Su estridente y vulgar sonido rompió la atmósfera de paz y armonía, que había acumulado ya hace algún tiempo. Su rostro representaba insatisfacción, hizo gestos de desdén como diciendo: «Si quieres salir, hazlo», y abrió su pequeño maletín en dirección a mi buzón.
Desafiante, «te vas a enterar de lo que es bueno cuando regrese», parecía decirme con la mirada. Colocó la correspondencia, una o dos, no recuerdo.
Hasta ese momento había estado demasiado ocupada como para tener conflictos desde una ventana, un buzón, y unas cartas marcadas.
Terminando aquel júbilo, me incliné nuevamente en mi sofá.
Tenía preparadas mis notas de costumbre, sin necesidad, sin apego y con las dudas en mi garganta haciendo nudos.
«Regresar al remitente», escribí.
Visita el perfil de @caroberlanga93
