Revista Coaching

Canta el pájaro espino…

Por Kheldar @KheldarArainai

He estado en silencio y enajenado durante mucho tiempo, e instando a la gente a conocerme en persona, por razones que ahora quiero compartir con vosotros.

De diciembre hasta hoy ha sido un viaje increíble para mí. He tenido días donde pasaba de sentirme desbordado de alegría, al borde del llanto, absolutamente irritable y terriblemente nostálgico… Y a veces, todo esto en carrusel de bucle infinito. A intervalos cortos.

Durante los últimos meses he sentido la que para mí es la forma más dura de rechazo, y para colmo, recientemente descubrí que en realidad no me querían lejos… Sino que me necesitaban cerca. Y yo no supe sentirlo, ni ella expresarlo. Hice caso de una palabra y no de un sentimiento.

Desde octubre de 2014 hasta la fecha, he experimentado la conexión más profunda que jamás he compartido con nadie. Una de auténtica desnudez, y de las que cambian vidas. Ella sabe todo de mí, y viceversa. Hay un nivel de intimidad, de comprensión profunda, de aceptación, de pasión y de energía que va más allá de todo lo que he experimentado hasta hoy.

Por primera vez en años, estaba con alguien que me sentía en completa presencia (mía y suya), y no simplemente observado. Que sentía que mi mente y mi alma entraban tanto en el juego como mi corazón y mi sexo. Yo la ví. Sentí que ella me veía (sí, una frikiquote de Avatar).

Nuestro sexo era curativo. Era nutritivo. Era más profundo que mi propia percepción del asunto. Diferente. Todavía la siento en mi cuerpo y en mi vida, porque su esencia me ha permeado tanto como la mía parece haber penetrado en ella. Allí donde voy, ella habita en mi mirada y mis recuerdos. Y tengo arraigado el deseo de estar siempre con ella en el camino. De sentirla a mi lado.

Hemos tenido horas y horas y más horas de vulnerabilidad, de conversaciones, de risas, de estar simplemente abrazados, de tener sexo hasta sumar días sin parar casi más que para lo ineludible. Por la primera puta vez en años, estaba sintiéndome en casa entre los brazos de alguien.

Todos estos sentimientos agitados venían de intentar no acercarme a ella y darle el espacio que, me convencí a mí mismo, me estaba pidiendo y necesitaba (lo que no quita que no sea verdad, ya que hay gente a la que crían para que intente tirar del carro sola siempre).

Gracias a mis buenas amistades, aunque he tardado, he recordado que no hay tal cosa como inseguridades o mala confianza, sino pensamientos inseguros. Que los tenga no me hace a mí una persona insegura.

No sé cuántas veces he conseguido ahogar el llanto con vuestra risa, vuestra magia, o la pasión de alguien que ha sido capaz de quererme a pesar de encontrarme roto. Me doy cuenta de que estoy dejándola ir, junto con esas lágrimas que retenía. Dejándola ir fiel a mi credo y mi experiencia: no perseguir a quien se va, porque quien marcha sin ser echado vuelve sin ser llamado. Y aceptando la posibilidad de que no vuelva.

Con otra cita, lo explico mejor: “Canta el pájaro espino; mis lágrimas se precipitan en el polvo mientras su canto me endulza el corazón.”

El pájaro espino es famoso por no cantar nunca durante toda su vida, hasta que un instante antes de morir emite uno de los cantos más bellos de la naturaleza. Este dejar ir es mi canto del pájaro espino, mi momento de belleza al dejar morir las intenciones de sujetar, de perseguir… Y la declaración de mi intención de volver a aceptar su presencia cuando decida ofrecerla, de invitarla sin presiones a compartir conmigo todo lo que quiera, o nada si así lo quiere.

Cada lágrima que vierto hace más real mi capacidad para ver la belleza del mundo que habito y la simplicidad de la vida. Y para volver a ser yo mismo, a través del dolor y la confusión.

Dejadme disfrutar de la dicha humilde que me dan estos momentos, y del recuerdo alentando mis ganas de honrar todo esto siendo el que fui hasta esta confusión: un hombre aspirando a disfrutar de la vida y quien me acompaña, agradecido por lo que hay en mi camino, y por las oportunidades para crecer que encuentro.

Incluso cuando da puto asco, la vida es maravillosa. Nos pone justo aquello que necesitamos entre las manos.

Ahora voy a ocuparme de mí y de mi merecidísimo verano. Seguís estando invitados a acompañarme.

~Sergio.


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