Esto del maestro Espada el otro día en el Jornal:
Sobre los periodistas, esto de Helen Andrews: Si los periodistas no son individualistas puntillosos a quienes no les importa enemistarse con la gente, ¿de qué sirven? Si una empresa pierde su espíritu aventurero y se convierte en una burocracia feminizada e introspectiva, ¿no acabará estancándose?».
Sobre el proceso de civilización: El proceso de la civilización, un concepto acuñado por Norbert Elias (1939), ha actuado sobre estas características de modo crucial. Ha convertido la violencia en deporte, la dominación en mérito y la rivalidad en emulación. La civilización es, sobre todo, la domesticación, por métodos diversos —y quizá el Estado sea el primero—, de la agresividad masculina. Obra, fundamentalmente, de los hombres: igual que hicieron la guerra, firmaron la paz.
Sobre la disidencia: La metáfora de un mundo decidido por mujeres. Cualquier conversación intelectual ha desaparecido. La vida ya solo es un agobiante experimento de las emociones. Y toda disidencia, una crueldad.
Una tal Juliana Canet: La Juliana tiene 26 años. Es todo el problema. No sabe quién fue Heinrich Himmler ni cómo lo recibieron en Montserrat en 1940. Ni tampoco el gozo del abad Escarré no t'escarrasis (qdmp) al recibir a Franco bajo palio, veinte años después. Montserrat es como el Camp Nou cuando lo llamaban Nou Camp. Sinécdoques de la farsa catalana. Pero ya aprenderá la Juliana. El problema no es su ignorancia pagada y petulante. El problema es la amplificación de su ignorancia. En el pasado, las chorradas se quedaban —gratuitamente— en las asambleas o en los bares. Hoy están en la radio pública y hasta en Vox Populi. Los efectos, reales o presuntos, de la gran feminización se quedan cortos ante La Gran Juvenilización. La participación de los críos en la formación de la opinión no solo refuerza la sentimentalización del espacio público. Refuerza el error y el bulo.
