Revista América Latina

Alazos Ed. 008

Por Gaviota
¡Adelante, niñas!
Debo reconocer que después de haber podido disfrutar del Mundial de Fútbol de Sudáfrica, de observar a un nuevo campeón entrar en el cuadro de honor, resultó sumamente desalentador y desolador, volver a la realidad del fútbol profesional colombiano.Por ejemplo, veamos lo siguiente:
En los diarios colombianos, se dice que Santa Fe es uno de los equipos con mejor nómina para este torneo.Sin embargo, cuando hemos de preguntarnos cuál fue la contratación estelar para reforzar el equipo, nos encontramos con que fue “Palmira” Salazar, un jugador que ha pasado por 12 (según escuché) equipos del fútbol profesional colombiano.No entiendo por qué tanto alboroto por su contratación.En realidad no tengo nada contra “Palmira” Salazar.Su ejemplo simplemente lo utilizo para ejemplificar que el nivel del fútbol profesional colombiano sin duda está lejos de lo que cualquiera pudiera esperar.
Sin embargo, me parece injusto mencionar que el fútbol colombiano (en términos generales) está agonizando.Basta repasar la gran campaña que están adelantando las mujeres que actualmente disputan el mundial Sub-20.¡Qué bien que están jugando estas niñas!Ayer triunfaron con un 2-0 contundente ante el seleccionado de Suecia.Esto ha llevado a las niñas a que lleguen a la fase semifinal, que es lo más lejos que ha llegado un grupo de esta categoría, a nivel mundial.
Para ellas, mi inmenso respeto, que hago extensivo a su técnico.Ese es el espíritu que quisiera que tuvieran los hombres en la selección mayores.Pero por ningún motivo dejaré que se empañe su gran participación, por la pobreza de los hombres a nivel local y a nivel internacional.
‘Pico’ para las pequeñas gigantes.
¡En contra de los sanguinarios!
Hoy, leyendo las columnas de opinión en El Espectador y en El Tiempo, me encuentro con un par de columnas que no solo no puedo compartir, sino que resultan argumentativamente muy pobres.Me refiero a la nota final de la columna de María Isabel Rueda titulada “Chávez y Maradona rompen relaciones” en la que señala lo siguiente:
SE ME OLVIDA. Si la Corte Constitucional piensa prohibir las corridas de toros, un réquiem por los toros de lidia: quedarán condenados en Colombia a ser una especie en extinción, pues su crianza será económicamente inviable.

Ante este comentario, solo me restaría decirle a la columnista que es preferible, cualquier día del mundo, que se extingan por falta de rentabilidad, a que sobrevivan a partir de asesinatos sistemáticos de sus ejemplares para el morboso y retorcido goce de otra especie que disfruta eliminando cualquier cosa que respire.
En segundo lugar, leo en El Espectador la columna de Alfredo Molano titulada “Minorías culturales”, que sale con comentarios como el que sigue:
(…)Nadie pretende que todo ciudadano vaya a las corridas ni que todos las entiendan. Pero hay una tradición de profundas raíces culturales que debe ser respetada como debe respetarse a una minoría o a la mayoría. Prohibirlas es un acto de intolerancia cultural totalitaria; equivale a perseguir a una escuela, a una cofradía, a un grupo; a homogenizar los gustos, las interpretaciones de la vida, las sensaciones. Proscribir las corridas de toros, los gallos, el coleo son actos despóticos que atentan contra lo que la Constitución llama “el libre desarrollo de la personalidad”, que podría ser tan brutal y arbitrario como perseguir a los homosexuales y lesbianas, los ateos o los judíos. (…)

Estoy seguro que le asiste razón a Molano en que no todos entendemos lo de las corridas de toros.Es verdad que a algunos nos queda difícil entender cómo un ‘circo’ de beodos asistan a ver cómo se mata progresiva y dolorosamente a un animal que lo único que les ha hecho a ellos es nacer.Perdón, nacer, y ser grande y bravo.Tal vez debería ser política mundial eliminar a los que nacen grandes y bravos, para que todos veamos lo artístico y culturalmente aceptado que podría ser.
Quizás, de pronto, será por el hecho de que el toro no puede ganar.A lo sumo, empata.Tal vez será porque nunca disfrutamos de la manera como la Iglesia persiguió mujeres para empalarlas y quemarlas, o quizás porque cuando los leones se comían a los cristianos en los circos, no todos podríamos disfrutar de tanta adrenalina.De pronto, y sólo de pronto, es porque creemos algunos que la cultura de matar no es cultura sino incultura, soberbia y prepotencia.
Me gusta, eso sí, de que manera puede llegar el punto de vista a utilizarse de manera satírica y descachada, para justificar un espectáculo abominable, intentando ‘voltear’ los argumentos en contra de las corridas, para utilizarlas a favor.Cuando a las mayorías les gustaban las corridas, se decía que había que respetar el querer general.Ahora, que son minoría, es porque se debe respetar a las minorías.No dejar de manera despótica que persigan de manera despótica a los toros, es como perseguir a homosexuales o a lesbianas.Ahora resulta que el libre desarrollo de la personalidad está por encima del respeto a la dignidad humana, al bien general, y a los derechos de los animales.¡Seguro que sí!
A punto de amenazas fútiles y opiniones en defensa del libre albedrío, buscan justificar el sufrimiento ajeno.Muy propio de nuestra especie, egoísta y subjetiva.
Comentario aparte
He tenido la oportunidad de asistir a la feria de las colonias.Muy buena.Se ven cosas muy interesantes.Sin embargo, ¿no sería posible que los grupos de 15 personas caminen de forma tal que no formen una escuadra horizontal e impidan el paso del resto de la humanidad?Bastante desconsiderado el asunto.

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