Para mí ha sido como masticar las tetas de mi madre, una experiencia horrible. Estos malditos chicles te dejan llorando en una esquina, sacan lo peor de uno mismo”, confesaba un periodista después de probar uno de los chicles y escupirlo luego entre gemidos.
Pese a que la Organización de Consumidores y Usuarios ha advertido de los múltiples perjuicios que estos chicles pueden acarrear, especialmente entre consumidores psicológicamente inestables, el fabricante defiende su capacidad de “exorcizar los demonios que llevamos dentro en una sociedad reprimida que da la espalda a los desastres”.
