Revista Opinión

Checoslovacos por Siberia

Publicado el 12 julio 2014 por Miguel García Vega @in_albis68

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EXTERIOR ESTEPA RUSA – DÍA. Amanece en una mañana fría de invierno. Todo está en calma. En un vagón de tren en medio de la nada dos soldados de guardia contemplan la belleza del paisaje sin para de tiritar por el frío.

Milan: ¿Qué coño hacemos aquí Pavel?

Pavel: Joder Milan, no me digas que a estas alturas todavía no lo sabes.

Milan: No, si lo sabía, pero ya no me acuerdo. No se si por el frío o por el hambre.

Pavel: La verdad es que yo tampoco me acuerdo. Solo quiero volver a casa de una puta vez.

De todas las historias fascinantes de la Primera Guerra Mundial creo que la de la Legión Checoslovaca en una de las mejores, digna de un guión del Hollywood anterior a la era de los superhéroes.  Trata de un ejército errante de un país que en ese momento todavía no existía y que ya desapareció metido en una guerra civil que no era la suya. A ver si acierto a contarla, así por encima.

Ruta de la legión checa

Ruta de la legión checa

En 1914 Checoslovaquia forma parte del Imperio Austrohúngaro, que junto a Alemania  e Italia formarían la Triple Alianza, en guerra contra Rusia, Francia e Inglaterra (y posteriormente Estados Unidos) que integraban la Entente Cordiale pero a los que, para entendernos, llamaremos los aliados. La cosa es bastante enrevesada como para explicarla en pocas palabras, así que consulten aquí o donde mejor les plazca. Yo tengo una historia de checos que contar.

En esos momentos existe un activo nacionalismo checo y eslovaco que reclama el dret a decidir, que en checo significa independencia, y que ve lo que los cursis de ahora llaman una ventana de oportunidad. Piensan que si luchan a favor de los aliados contra Viena podrán tener su propio país. Así que checoslovacos exiliados (en su mayoría en zonas rusas de la actual Ucrania) forman pequeñas unidades para luchar en favor del zar. Lo que significaba también luchar contra sus propios compatriotas, enrolados en el ejército austríaco.

Tomas Marsarik, primer presidente de Checoslovaquia

Tomas Marsarik, primer presidente de Checoslovaquia

El 14 de agosto de 1914 se forma en Kiev la primera unidad, apenas 700 hombres. Pero a medida que avanza la guerra su número va creciendo: por un lado no faltan voluntarios desde el lado ruso, por otro se van sumando otros desde el lado austríaco, entre desertores y prisioneros de los aliados. No se me escapa la paradoja prisionero-voluntario, pero no quiero desviarme del tema. Tras varias reorganizaciones, en mayo de 1917 se unifica a todos los checos en una sola unidad al mando de Tomas Masaryk, reputado líder nacionalista que posteriormente será el fundador de Checoslovaquia. La Legión Checoslovaca (el nombre es posterior a la guerra) llegará a contar con 60.000 efectivos, que no dejarán de estar confundidos en una peripecia que sería cómica si no hubiera muertos de verdad.

Todo el poder a los soviets

Aquellos soldados checoslovacos que salieron de su casa por obligación, patriotismo, necesidad o afán de aventura se van a ver zarandeados por una Historia que se mueve a base de acelerones. En primer lugar les cambian al jefe, cae el zar Nicolás II  y se instaura en Rusia una república con un gobierno provisional. De momento eso no cambia sustancialmente su cometido, pero en eso llegó Lenin y mandó parar. La Revolución Rusa lleva a los bolcheviques al poder con un primer punto en su programa: poner fin a la guerra. Se firma el Tratado de Brest-Litovsk, la paz con Alemania y Austria. Los checos quieren continuar la guerra porque su objetivo sigue en pie y los aliados están interesados  en un cuerpo de unos 40.000 hombres armados. La intención es trasladarlos a Francia para que continúen luchando. Pero ahora los checos están rodeados de enemigos, a los que ya tenían –Alemania y Austria– pronto se sumarán los bolcheviques.

El Transiberiano

La situación en Rusia es un caos. Un país enorme y mal comunicado en una guerra civil entre el Ejército Rojo bolchevique y el Ejército Blanco zarista. Estos últimos con apoyos de las potencias occidentales, interesadas en que Rusia volviera a la guerra y en aplastar una revolución socialista que podría ser un mal ejemplo.  En medio los checos, que no saben hacia donde tirar para salir de allí. Al final, por cuestiones logísticas, solo queda el camino largo: hacia Vladivostok en el Transiberiano, rumbo a los Estados Unidos, quienes les ayudarían a regresar a Europa. Dar la vuelta al mundo para volver a luchar casi en el mismo sitio.

tren armado
El camino no solo fue largo en kilómetros, también en semanas. Los checos no se fiaban y se resistían a desarmarse, tal como les exigían los bolcheviques. Uno de los motivos eran los más de 400.000 prisioneros alemanes y austriacos que estaban siendo devueltos a sus países, enemigos declarados de la legión. Ambos bandos iban a compartir la misma línea de tren en direcciones opuestas. Y en la estación de Chelyabinsk pasó lo que tenía que pasar, el 14 de mayo de 1918 se cruzaron dos trenes y aquello fue como un derbi de máximo riesgo: insultos, lanzamiento de objetos, heridos y algunos muertos. Trotski, jefe del Ejército Rojo, decide el obligado desarme de la legión, estos se niegan y empieza la guerra entre ambos.

De esta manera la Legión Checoslovaca pasa a ser aliada del Ejército Blanco de Kolchak y, ocasionalmente, de los cosacos de Semiónov, aunque estos últimos iban muy a la suya. Con los bolcheviques muy desorganizados, los checos logran controlar el Transiberiano (que se dice pronto) y el puerto de Vladivostok. Al poco tiempo aparece en la ciudad siberiana un contingente de soldados estadounidenses para completar el sainete. Vienen a salvarles. El problema es que lo único que los checos, que controlaban la ciudad sin problemas, necesitan de los yanquis son barcos para volver a Europa y los barcos no aparecen por ninguna parte.

Tropas checoslovacas en Vladivostok

Tropas checoslovacas en Vladivostok

En todo este tiempo los legionarios se han acomodado a la situación, formando en medio de una estepas sin  ley una espacie de país rodante. Han acondicionado el tren para llevar una vida rutinaria, entre trifulca y trifulca con los bolcheviques. Y se han organizado para su principal fin, volver a Europa a luchar por su patria. En sus operaciones militares consiguen armas y todo tipo de bienes con los que comercian. Cuentan con un departamento financiero que dispone de dinero en diferentes divisas y de oro, lo que les sirve para hacer negocios a gran escala con rusos, chinos, japoneses y otras nacionalidades. Por aquel tiempo en las estepas rusas hay un trasiego de nacionalidades asombroso y los legionarios muestran un carácter emprendedor admirable.

Checoslovaquia y fin de la guerra

El 28 de octubre de 1918 se cumple por fin el sueño, nace la república de Checoslovaquia. Mientras en Praga lo celebran, los legionarios checos siguen perdidos en la confortable Siberia en una guerra civil que ni les iba ni les venía. Por si esto fuera poco, el 11 de noviembre se pone fin a la Primera Guerra Mundial.

El fin de la guerra y la independencia les vuelve a cambiar el paso a la legión checoslovaca, que ya debían estar acostumbrándose. Ahora a Occidente solo le interesan como fuerza de choque contra los bolcheviques, cosa que a ellos se la trae más bien floja. Además, son conscientes de que el ejército rojo se ha hecho más fuerte y tiene las de ganar. Ya esta bien de fiesta. Aquellos hombres, que llevan meses viviendo en trenes en medio de la nada, solo quieren volver a un país recién estrenado. Y negocian con Trotski para que les deje salir de Rusia.

tren checos

El oro de Moscú

Los checos tienen con qué negociar. Por un lado entregan al general Kolchack, el líder zarista autoproclamado “Gobernante Supremo” de Rusia. Por otro, en el trajín de la guerra los legionarios se han hecho con el control de 8 vagones de oro de la Reserva Imperial en Kazán. La devolución de ese oro a las autoridades soviéticas supone la compra de su salvoconducto para volver a casa. Hay versiones que dicen que de los ocho solo se devolvieron 7 y que el tesoro del vagón restante se lo llevaron a Checoslovaquia y sirvió para fundar el Banco de la Legión, con sede en Praga, aunque otras aseguran que ese vagón perdido es un mito.

Lo que sí es cierto es que unos 55.000 soldados y más de 10.000 civiles (entre ellos mujeres rusas) que formaban la Legión Checoslovaca fueron repatriados en trenes y barcos hacia su nueva patria (murieron en Rusia unos 4.000) y que muchos de esos legionarios fueron los fundadores del nuevo ejército de Checoslovaquia.  El 2 de septiembre de 1920 partió de Vladivostok el último de los barcos con legionarios checoslovacos a bordo, dejando atrás una aventura fascinante.

Konec


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