más, pero el trato fue distinto, ya no parecía que estabas “congiéndote” a la mujer de la discoteca o la que te coqueteó la noche anterior en la barra mientras servías cervezas o cobrabas en la caja. Igual que el beso en el cuello que había iniciado la sesión, besaste mi “hermoso tatuaje” según yo una mata de marihuana incompleta, según tú un logo de “adidas” mal hecho.

Como nada es eterno, y menos si es bueno, llegó la hora de abrir la puerta y salir… Ese día llevé conmigo la imagen más excitante que he podido ver en vivo. El rostro de un hombre que disfrutaba más por lo que me estaba haciendo sentir que por lo que estaba sintiendo el mismo. Con esa misma imagen me voy muchas veces a la cama, deseando tenerte ahí a mi lado, para ver una y mil veces más tu rostro.

En conclusión, yo que siempre hablo y escribo mucho no alcancé a decir algo más allá que preguntarte ¿dónde habías estado que no te había encontrado?

Me fui con ese sabor y olor que habías dejado en mí, queriendo que lo que había pasado ahí se repitiera lo antes posible. Esa noche me fui a San Ignacio a comprarte un libro que había visto días atrás y al no saber si lo tenías, debí ponerme creativa preguntándote del tema como si era una necesidad del canal, así me pude enterar que no estaba en tu biblioteca.

Te escribí una carta explicándote parte de nuestra historia y agradeciendo que una de tus mayores pasiones “el fútbol” me hubiera llevado hasta ti…

Ese lunes que te envié mi pequeño presente algo había cambiado en la historia. Comenzamos en igualdad de condiciones “relativamente”. Tú con novia, yo casada, es decir, ambos en plan de escapada, como lo dices tú. Pero el destino, tomando decisiones una vez más por su cuenta, decidió que aunque sea por un tiempo (no sabemos cuándo cambiará) nuestros encuentros “para mí sean una escapada y para ti una salida”.

Siguió pasando el tiempo y nosotros involucrándonos un poco más. Tú unas veces más conectado otras veces más desconectado, ahí todo va dependiendo de tu día. A veces quisiera pensar que es una coraza que te pones para no involucrarte más de lo que consideras que debes hacerlo. Prefiero pensar eso a pensar que en esos momentos se te van quitando las ganas de mí.

III

Sentados en una mesa, otro de esos días de conversa, me recordaste que nos debíamos una salida para un “encuentro o escapada” un poco más cómodo que las anteriores. Era algo que ya habías planificado para el martes de carnaval pero no se pudo llevar a cabo. Entonces, en vista de que no se había cumplido, tuvimos que reprogramarla.

Una vez más llegó ese día en el que las mariposas hacen fiesta en mi estómago. Llegué a las 7:15 aproximadamente y te encontré detrás de la barra. Cargada de feromonas, ahí estaba: “lista para ti” y tú lo notaste y no tardaste en decírmelo.

Esa tarde el destino casi nos juega una mala pasada. Recibí un mensaje tuyo el cual quise pensar que se trataba de una broma. Esto por dos cosas: la primera porque te estaba sucediendo algo malo y la segunda, pero igual de importante, porque una vez más nuestro anhelo de estar en una cama se podía desvanecer de nuevo.

Como el tema era profundo y no nos íbamos a entender por mensaje te llamé. Contestaste y te noté preocupado, quería salir corriendo a darte un abrazo muy fuerte y ser esa pata de la cama que te había ofrecido en esa canción que te dediqué 6 días antes. “Tu jardín con enanitos”.

Llegué hasta donde estabas con el sólo propósito de escucharte, sin juzgarte en ningún momento. Liberaste un poco la tensión y te pedí que me acompañaras a comer. El conjunto de emociones que había vivido ese día no me dejaron probar bocado.

Al fin en una mesa tú y yo juntos solos y con el suero de la verdad. Yo que ya había rozado con mi mano tu pierna en otras ocasiones, te tenía ahí casi que solo para mí. Mi mano quería subir un poco más pero no lo hice porque había que mantener la compostura y no perder los estribos. Para mí no existía más nada alrededor solo éramos tú y yo. Te paraste al baño y al regresar otra vez me hiciste eso que me mata, llegarme por la espalda y besarme. Nos estábamos comiendo con la mirada, no sé si era el alcohol pero ya era hora de que fuéramos a otro lugar.

Nos montamos en un taxi y llegamos al sitio en el que por primera vez estaríamos más cómodos que en las dos ocasiones anteriores. Al entrar y cerrar la puerta sería solo tuya y tú serías solo mío, así como quisiera que fuera siempre.

Me abrazaste y te tiraste encima de mí en esa cama qué quién sabe cuántas historias tendría. Pero en ese momento eso no importaba porque la historia sería solo nuestra.

Como la práctica hace al maestro, nuestros encuentros se van haciendo cada vez más interesantes. Y ojo, no me refiero a la práctica física y carnal, de esa no te hace falta ni un poquito, me refiero a la práctica emocional, a esa conexión entre tú y yo que cada vez se va haciendo más firme.

Diferentes pero mágicos… Así defino los tres primeros pecados de los muchos que quiero tener contigo.

Capítulo III

“La conciencia

“Cuando se aferra un querer al corazón y la conciencia no tiene la razón no valen los consejos. Cuando se prueba del fruto del querer, cuando se aprende a sentir más de una vez no queda más remedio que darle cielo y alas al amor y hacer de lo difícil lo más bello”. Así lo dice Gilberto Santa Rosa en su canción. Y a mí no me ha tocado otra que seguir su consejo.

He tratado de no apelar a mi conciencia y sobre todo, no juzgarme por lo que he venido haciendo.

Y simplemente no me juzgo porque tú tienes la magia de un instante de amor en el que me quiero quedar eternamente.

“No hacer a otros lo que no te gusta que te hagan”

¿Cómo poder controlar ese punto? ¿Por qué sabotear la felicidad que produces en mí? ¿Por qué evitar ese maravilloso placer de sentir mi torrente sanguíneo a millón cuando te tengo cerca o simplemente te imagino? ¿Por qué no permitirme disfrutar tus besos y tus caricias? ¿Por qué no sentir y oler tu piel? ¿Por qué no ver esos ojos hermosos? ¿Por qué no escuchar esa voz? ¿Por qué no escuchar la pasión con la que hablas del fútbol, dándome clases magistrales? ¿Por qué no aceptarte con una creencia política distinta a la mía? ¿Por qué no recibir esas fotos picantes que tanto me excitan? ¿Por qué no sentir tus dedos rozándome? ¿Por qué no aceptar ver como te excitas cuando me das nalgadas? ¿Por qué no aceptar tu ambigüedad un día diciéndome que esté clara que esto no va más allá de lo que es, que tengo que aceptar cuando estés con otra tipa y otro día tratando de darme explicaciones que no te estoy pidiendo? ¿Simplemente por qué no darme la oportunidad de sentirme viva?

TAN VIVA COMO CUANDO ESTOY A TU LADO

Capítulo IV

“Tu jardín con enanitos”

“Hoy le pido a mis sueños, que te quiten la ropa, que conviertan en besos todos mis intentos de morderte la boca”.

Morder tus labios es una de las cosas más deliciosas del mundo. ¿Y qué no es delicioso contigo?

Esta canción es la que mejor resume mi historia contigo y todo lo que quisiera representar para ti. Sobre todo en que “no quiero pasar por tu vida como las modas”.

Una estrofa de esta canción dice “no se asuste señorito, nadie le ha hablado de boda”, y me dijiste que era la parte que más te gustaba. Ahí no coincidimos, es la que menos me gusta a mí.

Pero no te asustes, no lo voy a hacer, aunque si tuviera el poder de retroceder el tiempo, jugaría al “mundo al revés” o rompería paradigmas, prepararía esta misma escena y con una copa de champagne en la mano te pediría que estuvieras a mi lado el resto de mi vida…

Capítulo V

“Cuando te beso”

“Cuando te beso, todo un océano me corre por las venas, nacen flores en mi cuerpo cual jardín, y me abonas y me podas soy feliz, y sobre mi lengua se desviste un ruiseñor, y entre sus alitas nos amamos sin pudor, cuando me besas.. un premio Nobel le regalas a mi boca.

Qué mejor manera para cerrar esta primer etapa frente al teclado que de la mano del maestro Juan Luis Guerra…

Estas líneas que te he escrito podrían ser infinitas. Seguro habrá muchas cosas que se podrán ir agregando en el camino. Por los momentos resumen parte de lo que siento.

A pesar de que no te voy a pedir matrimonio si te quiero pedir que te entregues a mí como yo me entrego a ti… no evitemos vivir o sentir nada por la condición en la que estamos. Dejemos todo en manos del destino, sólo él sabrá qué pasará con nosotros…

¡TE QUIERO MI BELLO ¡


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