Leo en muy poco tiempo, pero con una felicidad casi infantil, de tan alegre y juguetona, los poemas que Marina Colasanti recopila en su volumen Clasificados y no tanto y que, gracias a la traducción de Carlos Gumpert y con ilustraciones de Sean Mackaoui, publica El jinete azul (2011). Se trata de composiciones breves, volátiles, que en ocasiones rozan la estructura del haiku (“Cual golondrina, / descansa sobre el cable / el equilibrista”) y que en otras plantean simpáticos versos que invitan a la reflexión (“En la memoria de un pez / se graba solo un segundo. / Pero ¿cuánto vale el tiempo / en su mundo?”); observaciones dulces, que suscribirán muchos perrófilos (“Mi cachorro / resulta que es feliz: / lee la vida con la nariz”); paronomasias que se conservan o se crean en la traducción (“Paloma ofrece / servicio certero / de cartero”); e incluso textos que se acercan a la sociología (“Pensamiento rechazado / solicita / ser adoptado”) o la metafísica (“Busco / hermoso grafiti / sin muro”).
La curiosa naturaleza híbrida de las composiciones (fáciles en su forma, densas en su significado) permite que puedan ser leídas por adultos y también por niños. O por adultos que quieran compartirlas con niños. Ensayen ustedes las variantes. Me lo agradecerán.
